Carne de ataúd. Bernardo Esquinca

Una cruenta serie de asesinatos que recuerdan la dramática historia del Chalequero

México D. F., entre los últimos años del siglo XIX y la primera década del XX. Son los años de la dictadura de Porfirio Díaz y el periodista Eugenio Casasola trabaja en el oficialista diario El Imparcial, y se pone a investigar una cruenta serie de asesinatos que recuerdan la dramática historia de El chalequero, un asesino que veinte años antes generó el terror entre las mujeres por las terribles muertes que produjo, y que parece haber vuelto por sus fueros. Casasola ya se vio involucrado en aquella primera tanda de crímenes, puesto que la última víctima fue Murcia, una mujer con la que mantenía una ardiente relación. 

Ahora, las pesquisas del periodista le llevarán a contactar con esferas muy problemáticas y sórdidas de la sociedad y el poder en México; además, un problema fundamental al que tendrá que hacer frente será el de deslindar lo real de lo fantasioso-esotérico. 

En su arduo trayecto, Casasola se hará acompañar, por un lado, de una médium, Madame Guillot y, por otro, del inspector de policía Roumagnac, ferviente seguidor de las teorías naturalistas sobre el crimen del italiano Cesare Lombroso. 

La narración irá alternando diversas temáticas, que van desde la personalidad del asesino, de cuya historia, y de la de otros como él, se nos hablará mucho, y del papel que esos terribles personajes tienen sobre la sociedad, y de cómo los ciudadanos intentamos categorizar ciertos horrores. De esta forma se llega a afirmar… 

A veces es mejor imaginar monstruos irreales que los verdaderamente posibles y próximos 

En esta línea, es muy importante las reflexiones que el autor pone en boca del protagonista, ante la necesidad de crear ideas para poder soportar el horror y la brutalidad que nos llega desde la realidad, bien sea la criminal o la proveniente del poder socio-político. Sobre esta necesidad de aferrarse a algo que haga comprensible lo real se llega a decir… 

El camino de los espíritus precipitaría los acontecimientos, pues el de los hombres se había estancado. El mundo inmaterial intervendría para poner en orden el material, como había acontecido desde siempre 

Y en esta misma línea otro personaje concluye... 

Más que supersticioso, era un hombre convencido de que en la Ciudad de México cualquier cosa podía ocurrir, incluso que las leyendas se materializaran 

Otro territorio transitado a lo largo de la narración será el papel de la prensa (recordemos que la prensa era el único medio de comunicación de esos días, más allá del rumor social), y de cómo este medio crea una idea de la realidad que no deja de ser una distorsión de los hechos, debido tanto a la desidia o la desinformación como a la presión de muy diversos poderes. 

Y sobre esta subversión de la realidad se comenta: 

El problema de un país como México, reflexionó, no era solamente el Mal, sino el hecho de que resultaba complicado separar la realidad de la ficción. Todo podía suceder porque todo era igualmente creíble. No importaba qué era verdad y qué mentira, sino lo que la gente aceptaba como real 

Con todos estos elementos Carne de ataúd resulta una terrible pesquisa criminal, una reflexión sin contemplaciones de lo difícil que es para los humanos pretender comprender la realidad que les rodea, y de paso también hace un cruento relato de las brutales prácticas que una dictadura ejerce para mantenerse en el poder. 

Todo esto con una escritura subyugante, que transmite el tormento de sus diversos personajes y que nos hace caminar entre la realidad y lo imaginario, pues no parece haber otra forma de afrontar tanta brutalidad y dolor. En algunos momentos el estilo nos recuerda al del gran Juan Ramón Biedma, en cuanto es capaz de transitar entre lo real y lo fantástico en una lectura que es difícil de interrumpir una vez que se ha iniciado. Un libro apasionante. 

Punto de vista, 2018
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José María Sánchez Pardo
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