Ya no quedan junglas adonde regresar. Carlos Augusto Casas

El exceso, el arrebato, el más difícil todavía

Alguien dijo que la novela negra miraba la realidad social a través del vidrio de una botella. En Ya no quedan junglas adonde regresar hay vidrios y botellas —que decida el lector si demasiadas—, y está bastante presente la madrileña calle Montera, pero da la impresión de que el punto de partida para Carlos Augusto Casas ha sido la colección de espejos deformantes del callejón del Gato.

Salvando las distancias con aquel Madrid miserable y bohemio de Valle-Inclán —escurro nuevamente el bulto: decidid vosotros si son muchas o pocas esas distancias—, podemos considerar Ya no quedan junglas adonde regresar como un perfecto esperpento. Parece que la deformación sistemática es la regla principal de Carlos Augusto Casas. El argumento, los personajes, el desarrollo de la trama... Todo excede las proporciones acostumbradas y nos va llevando de sorpresa en sorpresa.

«El Gentleman» es anciano. Se reúne los jueves con su prostituta favorita pero no para sexo; solo aspiran a jugar a que tienen otra vida, que son totalmente felices... Cuatro abogados son los sospechosos del inesperado asesinato de la prostituta. Sin motivación para vivir, «El Gentleman» soltará la artillería pesada...



temas difíciles, pulso firme



Por la agilidad descriptiva y la captación de ambientes y personajes se nota para bien la experiencia como periodista del autor, siendo la novela una pieza de literatura de acción muy destacable. Carlos no confunde la novela con una inmensa crónica, y partiendo de su conocimiento de las diferentes zonas de Madrid —recomiendo encarecidamente sus numerosos trabajos de campo y cámaras ocultas—, opta por el exceso, por el arrebato, por el más difícil todavía.

Carlos se ha atrevido con temas difíciles —el envejecimiento de la población, la prostitución callejera— y lo ha hecho con suficiente solidez como para salir airoso. Lo insólito de sus personajes y los avatares que atraviesan son la perfecta carta de presentación para un autor con gracia y nervio, que no dejará de escribir porque ya no tiene jungla a la que regresar.


M.A.R., 2017
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David G. Panadero



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