Los mejores casos de Max Carrados. Ernest Bramah

Robos, espionaje, asesinatos, incluso misterios con seres sobrenaturales...

Inteligencia, deducción, perspicacia...
El presente volumen nos propone una docena de los casos de un singular investigador eduardiano, Max Carrados, cuyas aventuras empezaron a publicarse en 1914, y que presenta como característica definitoria que es invidente. 

Se nos presenta a este singular detective, en sus inicios, cuando llega a la investigación de misterios, delitos y crímenes de forma casual, pues un amigo suyo, Mr. Carlyle, que sí se dedica a la investigación detectivesca se encuentra inopinadamente con él en uno de sus casos, y a partir de ahí le incorpora como consultor libre en algunas de sus investigaciones.

Carrados no solo se apoyará en su amigo Carlyle para la investigación, sino que echará mano de las grandes capacidades fisonomistas de su Mayordomo Parkinson, así como de los servicios de su secretario Greatorex y su chófer Harris. Pero estos no pasan de ser pequeñas muletas para Carrados, que nos enseña, que pese a su ceguera, tiene muy bien desarrollados el resto de sus sentidos, y demuestra como muchos ciegos, al perder el sentido de la visión, usan en mayor cantidad y calidad el resto de sus sentidos, que normalmente no lo son por los videntes. Aún así hay ciertas destrezas, locomotoras y de reconocimiento que nos dejan un tanto estupefactos, haciéndonos pensar que estamos ante un superhéroe de la entidad del marveliano DareDevil (para los más mayores Dan Defensor), aunque sin traje ni su capacidad de brincar por las paredes.


conocedor de las debilidades y posibilidades del ser humano


Pero más allá de la singularidad del investigador, sus historias resultan de lo más atractivo por la variedad de temas que toca: robos, acciones de espionaje, asesinatos, e incluso tiene que resolver misterios con pretendidos seres sobrenaturales por medio. Esto le lleva a recorrer muy variados escenarios de la vida londinense de su época (pensemos que estos relatos se publicaron entre 1914 y 1942), y así conoceremos tanto las grandes fortunas del país, como los diversos grados de su clase media, y también nos dará noticia de las clases populares de la época. Pues el tono y la mirada de este personaje no es el de un pomposo y acartonado victoriano, sino el de quien toma nota de las muy diversas motivaciones y conflictos en los que se pueden ver envueltos los seres humanos. Esta singular mirada, llevó a personajes de la talla de George Orwell a tener muy en cuenta estas narraciones de Bramah, pese al pretendido talante conservador del autor.

Un tema recurrente, con el que se inicia además la carrera detectivesca de Carrados es el robo de piezas numismáticas, especialmente griegas clásicas, que dará lugar a algunos de sus mejores relatos, por la originalidad de sus planteamientos y lo brillante de su ejecución.

Es de destacar el modus operandi de este investigador, pues, dada su minusvalía, tenderíamos a pensar que estaría reculuido en su mansión de The Turrets en Richmond. Y para nada es así. Siempre investiga a pie de obra, en los escenarios del crimen –y en muchos casos sin compañía-. Pero además se ve involucrado en situaciones de acción, rodeado de delincuentes o dirigiendo a su gente en situaciones conflictivas. De ahí que nos encontremos con un personaje que por supuesto echa mano de la inteligencia y la deducción, pero también usa de la perspicacia, el recoger buenas pruebas y un fino conocimiento de la diversidad de la condición humana

El tono de estos relatos está trufado de una cierta retranca, o podríamos decir de un cierto humor negro, en el que el autor, a través de su personaje, cuestiona algunas actitudes de los personajes que aparecen llevando a cabo una cierta sátira social. Esto se ratifica en la singular actitud que mantiene ante algunas de las víctimas de estos delitos, que no siempre es comprensiva ni salvadora. Es un hombre que resuelve misterios y delitos, pero no por ello descalifica siempre a los delincuentes, ni se apiada de las víctimas. Esto lo convierte en un narrador mucho más del siglo XX, y aunque sea en algún momento contemporáneo de personajes como Holmes (los relatos de Carrados fueron publicados por The Strand Magazine a la vez que las aventuras del personaje de Conan Doyle durante algunos años), su mirada, actitud y acción, es mucho más la de un hombre del siglo XX, que conoce las debilidades y las posibilidades de los seres humanos, de forma mucho menos encorsetada, antropológica y científica que la de los victorianos.

La lectura de estos casos de Max Carrados nos ha regalado el conocer un personaje fascinante por lo original y vibrante de sus historias, y por la singular mirada que tiene sobre el género humano. Sobre todo si tenemos en cuenta que es un invidente.

Siruela, 2017
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José María Sánchez Pardo
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