Cayendo al vacío. Neil Broadfoot

Narración policíaca llena de historias que impresionan por su crudeza

Katherine Buchan, hija de un importante político conservador de Edimburgo, muere tras caer desde lo alto de un famoso monumento de la ciudad. Pese a los importantes indicios que hablan de un suicidio, la policía y la prensa tienen sus dudas, pues la pesada sombra de su padre hace que las sospechas tomen peso.

En paralelo, la prensa sensacionalista se lanza tras los pasos de Derek McGinty, que acaba de salir de prisión, donde cumplió condena por violación y malos tratos infligidos a una joven estudiante universitaria, y que parece tener que saldar cuentas con algunos de los personajes de su pasado.

El peso de la narración cae en los hombros de tres personajes: el periodista Doug Mcgregor, la policía Susie Drummond y el experto en medios de comunicación Hal Damon. El primero es el prototipo de sabueso periodístico capaz de vender su alma por una buena historia. La segunda resulta la policía esforzada, no muy querida entre su gente por algún romance con un compañero. Estos dos personajes protagonizarán una historia de amor-odio profesional, pues les une el interés de dar luz a la verdad que se esconde en ambas historias, pero también tienen momentos en que resultan feroces contrincantes, pues sus ocupaciones les llevan a trincheras, muchas veces opuestas. El tercer personaje destacado es el hombre designado por el Partido Conservador para canalizar las informaciones –o mejor expresado- los dichos que salen desde la oficina de Richard Buchan, el político ultraconservador padre de la fallecida, y que pretende que su carrera política no se vea manchada por este trágico suceso. La condición de gay casado y con una hija, generará situaciones nada fáciles para dos hombres que deberían tener un objetivo común en esta situación.


la policía, pacata y servil ante los poderosos


El hecho de que tengamos dos historias a desarrollar, y el punto de vista convergente y a la vez divergente de tres protagonistas, genera una narración vivaz, llena de giros argumentales, sorpresas bien dosificadas, y el retrato de una ciudad y unas gentes, que ya conocemos por otros autores, pero que siempre sorprende. El autor es implacable tanto con la Policía: pacata y demasiado servil ante los poderosos, a los que no tiene complejo alguno de cubrir sus miserias-; los medios de comunicación: interesados exclusivamente en noticias sensacionalistas, y que no tienen ningún rubor de vender la información por dinero o por más poder; o el mundo político: que defiende a sus miembros con las artes de la mentira y la desinformación, usadas sin medida, con tal de que sus figuras más importantes mantengan una imagen pública de honrados y esforzados padres de familia. Todo este cóctel de mentiras e historias que se han pretendido dejar bajo las alfombras, explotará, lo que nos ofrecerá una narración policíaca llena de historias que logran impresionarnos por su crudeza y la falta de escrúpulos que permitieron que se pudieran dar. 

Pero entre tanta cruda historia donde las fronteras de la deshumanización y la maldad llegan bien lejos, nos encontramos con unos personajes que, cada uno con sus lastres, tienen un afán de descubrir los delitos e intentar que los delincuentes, por muy poderosos que sean, paguen por sus maldades, y de paso se nos relata una terrible y hermosa historia de amor, que da luz a una serie de historias que van de lo indigno a lo más bajo y cruel.

Una estupenda novela de autor desconocido hasta el momento, y que se une a la magnífica selección de novelistas escoceses, los del tartan noir, que nos llevan deslumbrando desde hace años.

Bóveda, 2017
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José María Sánchez Pardo




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