La banda de los niños. Roberto Saviano

La delincuencia napolitana y lo que rodea el tráfico de cocaína

Nápoles, hoy en día. Nicolas Fiorillo, un adolescente del barrio de Forcella no tiene intención de ser un ciudadano más, un esclavo según él, de esos que se van a matar a trabajar para tener un gris y mezquino porvenir. Tiene la idea de convertirse en un gran capo camorrista, y poder llegar a ser algo parecido al personaje que se ve en un club de la costa, llamado el Nuevo Maharajá, donde está pintado un maharajá indio con todo su poder y magnificencia. Y para ello cuenta con un grupo de incondicionales de su edad, e incluso más pequeños: Pichafloja, Dientecito, Dragón, Dron, Estabadiciendo, Tucán, Bizcochito, Briato y Lollipop. Y al frente de tan singular banda estará él, Nicolas Fiorillo, conocido, como no, por Maharajá.

Y poco a poco, con una astuta mezcla de cautela y descaro, Maharajá y sus colegas se van introduciendo en los diversos planos de la delincuencia napolitana. Tanto en sus variadas actividades criminales como en sus métodos y rituales. 

De esta forma se nos ofrecerá, por ejemplo, una ceremonia de adhesión a la banda: una singular mezcla de lapidarias sentencias provenientes de los videojuegos, con una escenografía tomada de la película El camorrista, aderezada con toques personales y de profundo calado social, incluidos algunos referidos al mundo religioso.


niños los llamaban y niños eran de verdad


Y la pregunta que nos hacemos casi desde la primera y brutal escena: ¿esto es ficción o realidad? Porque es imposible olvidar que Roberto Saviano nos deslumbró hace años con dos extraordinarios libros de género documental sobre la delincuencia: Gomorra y 000, en los que describió con crudeza la delincuencia napolitana y los diversos aspectos que rodean el tráfico de cocaína. Eso nos lleva a pensar si el terrible relato que nos ofrece en La banda de los niños es ficción o realidad. Según el autor es ficción, pero todo nos hace pensar que se trata de una ficción trufada de cruda realidad, como el mismo Saviano deja ver en una entrevista concedida a El País (28-08-2017): 

En otra investigación a la que tuve acceso, le preguntan a un chico: “Qué quieres hacer de mayor”. Y él responde: “No lo he pensado nunca, igualmente moriré”

En la misma novela, Saviano afirma lo siguiente para explicar cómo es posible que un grupo de niños se convierta en una gran banda camorrista:

Niños los llamaban y niños eran de verdad. Y como quien aún no ha empezado a vivir, no tenían miedo de nada, consideraban a los viejos ya muertos, ya enterrados, ya acabados. La única arma que tenían era la ferocidad que los cachorros de hombre aún conservan. Animalitos que actúan por instinto. Muestran los dientes y gruñen, eso basta para que se cague encima el que está enfrente 

Volverse feroces, sólo así quien aún infundía temor y respeto los tendría en consideración. Niños, sí, pero con pelotas. Crear desconcierto y reinar sobre él: desorden y caos para un reino sin coordenadas

Y con estos singulares ingredientes, en La banda de los niños se nos va relatando la creación y ascenso de una banda camorrista compuesta por adolescentes y preadolescentes, a partir de una mezcla de violencia y ferocidad aderezada con las actividades propias de chavales: sus ligues, sus maqueos, sus entusiasmos, alegrías y angustias, siempre subidos en sus veloces scooters o ciclomotores. Porque no dejan de ser unos chicos muy jóvenes, y todo es nuevo para ellos, y exprimen las experiencias hasta la última gota... aunque ésta sea de sangre.

No son niños soldado africanos, ni chavales yihadistas… son hijos de la clase media napolitana (sólo uno de ellos está relacionado familiarmente con la Camorra), y ello hace que esta novela sea tan dura, y aparentemente inexplicable. Pero si releemos con cuidado Gomorra, ese brutal documental sobre la presencia de la delincuencia en la vida cotidiana de Nápoles, y recordamos la miseria que esconde esta gran ciudad, empieza a no extrañarnos tanto lo que Saviano relata en esta, su última obra. 

Por otra parte, esa presencia de niños no es extraña al género criminal, pues nos vienen a la cabeza novelas como Piel herida de Stuart MacBride, en la que se nos relata las actividades delictivas de un grupo de niños de las clases altas de Edimburgo, capitaneados por un tal Sean… de ocho años. Y el tono festivo, casi de juego, de La banda de los niños nos recuerda también las peripecias de un grupo más adulto de ladrones que se nos mostró en la película Le llaman Bodhi.

Y aunque todo el relato está plagado de humanidad, el autor no nos engaña con una imagen paternalista de los personajes protagonistas, pues tiene claro que debe contar con precisión la violencia y el daño que producen estos delincuentes, sean de la edad que sean, y no caer en la mitificación. Ya lo decía en la entrevista citada antes citadas:

Pero tenemos un lío meta narrativo importante, hemos llegado a un punto en el que su ficción y la realidad criminal se retroalimentan. Sí, pero yo siempre intento desmontar el mito del mafioso. Muestro en detalle su vida, sus negocios… Yo considero El Padrino una obra maestra, pero nunca ves cómo Michael Corleone gana el dinero. No le ves extorsionar, ni construir los casinos. Y ese relato contribuye a la fascinación. He intentado contar los mecanismos internos para evitar la mitificación

Y pese a todo este peso documental, a tener tanto cuidado en no mitificar lo inmitificable, a Saviano le sale un libro maravilloso, lleno de fuerza, de inteligencia y sensibilidad, donde pasamos de escenas de violencia impactante a momentos de felicidad infantil, llenas de alegría e ilusión, con una mirada sensible a los matices de la situación y de las personalidades que se nos ofrecen. Se le nota a este gran periodista, sus estudios de Filosofía, pues es capaz de hacer un documental de terribles situaciones, con la mente bien armada de un gran pensador, en la mejor tradición literaria e intelectual italiana del gran hombre y escritor que fue Leonardo Sciascia, que desde el género policial nos regaló obras memorables sobre los aspectos más corrompidos de la realidad italiana, y de paso, reflexionaba con inteligencia y grandeza sobre muy diversos aspectos de la condición humana.

De todo esto trata La banda de los niños, una de esas novelas por las que se puede presumir, y mucho, de nuestro amor por la novela criminal.

Anagrama, 2017
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José María Sánchez Pardo





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