Un nido de víboras. Andrea Camilleri

Hombres y mujeres, un infierno de dolor y dominación

La tranquila vida de Vigata es sacudida por la extraña muerte del perito mercantil Cosimo Barletta, que a falta de un asesinato, ha sufrido dos.... Para resolver este misterioso suceso, se pone al frente de la investigación el comisario local de la policía, Salvo Montalbano, que al frente de su peculiar, pero eficiente grupo, tendrá que dar luz a un asesinato, no sólo extraño, sino también lleno de sordidez por el crapuloso y canalla estilo de vida del fallecido

Nos reencontramos con uno de los más importantes personajes de novela policíaca de los últimos veinte años, el comisario Montalbano, y en esta ocasión nos lo encontramos más vivo y esperanzado que en anteriores entregas, lo que se nota, por ejemplo, en su relación, terriblemente bullanguera con su novia Livia, o con sus subordinados.

En esta entrega, Camilleri nos ofrece una nueva exploración del abuso y del despotismo, y de cómo se puede llegar a situaciones desesperadas por debilidad o extrema necesidad, en donde perversas sanguijuelas agarran a sus presas y las parasitan hasta el último suspiro. De igual forma el relato nos propone un doloroso cuestionamiento de diversas relaciones entre hombres y mujeres, en el que dibuja un gran fresco de como la sexualidad puede convertirse en un infierno de dolor y dominación. En este sentido el autor nos introduce en uno de los lugares más sórdidos de la relación humana, que ya tocó tangencialmente en otra novela, pero en ésta resulta de una crudeza no fácilmente digerible.


el devenir a veces azaroso de las personas


Como es habitual en Camilleri, la novela nos ofrece una extraordinaria galería de personajes, que son propuestos con trazos simples pero que les dan una personalidad muy singular. y eso que no nos faltan los habituales de la serie: el estúpido y rijoso fiscal Tommaseo, el siempre malencarado y encabronado forense Pasquano, el cobarde y acomodaticio Jefe superior de la policía Bonetti-Alderighi, compensados por la gente de Montalbano, el ligón y perspicaz subcomisario Mimì Augello, el ineffable y maravilloso Catarella, o el eficiente y tenaz Fazio.

Junto con la trama principal, el autor nos propone una pequeña subtrama, con un personaje enigmático, que permitirá al autor reflexionar sobre el devenir a veces azaroso de los seres humanos.

Esta vigésimo segunda entrega de las aventuras de Montalbano, es un relato en que el autor nos regala con una narración llena de viveza, inteligencia y lucidez, con ese estilo tan teatral, a veces histriónico, que nos retrotrae a las más maravillosas e histriónicas películas italianas. 

Además logra la maravilla de darnos la ilusión, aunque sea novelísticamente, de dar luz sobre el misterio y el dolor, y aunque sea en la ficción, nos dice que la villanía puede ser descubierta y castigada.

Les recomiendo la escena final, que está llena de una delicadeza que sólo escritores de una gran talla moral y sensibilidad humana nos pueden ofrecer. En resultas, ésta es una novela que sin necesitar de gran extensión en páginas nos ofrece muy buenas historias, grandes personajes y muchos misterios a resolver.

Salamandra, 2017
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José María Sánchez Pardo


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