Pitfall (1948) / Testigo Accidental (1952)

Curiosa mezcla de melodrama y cine negro / Digno de la lista satánica elaborada por Anton Lavey


ELLA: ¿Cuando nació?
HARPER: El 2 de junio
ELLA: Entonces es usted Géminis, los Géminis tienen el corazón duro
HARPER: Los perros grandes lamen mis manos...


Harper, investigador privado (Jack Smight, 1966)



Endre Antal Miksa DeToth (1913-2002), húngaro de nacimiento y americano de adopción, fue uno de los más cualificados directores de serie B de la época dorada de Hollywood; hombre de gran cultura, se trasladó en 1942 a Estados Unidos, antes había trabajado en Inglaterra con el inolvidable maestro Alexander Korda (1893-1956). Obra suya es el film pionero en 3D House of Wax (1953) con el inimitable Vincent Price (1911-1993). Cultivó casi todos los géneros con eficacia: western, noir, piratas, peplum, espionaje y cine bélico.



una vida familiar feliz se transformará en una pesadilla


Un agente de seguros que vive una vida tranquila con su mujer y su hijo, lo suficientemente consciente para percibir la falta de autenticidad y la rutina de su trayectoria existencial, se verá implicado en una trama mortífera ocasionada por la intensa pasión que un detective, contratado por la misma compañía en que trabaja, cobra por una bella modelo implicada, sin malicia, como receptora de regalos en un asunto de fraude que involucra a su novio, recientemente encarcelado por la cuestión. Al conocer a la muchacha en el curso de la investigación surge entre ellos el amor, lo cual le pondrá en directo conflicto con el citado detective: un brutal ex-policía encarnado magistralmente por Raymond Burr (1917-1993) y que resulta ser, con todo, el personaje más interesante. 

Una vida familiar feliz se verá transformada en una auténtica pesadilla para el personaje encarnado, con la profesionalidad acostumbrada en este actor, por Dick Powell (1904-1963) que sobrevivirá a los violentos ataques físicos del celoso, casi psicopático, antiguo agente de la ley gracias a su entrenamiento militar. Las cosas se complicarán sobremanera cuando salga de prisión el estafador al que el detective, fallidos sus acercamientos amorosos al personaje encarnado por Lizabeth Scott (1922-2015), ha comido la oreja con las peores insinuaciones y medias verdades despertando con ello, en el no muy sofisticado y también muy enamorado delincuente, fuertes celos homicidas. 

Curiosa mezcla de melodrama doméstico y cine negro, consagrada a mostrar los peligros de la infidelidad en el matrimonio. Al otro lado de la familia nuclear hay, no solo suegras molestas, sino también lobos/as feroces que no dudarán en morder si se les da la más mínima ocasión. Una película de mensaje conformista donde se muestra la complejidad, y la peligrosidad, de un mundo en el que hay que permanecer muy atento y estar presto a denunciar a la policía cuestiones en apariencia mínimas porque puede desencadenar una catástrofe no hacerlo. La escena final, superado el asunto, claro está, mediante un desenlace trágico, sobre todo para la bella e inocente muchacha, amada por tres personajes distintos y en conflicto sacrificada al Moloch monógamo, en la que la esposa conduce el coche tras perdonar condicionalmente al protagonista el muy leve adulterio, muestra un anuncio de Chevron en primer plano; consistente pues con la idea de retomar la vida “buena”, uncida al carro de América Inc., que fruslerías reflexivas y la calidez y simpatía de otra mujer, ya olvidada, hicieron peligrar.


Testigo Accidental

Nominado para los Óscar, este film de uno de los directores más prolíficos y eficaces del cine de género, cuenta la historia de un viaje trepidante que realizan en tren un ayudante de la Oficina del Fiscal y la viuda de un importante representante del crimen organizado contra el que se pretende testifique. Ni que decir tiene que la Organización hará lo imposible para evitar la llegada ante el estrado de la testigo de la que no tienen información fidedigna sobre su aspecto. Este dato, en cierto modo inverosímil en el mundo de lo tangible cotidiano, permitirá elaborar una muy sofisticada requisitoria filosófica sobre el engaño que proveen las apariencias y sobre la poca idoneidad de las imágenes que sobre bien y el mal operan en las sociedades para guiar nuestra conducta. La película tuvo un remake en 1990, de factura correcta pero emasculado de la ambigüedad y el misterio de la primera versión, bajo la dirección de Peter Hyams. En ambas producciones el guión fue obra de Earl Felton (1909-1972), tomando como base un relato de Martin Goldsmith (1913-1994) que fuera cuñado de Anthony Quinn (1915-2001). Felton, según el FBI, fue uno de los organizadores de las orgías que involucraron a Cristine Keeler con el ministro británico Profumo. La Keeler, una joven prostituta en contacto con el KGB, acusó en sus memorias al guionista de ser un agente de la CIA. 

Nos encontramos con la considerada por muchos críticos mejor película de serie B jamás realizada. Con un reparto de tercera fila, extrañamente eficaz, esta película de la RKO (Radio-Keith-Orpheum), de la época en la cual la influencia de Howard Hughes (1905-1976) era sensible, de hecho era un gran admirador del film, contó con uno de los mejores técnicos en fotografía de la historia de Hollywood: George E. Diskant (1907-1965) La naturaleza de esta reseña me obliga a revelar uno de los secretos de la película y disipar con ello bastante suspense, por ello recomiendo al lector que no la haya contemplado se pare aquí, la vea, y siga leyendo tras su visionado.

La relación de la viuda del gánster con el protagonista, una auténtica femme fatale absolutamente al cabo de la calle sobre la vida, dotada de un ímpetu irreductible de supervivencia y encarnada con maestría por una inolvidable Marie Windsor (1919-2000), es negligente en afecto y extremadamente amarga. Pero en el viaje hay otros personajes decisivos, entre ellos una bella madre de posición social prominente con su hijo y una institutriz; nuestro héroe del cual pronto sospechará el niño convertirá pronto al pequeño en amigo y aliado. Al margen de los intentos frustrados de los ejecutores de convencerle se deje sobornar, el desarrollo de la trama le verá enfrentado al dilema de proteger también a la joven madre de la posibilidad de ser confundida con la supuestamente canallesca viuda. Ni que decir tiene que finalmente esta mujer resplandeciente es la verdadera viuda y el protagonista un mero señuelo para despistar, siendo realmente el personaje de Marie Windsor (1919-2000), la supuesta hiena con forma humana, una agente de Asuntos Internos que trata de descifrar en esta operación la medida de lealtad de los agentes. Un film pues que contemplado con atención es digno de la lista satánica del celuloide elaborada por Anton Lavey (1930-1997), él mismo un apasionado del cine negro. Nada ni nadie son lo que parecen.

Frank G. Rubio


APÉNDICE


Ambos filmes, cada uno a su manera, constituyen sendas apologías del más férreo matriarcado. En los dos hay dos tipos de mujer enfrentados: “la buena”, el ángel del hogar y madre amantísima; al otro lado, la femme fatale que incita al adulterio. El fin de estas últimas es trágico y sobremanera injusto en ambas películas. Para los que gusten de los pequeños detalles señalo la inocencia y bondad de Mona en el film de De Toth y la muerte gris, en acto de servicio, de quien no era lo que parecía sino una valerosa profesional al servicio de la ley. 

El sacrificio humano eficaz requiere sin duda la vida de los mejores. El resto es la vida misma, una noche extenuante e interminable.

___________________________________________

Tit. Orig: Pitfall. Estados Unidos, 1948. Director: André De Toth. Guión: André De Toth. Música: Louis Forbes. Fotografía: Harry J. Wild. Intérpretes: Dick Powell, Lizabeth Scott, Jane Wyatt, Raymond Burr

Tit. Orig: The Narrow Margin. Estados Unidos, 1952. Director: Richard Fleischer. Guión: Earl Felton. Fotografía: George E. Diskant. Intérpretes: Charles McGraw, Marie Windsor, Jacqueline White, Gordon Gebert


Este ensayo colectivo, consistente en el análisis de 20 largometrajes, ha sido realizado por los cineastas Fernando Cámara y David Alonso y los escritores Francis Díaz, Jesús Fernández, Duvid Mdd, David G. Panadero, Alfredo Paniagua y Frank G. Rubio.


Este monográfico sobre Detectives Raros en el cine se ha publicado originalmente papel, en la revista Prótesis, nº9 (Reino de Cordelia, ed.), en la primavera de 2017. Pide tu ejemplar en la librería madrileña Estudio en Escarlata.



No te pierdas el monográfico
Publicar un comentario