¿Revisión o autocombustión?

Sin duda todo sería más fácil para las nuevas generaciones
 si no existiesen el pasado y la inmortalidad…

Abdul Allhared Jr. 


Desde el lugar de túneles donde se abren a la nada los grandes espacios ultraterrestres he leído con ganas y con interés la antología Combustible Lovecraft subtitulada, no se si convenientemente por los antólogos y/o el editor, Revisionismo lovecraftiano para las masas. La edición de Orciny es impecable en todos los sentidos, tanto por la ilustración de portada como por la ausencia de erratas; la excelente calidad del papel y la maquetación hacen agradable su lectura. En cuanto a los contenidos, como casi todo lo que se publica desde hace décadas en una supuesta frecuencia “lovecraftiana” está desafortunadamente, con alguna excepción, a la altura de otras prolongaciones artificiales y forzadas del universo del Maestro de Providence. 

Razón tiene Calasso cuando señala a los dioses como "huéspedes huidizos de la literatura.” Vuelo rasante en alguna y contada ocasión y bullir de lombrices en la mayor parte de los casos. Pero esto ocurre con gran parte de las aportaciones al género terrorífico actual, tanto aquí como allá. Y si hablamos de la Ciencia-Ficción, más de lo mismo o peor. Vivimos muy lejos pues de la Edad de Oro del Género e incluso el hierro ha ido deviniendo latón. La endogamia en literatura no es buena; cada vez hay menos lectores y más escritores y muy pocos (de los unos y de los otros) son “buenos”. 

Por mucho que uno quiera hacerse el ingenioso y reivindicar un “Lovecraft sin Lovecraft”. ¡Háganlo, mis cuates, si lo consideran factible, pero que sea legible! Stoker en su Madriguera del gusano… tocó las mismas teclas que la ficción de Lovecraft antes que este escribiera nada significativo en esta dirección. 


Sobre esta cuestión entrópica que afecta lo lovecraftiano y en algún punto de la sintonía con los Grandes Antiguos escribí hace menos de un año penetrado por las sombras, estupefacto y vestido de marinero, un breve texto denominado: Lovecraftismos cuya lectura pedantemente recomiendo; ahí y de manera muy poco elaborada incidía en la necesidad para el lector de distinguir lo lovecraftiano de otras y perniciosas cosas… Lo que separa la mera copia del simulacro, a la tortilla de patata hecha con huevo a la perpetrada con huevina. Hoy veneramos a un autor de segunda fila como Ligotti porque el contraste con la turba de ineptos procedentes de los Talleres, engordados con el pienso de lo Políticamente Correcto que anega el mundillo literario de género anglosajón (y veo que surgen de sus toperas también acá torpes imitadores de esta forma de sectarismo), le vuelve centelleante a pesar de la monotonía barbitúrica de la mayor parte de su producción. 

Vaya por delante señalar que la repugnancia que en mí provocaron bastantes cuentos escritos en clave supuestamente “cthulhiana”, como la provocan las manos de cuatro dedos o esos peculiares rasgos irregulares en el caminar o en el rostro entrevistos en algunos de los viajeros del Metro, esos relatos plenos de tentáculos leídos en alguna entrega que otra de La Factoría de Ideas o en la antología de S. T. Joshi, Alas tenebrosas, la he sentido algo atenuada (tampoco demasiado) con la lectura de Combustible. La mayor brevedad de la recopilación, el tiempo que no sólo lleva a la muerte sino que nos aclimata a ella unos años antes, la ausencia de influencia de los detestables y normalizadores Talleres Literarios, la benevolencia hacia los jóvenes que forma parte de mi carácter etc. sin duda han influido. También es cierto que en Alas tenebrosas se pueden salvar tres o cuatro relatos con una calidad sin duda superior a lo mejor de Combustible pero la toxicidad de la mayoría, que en este caso citado era casi las cuatro quintas partes, resultó aplastante para mí tras su cansina lectura. 

Lovecraft y su herencia existieron antes de Joshi que ha hecho una aportación más que notable y persistirán, como si nada hubiera pasado, tras el deleznable “auto de fe” realizado por China Mieville y la no muy sutil Okorafor. La vocación de “social warrior” a la española del prologuista la considero risible; como diría Spock ante alguna conducta extrema exótica percibida en algún lejano asteroide: "fascinante, capitán Kirk". Sin los Mayores y los Mejores no hay nada que hacer en el mundo de la escritura. Si no conoces tu pasado obviamente no podrás corregir sus defectos y si no imitas, al menos en tus comienzos, la excelencia de los antiguos jamás podrás superarles. Si eres comunista o feminista no entenderás nada de esto que he dicho y seguirás revolcándote, como un puerco o una cerda, en los dogmas y lugares comunes de tu piara. No soy tu hermana y no te creo. 

La obra de Lovecraft no fue popular en su tiempo aunque, paradójicamente, fuese publicada parte de ella en publicaciones de circulación masiva; tampoco su autor se la tomó muy en serio jamás como literatura, aunque sí como juego; como se había tomado en serio los sueños que la inspiraron. Sobre esta cuestión de los sueños en Lovecraft recomiendo la lectura del trabajo de Alberto Ávila, que pronto verá la luz en la publicación Herejía y Belleza, Luz negra. Lovecraft como iluminado

Pero Lovecraft era un caballero no sólo en su imaginación, por ello es intempestivo y en gran medida incomprensible para quienes siguen el modo de vida de la plebe. De ahí su agudo y para muchos anacrónico sentimiento de casta (para el comunista esto es intolerable, claro) que no quedó empañado lo más mínimo por vivir en la pobreza la mayor parte de su vida. Fueron sus amigos escritores, sus lectores fieles y los aficionados coetáneos quienes acabaron dando aura numinosa a determinados procedimientos ficcionales y a muy peculiares conceptos, alegorías y tramas. Como siempre se hace cuando hay amor e interés. 

Como sin duda intuyo está elaborada la narración Cero Zen/TRAPEZOEDRO de Francisco Jota Pérez donde se nos narra, en clave borrosa, la tragedia de un artista de nuestro tiempo que hibrida la música electrónica con la teología-ficción. Amplias resonancias lovecraftianas, con aroma a Robert W. Chambers, en el contexto de una escritura carcomida por la exposición de la memoria a lo indescriptible y al proceloso trocado posmoderno de los arquetipos básicos. 

Creo que lo más acertado que se puede decir sobre el enfoque que domina la mayor parte de las narraciones incluidas en Combustible está expuesto alegórica y sospecho también que involuntariamente, en la última consignada en el índice: Podéis ir en paz de Weldon Pelderton. En ella se narra como la recepción de un grimorio caído en manos de unos niños de la España profunda, procedente de un superviviente de la División Azul regresado de un largo cautiverio en Rusia, trastorna por así decirlo la vida asaz prosaica de los lugareños del remoto enclave. Aprovecho la ocasión para recordar a los lectores la notable y poco conocida y muy recomendable novela, también de corte lovecraftiano, publicada por Francisco Arellano en su Biblioteca del Laberinto: El espanto de Arganza; escrita por el desconocido, oculto también tras un seudónimo como el nativo de Lobera de Izfalada, Hugo Magenis. En Podéis ir en paz nos encontramos con una bizarra y eficaz combinación, al menos así me lo han sugerido mis lecturas, entre un universo similar al creado en 1961 por Nené Estivill para Tío Vivo (Agamenón) y los esotéricos conocimientos y prácticas de la Orden creada por Kenneth Grant: la T.O.T.O. La O.T.O. tifoniana que se toma completamente en serio desde un punto de vista mágico y esotérico los conceptos lovecraftianos y cuyo origen casualmente es de 1962. La cantidad de cosas interesantes que se hicieron antes del 68… Fecha de convocatoria de marionetas adolescentes “urbi et orbi” por las momias de la Oligarquía real, invisible y desencarnada, que encauzan los destinos de la seudo humanidad actual hace seis mil años desde un asteroide de órbita excéntrica, imperceptible a los más poderosos sistemas de detección y radar. Obviamente, Totó, no estamos ya en Kansas aunque en este simpático relato en cierto modo volvamos allí. Aquí está en gran medida metafóricamente expuesto el meollo del enfoque de la mayor parte de las colaboraciones: niños o adolescentes (los autores) que reciben un legado peligroso (lo lovecraftiano) en un entorno desconsideradamente hostil (nuestro mundo literario y cultural, uncido al carromato de lo PC y al crepúsculo de la literatura) y sus poco amables vicisitudes (logros y apreciación, fandom etc.) 

No todas las aportaciones pueden ser consideradas conectadas con Lovecraft salvo haciendo extrañas contorsiones; lo cual al prologuista seguidor de la lengua del oil mas que la del oc esto le traiga al pairo; ¿pero debe esto ser suficiente para que tampoco le importe al potencial lector? Demasiado Negarestani para el body es malísimo para la salud mental. Os remito a un par de artículos sobre esta cuestión como buen abuelo Cebolleta que soy: 

¿Basta acaso con que aparezca la palabra Nyarlathotep para convertir algo en “lovecraftiano” a efectos de la antología?; esto en concreto seria más bien una forma primitiva de lovecraftismo. ¿Basta con meter a Cthulhu, o esa ciudad perdida y sumergida casi impronunciable, en una trama más o menos desopilada de película norteamericana de serie B de estudiantes y fraternidades ? Todo esto carecería de trascendencia si los relatos fueran “buenos” relatos pero mejor que juzgue el lector tras su lectura. 

Una historia bien construida y desarrollada, procedente de este bloque de textos, nada o escasísimamente lovecraftianos, es una narración de Ciencia-Ficción de corte clásico, de esas que imaginan sacerdocios que custodian conocimientos científicos olvidados en un mundo pos catástrofe en un entorno de superstición; me refiero a la muy eficaz ficción de Santi Pagés que no pienso destriparos. Pero nada, o muy tangencialmente conectada con Lovecraft, salvo que abramos tanto el abanico que nos lo carguemos. Ya se que lo importante es epatar a Joshi y no parecerse a Lumley. Pero ellos no van a leer esto y nosotros sí. Y desde luego no voy a pasar por el aro de la detestable Donna Haraway, brother; prefiero leer, como también lo haría LaVey, al inolvidable August Derleth. 

La primera narración del libro, obra del Colectivo Juan de Madre y certeramente titulada Tras el horror, constituye una aportación incisiva dotada con inteligente material gráfico que consigue evocar el tan traído y llevado “horror cósmico” lo cual es poco frecuente; transmitiendo una gama de sensaciones que sólo he visto bien insinuadas, aunque luego pésimamente desarrolladas, en la primera media hora de la película YellowBrickRoad. (2010; Jesse Holland & Andy Milton) También da su lectura una medida alegórica del espíritu latente en estas novísimas aportaciones contemporáneas donde los protagonistas, al contrario que en el universo lovecraftiano clásico, ya no son eruditos sino gente más joven y mundana con actitudes compartidas por los supuestos lectores. Muchos de los cuales han iniciado su contacto con HPL vía juego de rol o videojuego. En el caso de la literatura de género en España de un tiempo a esta aparte habría que añadir que muchos de los lectores, demasiados, son también escritores y sé que me estoy repitiendo; estirpe de la cripta marcada por una disgénica endogamia. Esperemos que a esto no se añada el virus “podemita”. 

Pero vamos a detener por un tiempo la exposición de los contenidos para hablar de esa cuestión que, da la impresión, ha sido descubierta por diversos y geniales pipiolos del siglo XXI y que la pobre gente del siglo XX, sumida en la ignorancia insuflada por el patriarcado y el capitalismo, no habíamos advertido ni dado el peso que tiene por nuestra insuficiente y rudimentaria sensibilidad; me refiero al racismo de Lovecraft. No hablaría de esta cuestión si no se hubiesen vertido en el prologo a la antología determinadas ausencias y recurrencias propagandísticas de corte claramente distorsionado. Primero de todo voy a adjuntar el texto del poema de Lovecraft, escrito en 1912, de mínima difusión, que ha generado la tormenta en un vaso de té auspiciada por una escritora, nigeriana. 



When, long ago, the gods created Earth
In Jove's fair image Man was shaped at birth.
The beasts for lesser parts were next designed;
Yet were they too remote from humankind.
To fill the gap, and join the rest to Man,
Th'Olympian host conceiv'd a clever plan.
A beast they wrought, in semi-human figure,
Filled it with vice, and called the thing a Nigger. 



Tras él adjunto texto de 1965 obra de un líder negro o afroamericano, como queráis llamarlo, multitudinariamente conocido y compartido por millones de fanáticos también en Estados Unidos. Para ir situando la cuestión en su adecuado marco: la realidad. 


El Hombre Blanco es el Hombre Primordial. De él vienen los demás: el negro, el amarillo el rojo… Utilizando un método de control selectivo y de crianza el Hombre Blanco fue capaz de crear al hombre negro. Este método fue elaborado por un científico, obviamente blanco, llamado Yakub, que tuvo la visión de crear y enseñar a una nación compuesta por gente diametralmente opuesta al Hombre Primordial. Esta raza acabaría sustituyendo a los blancos. Gobernándoles durante un período de seis mil años. Yakub prometió a sus seguidores que les mostraría una colección de trucos y engaños para gobernar: dividiendo y conquistando a la buena gente blanca, poniendo al hermano contra el hermano. Y actuando a la vez como mediadores entre ellos. 



Esta colección de imbecilidades escritas por Elijah Muhammad en 1965 y en las que hay que operar el cambio del término "blanco" por "negro", todas las veces que aparece en el texto, forma parte de las creencias de la Nación del Islam. 38 años tras la muerte de Lovecraft esto hace palidecer con mucho el "famoso" poema escrito en 1912 que ocasionó la indignación de la citada Okorafor en 2011 cuando recibió el famoso y abominable trofeo; su refinada sensibilidad, ofendida por la espeluznante estatuilla, la impelió a poner en marcha una campaña para sustituir el Premio de la Convención Mundial de Fantasía que estaba objetivado en una cabeza de Lovecraft basada en el diseño del caricaturista Gahan Wilson. Lo más probable, dada la ética pública que reinaba entonces durante la segunda etapa de Obama, es que aprovechase la ocasión para autopromocionarse. Pero ahora viene lo mejor y no citado en el prólogo. 

Donald Wandrei en 1984, 27 años antes, había rechazado el mismo trofeo por considerarlo una caricatura peyorativa de quien fuera un muy buen amigo. Para la muy roma nigeriana el trofeo, que mostraba a Lovecraft con ojos saltones de “profundo”, constituía fundamentalmente un homenaje totémico. La demencia sectaria de la turba izquierdista se subió a las paredes, como hacen las ratas acorraladas y aterrorizadas, y quería sustituir a Lovecraft por Octavia Butler; en esa linea fetichista propia de los más rudimentarios salvajes que comparten gran parte de los activistas radicales con las más residuales y degeneradas poblaciones que malviven aisladas en remotas junglas olvidadas. Afortunadamente se ha impuesto la sensatez y el nuevo trofeo es un disco solar unido a un árbol. 

Soy un decidido partidario no obstante de fabricar un trofeo de plomo especial con la imagen de Octavia Butler en tamaño natural y dejarlo caer desde una altura de un metro sobre la ínclita y justamente motivada nigeriana. 

¿Acaso queridos pipiolos creéis que Rafael Llopis, Juan Antonio Molina Foix, Jorge Luís Borges, Juan Perucho, Francisco Arellano, Fernando Savater, Jesús Palacios Trigo, Alberto Ávila, David Hernández de la Fuente y vuestro, nada adscrito a la mendaz ideología izquierdista, Frank G. Rubio, no sabíamos que Lovecraft tenia actitudes racistas? 

Pero le dábamos, o damos, el peso que teníamos que darle (cada uno el suyo) no el que muchos de vosotros querríais le fuera otorgado con cicatera, ignara e inquisitorial actitud. Todos los citados anteriormente y muchos más somos, según determinado lenguaje de madera, “varones blancos” y con eso creéis que habéis dicho algo significativo. Porque por mucho que os moleste: matar, violar, robar, mentir, no respetar la palabra dada y carecer de buenos modales o sentido estético son cosas mucho más graves que ese supuesto racismo que tanto os aterroriza. Como señala Thomas Sowell, economista norteamericano de color, afroamericano o negro: The word 'racism' is like ketchup. It can be put on practically anything - and demanding evidence makes you a 'racist. Pero si uno es un inquisidor izquierdista cree que con esta calificación basta para arrumbar a Lovecraft y su obra al desván. 

Dejo claro pues que hemos de cortar de raíz el que, aquí y ahora, algunos crean que basta con acusar a alguien de “racista” o de “machista” para sellar el destino de una discusión; al menos entre personas civilizadas y cultas tenemos que llegar a todo lo contrario. Los que usan estos términos en la mayoría de los casos deben ser empaquetados a base de silencio e indiferencia en dirección al contenedor de basura más próximo, si está repleto de pescado putrefacto mejor, para que se relaman allí en un entorno “tiamático” estricto las cicatrices de imaginarias y eunucas microagresiones. La división no es entre una izquierda y una derecha lovecraftianas sino entre imbéciles y personas cabales que gestionan desde el pluralismo, mejor o peor, un legado literario. 

Volviendo a la corriente principal del artículo... Las ficciones terroríficas de Javier Avilés y Albert Kadmon tratan de explorar una de las constantes temáticas básicas del terror lovecraftiano, la pérdida de la propia identidad y la propulsión al abismo de la locura, desde perspectivas estilísticas e ideológicas “exquisitamente” nihilistas. Lovecraft, queridos, fue siempre un humanista, un pesimista y un ateo pero también, y quizá por ello, un humanista de cuerpo entero aunque ansiase la desencarnadura de su ulceroso aparato de soporte. La tergiversación de su pensamiento por la camada marxista del embrutecedor y pretencioso mejunje llamado “realismo especulativo” no constituye otra cosa que una insensata tergiversación. Similar a la que se lleva haciendo hace décadas con Nietzsche desde determinados círculos filosóficos vinculados al lacanismo. Tony Fuentes, en uno de los relatos mas logrados, retoma creativamente el paradigma del “color caído del espacio” en circunstancia carpetovetónica actual con bastante eficacia. 

Sólo un tercio es ilegible, por descontado desde mi punto de vista, y hay tres o cuatro relatos interesantes con potenciales muestras de buen hacer literario. Cierto que una novela bien escrita sin paliativos como Infierno nevado de Ismael Martínez Biurrun, que desarrolla en clave de novela histórica y de aventura un sueño de Lovecraft expuesto en una carta a Wandrei (publicada en la Miscelánea que Francisco Arellano ha publicado recientemente y de la que me ocuparé en otro momento), está a mi juicio mucho más en el sendero de Arkham y de la Hermandad de la Sabiduría Estelar. 

No está muerto lo que yace eternamente; y con el paso de extraños eones, incluso la Muerte puede morir. 


Frank G. Rubio




APÉNDICE 



Robert Bloch wrote an excellent introduction to a collection of Lovecraft stories. In it he tackled Lovecraft's racism:

"Degenerative mutation also figures in The Outsider, The Lurking Fear, The Rats in the Walls, and in the grotesque miscegenation of The Dunwich Horror and Arthur Jermyn Some critics cite this as a disguised example of the racism they find evident in He, The Horror at Red Hook, The Call of Cthulhu, and other stories.
If Lovecraft was a racist we must recognize that the term was not generally considered pejorative during his own time. In the twenties and thirties, Anglo-Saxon superiority was virtually taken for granted not only in literature but in daily life. And nowhere was this belief more pronounced than in New England. Here the D.A.R.(Daughters of the 
American Revolution) held sway, and the inhabitants of the selfstyled Shrine of Liberty shuddered as their communities were invaded by immigrants. Ignoring the fact that most of these "foreigners" had been imported by blue-blooded,100 percent Americans to provide cheap labor for their factories, they watched in dismay as cities became crowded, old landmarks gave way to new construction, and their political, economic, and social control gradually vanished.
To Lovecraft these changes were anathema, and ex- pressed his attitude both privately and in print. But his views were not inflexible. As he matured he gradually came
out of his shell and his outlook broadened; the racist element of earlier efforts is muted or absent in later tales. And what sort of anti-Semitic author marries a Jewess, associates with Jews as friends, and retains one as his literary agent?"
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