El Blues del hombre muerto. Ray Celestin

Chicago, años 20: explotan más bombas que en cualquier otra ciudad

Hace poco más de dos años hablamos aquí sobre un estupendo thriller, Jazz para el asesino del hacha, con el que se había estrenado como escritor Ray Celestin, y señalábamos lo mucho que nos había gustado la combinación de ficción y realidad de la novela. Acabábamos aquella reseña con estas palabras:

Confiamos en que pronto tendremos la oportunidad de leer otra novela suya; y creemos que esta confianza está bien fundada, porque las últimas páginas del libro nos hacen pensar en la posibilidad de encontrarnos a alguno de los protagonistas en una nueva historia en la que estará presente otro personaje real de la leyenda criminal estadounidense: un tal Alphonse Capone

Pues ese deseo se ha cumplido y Alianza Editorial publica ahora El blues del hombre muerto, la segunda obra de Ray Celestin, en la que efectivamente nos volvemos a encontrar con algunos personajes que protagonizaron Jazz para el asesino del hacha: los detectives Ida Davis y Michael Talbot y el gran músico Louis ArmstrongY sí, efectivamente, en esta segunda novela tiene un papel crucial ese tal Alphonse Capone, quizás el gánster más famoso de todos los tiempos.



detrás de tanta violencia estaba Al Capone


El Chicago de 1928, en la plenitud de la ley seca, y abrasado por el calor inmisericorde del verano, es el escenario omnipresente, convertido en un personaje más de la historia, de esta segunda novela de Celestin. 

Una bulliciosa urbe, la tercera más grande del mundo; con un crecimiento vertiginoso, especialmente en altura, desde que en ella se había inaugurado el primer rascacielos del mundo en 1884. 

Una ciudad intensa en la que conviven todo tipo de seres humanos: ricos y pobres; blancos y negros; políticos y mafiosos… Con zonas bien delimitadas para cada grupo humano y actividad: la Costa Dorada, al norte de la ciudad, para los ricos; al sur Bronzeville, el barrio negro al que los blancos acuden a disfrutar de la música y de las fiestas de los negros; el Loop, en el centro, para los bancos, los grandes comercios y los lujosos hoteles. Y al este, las instalaciones del ferrocarril y los mataderos industriales cuya mortal eficacia daría a Henry Ford ideas para sus cadenas de montaje.

Chicago, años veinte… un lugar apasionante para gozar y sufrir, parar vivir y morir. Porque aquella ciudad podía ser extremadamente peligrosa, como bien describen las palabras de uno de los personajes de El blues del hombre muerto:

Estamos en Chicago. Aquí no hay sitio para bienhechores. Tenemos casi el doble de asesinatos que en Nueva York y explotan más bombas que en cualquier otra ciudad del país. Tenemos una cárcel de la que se pueden largar los internos, un manicomio del que se escapa uno de cada cuatro pacientes, un gobernador que te indultará si le pagas bastante, un senador que es tan corrupto que no se le permite ocupar su escaño en el Senado, y celebramos una elección donde se utilizaron más granadas de mano que en una guerra

Y detrás de tanta violencia estaba, fundamentalmente, un hombre: Al Capone. Un mafioso que, con sanguinaria eficacia, se había ido deshaciendo de las bandas rivales hasta que sólo se le oponía la de Bugs Moran. Un Capone cuyo poder era tan grande que hasta los políticos le rendían pleitesías

Pero hasta el gánster más depravado tiene su propio código de honor, y Capone, inmensamente rico gracias al alcohol ilegal, los burdeles y el juego, se negaba a traficar con heroína… 

Celestin hilvana la trama de El blues del hombre muerto con varios hilos argumentales: la investigación que llevan a cabo Ida Davis y Michael Talbot, que como detectives de la Agencia Pinkerton, se encargan de investigar la misteriosa desaparición de una joven de la alta sociedad; la que lleva a cabo el fotógrafo forense Jacob Russo para desentrañar un horripilante crimen con el que se ha topado durante su trabajo y la que por su parte, y por encargo del mismísimo Capone, realiza Dante Sanfelippo un peculiar gánster con conciencia, sobre unos envenenamientos con alcohol adulterado que han puesto en peligro las relaciones políticas del capo mafioso.

Todas estas investigaciones nos irán llevando por ese peligroso “Chicago años veinte” del que hemos hablado, con la música de jazz de fondo y la presencia de Louis Armstrong como ocasional ayudante en las investigaciones de su querida amiga Ida, porque esa es, como ya dijimos una de las grandes bazas de los libros de Celestin: su maestría a la hora de conjugar hechos históricos y ficticios, personajes reales y novelescos. Precisamente, el título de la novela es el de un mítico tema de Armstrong.

Si nos gustó Jazz para el asesino del hacha, más nos ha gustado El blues del hombre muerto, porque en ella Celestin mantiene todo lo bueno de la anterior y, además, la trama ha ganado en precisión y claridad.

En definitiva, una estupenda novela que nos deja con muchas ganas de continuar leyendo las otras dos con las que el autor tiene previsto culminar una magna tetralogía dedicada al jazz y la mafia en los Estados Unidos de la primera mitad del siglo XX. 

Celestin empezó su cuarteto en Nueva Orleans, lo ha seguido en Chicago y ya nos avisa que la próxima entrega transcurrirá en Nueva York, durante el otoño, y la siguiente en Los Ángeles. Todas ellas dedicadas a una ciudad, un tema musical y una estación concretas. Un gran viaje, con apasionantes etapas para generoso disfrute de los lectores.

Alianza, 2018
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José María Sánchez Pardo
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