Texas Blues. Attica Locke

Volcán de odios y violencia a flor de piel

En el extremo este de Texas, en la pequeña comunidad de Lark, aparecen en los remansos de un río, primero el cadáver de un abogado negro de Chicago, y días después el cuerpo sin vida de una joven blanca del pueblo.

Inicialmente las pesquisas llevadas a cabo por el sheriff local procuran quitar hierro a estas muertes, considerándolas accidentales y sin ninguna relación. Pero las dudas aparecen en un agente federal, que envía a Darren Mathews, un ranger de Texas de raza negra, a que se de una vuelta por el escenario de los hechos, y compruebe que la versión de la policía local sea acertada.

Y lo único que se logra es enviar a un afroamericano a un avispero racista de la más sanguinaria tradición, lo que disparará una terrible confrontación, en la que la resolución de los asesinatos pasará a un segundo término, pues la verdad, no va a interesar a casi nadie en una comunidad que es un volcán de odios y violencia a flor de piel.

La novela transcurre bajo el sofocante calor sureño, con sus sabores, olores y sonidos propios, donde el blues de los negros se enfrenta al country de los blancos. Todo esto da un escenario que parecía ya de tiempos pasados, pero la autora nos muestra que no es así, y llega a afirmar:

Sus tíos observaban las antiguas normas de la vida sureña, porque comprendían lo fácilmente que el comportamiento de un hombre de color podía convertirse en cuestión de vida o muerte. Darren siempre había querido creer que la suya era la última generación que tenía que vivir de aquella manera, que el cambio podía venir desde arriba, desde la Casa Blanca. Cuando en realidad había resultado lo contrario. Después de Obama, América se había quitado la careta

Pues lo que nos vamos a encontrar es la feroz lucha de los negros contra los supremacistas blancos, y sus prácticas violentas, que nos retrotraen a la época del Klan, que ahora toma la forma de la Hermandad Aria de Tejas, un grupo delictivo, muy introducido en el tráfico de armas y metanfetamina, que de paso lleva a cabo violentas y sanguinarias acciones contra la población de color. Y eso es en nuestros días, no en décadas anteriores. 

En algún momento del relato se hace un cierto paralelismo entre los acontecimientos y personajes de esta novela, y los narrados en la magnífica El calor de la noche de John Ball, en el que un investigador negro ha de resolver un asesinato en una pequeña ciudad del sur de Mississippi. Pero han transcurrido cincuenta años entre ambas novelas, y Virgil Tibbs, el inspector negro de la policía de Filadelfia, es frío y cauto ante el racismo imperante, el ranger Darren Mathews se desespera y enfurece ante el racismo soterrado e imperante en algunas zonas de los EE.UU.,; ni tampoco el racista pero amable jefe de policía Bill Gillespie, que se desesperaba ante las pesquisas y la inteligencia desplegada por Virgil Tibbs, es el actual sheriff Van Horn, mucho más taimado y servil con el poder blanco de la región. Y qué quieren que les diga, no me imagino a Sidney Poitier encarnando al atribulado Darren Mathews, al que la autora regala con una buena mochila de dramáticas historias personales, por si las propias de la novela no fueran ya bastantes.

Muy a destacar es el conjunto de personajes secundarios de la novela, donde nos encontramos desde la vieja negra dueña de bar.restaurante con todo el sabor y olor de la comida sureña, y con la sabiduría de alguien que ha tenido que lidiar con el odio y la violencia de los blancos dominadores, hasta el prototipo de cacique blanco del lugar, con todas sus aristocráticas y dictatoriales formas de vida, que no esconden más que a un vil supremacista, encantado de ejercer el sadismo sobre otros seres humanos.

Una novela de intriga que nos enfrenta a una realidad de violencia social que parecía haber quedado desterrada, tras años de políticas pretendidamente igualitarias, y que nos permiten entender el estilo y carácter de la política y el discurso del actual inquilino de la Casa Blanca.

Alianza, 2017
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José María Sánchez Pardo
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