La muchacha del trapecio rojo (1955)

Palpable espíritu teatral, tonalidad ágil y luminosa

Florence Evelyn Nesbit fue una joven corista famosa en la historia negra del Nueva York de principios del siglo XX por su tumultuosa implicación en el asesinato de Stanford White, prestigioso arquitecto al que no parecía importarle tanto la diferencia de edad entre ambos (treinta y un años) como la escala social que los distanciaba, aunque finalmente sería algo que finiquitaría la relación. 

Harry Kendal Thaw, el inestable y presuntamente novio maltratador de Evelyn, que a la postre se convertiría en su marido, ejecutaría tiempo después a White en un ataque de ira en pleno Madison Square Garden. Esta prototípica historia de celos y traiciones da pie al infatigable Richard Fleischer para eludir en La muchacha del trapecio rojo la predisposición inicial hacia el biopic, para adentrarse en el melodrama, acentuando el triángulo amoroso de la historia original incluso hasta la tragicomedia. 

El trasfondo de trama negra ignora la sobreexposición de la violencia que podría sugerir su material de origen, porque Fleischer prefiere una puesta de escena colorista y cinematográficamente muy meticulosa, con excelente uso del scope y un rico tratamiento de la profundidad de campo, que aporta a la película un palpable espíritu teatral. 


el destino y la influencia social de sus personajes


La muchacha del trapecio rojo habla de un capítulo bastante recordado en la historia de la Norteamérica negra, pero Fleischer introduce elementos como el melodrama sobredimensionado (en especial, en el romance entre White y Evelyn, con el que arranca la función), la artificiosidad escénica de la música y una tonalidad ágil y luminosa, que confrontarán con la posterior y elemental tensión triángulo amoroso. Sería injusto obviar la gran labor de Walter Reisch y Charles Brackett en la elaboración de un guion cuyos diálogos reflejan un tono radiante, abruptamente interrumpido con la vuelta de tuerca que la película se guarda para el final. Un precepto de clímax que desemboca en un golpe fatalista, que podría sorprender a aquel que no conozca el material de partida, pero que Fleischer encaja con el resto del discurso con la clara intención de doblegar el destino y la influencia social de sus personajes. 

En un filme de estas características es obligatorio destacar el trabajo de los actores, potenciado por un Ray Milland que dramatiza a White con rico trasfondo, desazonado por un amor que cree imposible; una joven Joan Collins interpreta de forma contenida a Evelyn y dosifica su necesaria relevancia en la trama, en un papel que inicialmente parecía estar escrito para Marilyn Monroe. Farley Granger, en la piel de un Joan Collins y Ray Milland.

Harry Kendall al que hace expulsar su perturbador carácter de una manera tan intimista como trastornada, desempeña su papel de villano adaptándose en todo momento al tono del filme. Aunque quizá no sea una de las películas más recordadas de Fleischer, destaca su talante clasicista y una incuestionable puesta en escena. En todo momento elude la sordidez con que un argumento de estas características hubiera siso tratado por cinematografías más recientes.

Resulta una curiosidad ver cómo aborda el drama social de la población negra norteamericana, con un tratamiento del crimen encorsetado probablemente por las exigencias del estudio, que evita plantear profundos conflictos morales. Sin embargo, en su tercio final apunta ciertos atrevidos detalles irónicos y a día de hoy sigue siendo un título a redescubrir, con carácter y un peculiar estilo de contar. 

Dani Rodríguez


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Tit. Orig: The Girl in the Red Velvet Swing. Año: 1955. País: Estados Unidos. Director: Richard Fleischer. Guión: Charles Brackett, Walter Reisch. Música: Leigh Harline. Fotografía: Milton Krasner. Intérpretes: Ray Milland,  Farley Granger,  Joan Collins,  Glenda Farrell

El crimen no necesita de mayor justificación. Simplemente nos fascina e hipnotiza, nos atrapa, nos obliga a seguir mirando… 

El equipo PRÓTESIS te trae el comentario crítico de las mejores películas célebres y sangrientas. Este ensayo colectivo ha sido realizado por el equipo para el monográfico Crímenes Célebres, editado por Reino de Cordelia en 2018

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