So Dark The Night (1946)

La visita de Henri Cassin, el detective más prestigioso y mediático

Un año después de filmar una de sus películas más perturbadoras —My Name Is Julia Ross y cuatro antes de empezar a consagrarse con Gun Crazy (traducida como El demonio de las armas), el estadounidense Joseph H. Lewis experimentó con el cine negro pastoral en So Dark The Night europeizando decorados, comportamientos de los personajes y ritmo de la narración. La acción se sitúa a medio camino entre París y un ficticio pueblo francés (St. Margot) donde el bucolismo y la tranquilidad de este último son alterados por la visita de Henri Cassin, el detective más prestigioso y mediático del momento, que decide instalarse en dicha aldea para pasar sus primeras vacaciones en más de una década. Como es de suponer, una vez ahí empezarán a sucederse hechos trágicos e inexplicables en los que Cassin (Steven Geray) se verá impelido a tomar la iniciativa para tratar de desentrañar sus misterios.

Escrita por un habitual de la serie B, Aubrey Wisberg guionista de, entre otros, el Edgar G. Ulmer de The Man From Planet X o Murder Is My Beat, y adaptada por Martin Berkeley habitual de las ocurrencias sci-fi de Jack Arnold y Dwight V. Babcock mano derecha de Jean Yarbrough en la inmersión de éste en el terror barato, So Dark The Night destaca por la cuidada puesta en escena a veces cercana a planteamientos puramente teatrales, dada la limitada selección de interiores, por los incisivos movimientos de cámara en especial el travelling, cuyo recurso Lewis terminaría por derrochar en la citada Gun Crazy y en el tono enrarecido que va adquiriendo la cinta a medida que avanza el metraje. La película mezcla romance en concreto el triángulo amoroso, crimen y el socorrido tratamiento psicológico de los actores tan en alza en aquella época casi a partes iguales.



violencia sugerida a través de efectivas elipsis


Todo gira alrededor de un Steven Geray que en muchos momentos comparte no solo cierto parecido físico, sino también semejante bonhomía teñida de carácter imprevisible de la que hizo gala muchas veces Charles Laughton, al que dicho papel le hubiera quedado como un guante: no es descabellado hacer notar el paralelismo con el hombre maduro que encuentra el amor al margen de la notable diferencia de edad que encarnara Laughton en El Sospechoso (Robert Siodmak, 1944).

Los roles del resto de intérpretes están perfectamente definidos y subrayados, sobre todo en el apartado femenino: desde la hija de la posadera, cuyo principal objetivo es el puramente crematístico, hasta el de la propia madre, la cual incentiva las pretensiones de su heredera pese a las convenciones previamente asumidas por la familia. El cuadro se completa con un padre bonachón pero muy rudimentario, y el pretendiente de la joven, consumido por los celos a través de una atávica sensación de posesión.

La violencia nunca es explícita, sino que está convenientemente sugerida a través de efectivas elipsis, mientras el recurso del whodunit solo es empleado de manera escrupulosa en algún contado momento, con lo que la trama no queda nunca enfangada o dilatada.

Hay escenas memorables, como aquella en la que Cassin y el médico del pueblo reflexionan sobre un puente en mitad de la noche que remite metafóricamente al tránsito y los cambios que va asumiendo el protagonista o el vehemente cambio de iluminación en el rostro de Geray, que nos traslada directamente a la aclamada Detour de Ulmer, estrenada un año antes. El simbolismo asoma ya desde la primera escena de So Dark The Night: el primer plano es el del teléfono del jefe de la policía parisina, cuyo diseño nos anticipa la dualidad esquizofrénica que habrá de imponerse en los minutos finales.


Jesús Fernández

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Tit. Orig: So Dark The Night. Estados Unidos, 1946. Director: Joseph H. Lewis. Guión: Dwight V. Babcock, Martin Berkeley. Música: Hugo Friedhofer. Fotografía: Burnett Guffey. Intérpretes: Steven Geray, Micheline Cheirel, Eugene Borden, Ann Codee


Este ensayo colectivo, consistente en el análisis de 20 largometrajes, ha sido realizado por los cineastas Fernando Cámara y David Alonso y los escritores Francis Díaz, Jesús Fernández, Duvid Mdd, David G. Panadero, Alfredo Paniagua y Frank G. Rubio.


Este monográfico sobre Detectives Raros en el cine se ha publicado originalmente papel, en la revista Prótesis, nº9 (Reino de Cordelia, ed.), en la primavera de 2017. Pide tu ejemplar en la librería madrileña Estudio en Escarlata.


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