El gato de las nueve colas (1971)

Predisposición al crimen por su genética

En la tradición del cine negro americano
Aún habiendo sido un éxito de taquilla en su momento, el segundo largometraje de Dario Argento, El gato de las nueve colas, ha quedado actualmente en tierra de nadie y apenas cuenta ya con valedores. El motivo de este olvido reside en su indefinición estilística: si bien con su opera prima, El pájaro de las plumas de cristal, el cineasta italiano había dado a conocer los encantos del giallo, continuando la línea marcada por Mario Bava, en esta segunda película conserva solo parte de esas peculiaridades a fin de que su película entronque más con la tradición del cine policiaco norteamericano.

El gato de las nueve colas conserva poco de esa tradición italiana, siendo una película de misterio más cosmopolita y de ambientes asépticos. No solo cambia la ambientación —queda prácticamente desterrada esa visión tan propia de Argento de la Roma nocturna y sus excesos; en cambio encontramos ambientes del mundo de los negocios, sofisticados laboratorios...—. También cambia la narrativa. Ni encontramos muchos momentos cumbre de barroquismo visual, ni la violencia es tratada con tanta creatividad como en otras ocasiones. En cambio, El gato de las nueve colas es muy rica en situaciones y acontecimientos, apenas tiene puntos muertos, y ofrece una agilidad en su desarrollo como no veremos más dentro de la obra del cineasta.



nueve pistas llevan a la resolución del enigma


El punto de partida parece entresacado de cualquier novela de misterio juvenil: Una noche, mientras vuelven a casa, Franco Arno (Karl Malden), ciego de nacimiento, y su sobrina Lori son testigos de una agresiva discusión entre un ladrón y un chantajista, que acaba en asesinato. A pesar de su invalidez, Franco colaborará con el periodista Carlo Giordani (James Franciscus) para desentrañar el misterio que se oculta tras una enrevesada trama de espionaje industrial y crímenes sin resolver.

La intervención de la sobrina en la investigación aporta suavidad a la película, que se desarrolla con fluidez pero de manera impersonal, estando presente el sello Argento en muy contadas ocasiones. Por otro lado, vista de un modo tradicional, El gato de las nueve colas tampoco satisface del todo a los cinéfilos más clásicos, ya que la trama no deja de ser engañosa: escamoteándose la información básica, el culpable aparece, digamos, de la nada, sin que el espectador haya podido ser verdadero partícipe del misterio elaborando sus conjeturas. Tampoco el propio título, con su posible carga simbólica y su forzado exotismo, puede conectar con muchos cinéfilos. En realidad, tampoco conecta bien con el contenido de la película, más que como metáfora forzada de los nueve caminos o pistas a seguir que llevarán a la resolución del enigma.

Con todo, El gato de las nueve colas tiene ciertos puntos de interés, como la música de Ennio Morricone, dentro de un registro jazzístico experimental. También llama la atención el debate que esta película retoma, acerca del “cromosoma asesino”, teoría en boga en aquel momento que postulaba la mayor predisposición al crimen de determinadas personas por la razón de su genética. Aún jugando esta premisa con cierta habilidad, la película no alcanza la profundidad o el calado que hubiera podido tener.


David G. Panadero


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Tit. Orig: Il gato a nove code. Italia, 1971. Director: Dario Argento. Guión: Dario Argento, Luigi Collo, Dardano Sacchetti. Música: Ennio Morricone. Fotografía: Erico Menczer. Intérpretes: James Franciscus, Karl Malden, Catherine Spaak, Pier Paolo Capponi



Este ensayo colectivo, consistente en el análisis de 20 largometrajes, ha sido realizado por los cineastas Fernando Cámara y David Alonso y los escritores Francis Díaz, Jesús Fernández, Duvid Mdd, David G. Panadero, Alfredo Paniagua y Frank G. Rubio.

Este monográfico sobre Detectives Raros en el cine se ha publicado originalmente papel, en la revista Prótesis, nº9 (Reino de Cordelia, ed.), en la primavera de 2017. Pide tu ejemplar en la librería madrileña Estudio en Escarlata.


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