La muerte es una vieja historia. Hernán Rivera Letelier

Una viveza y un colorido apasionante

Viveza y colorido apasionantes
En la chilena ciudad de Antofagasta, su único investigador privado, el antiguo minero Recaredo Gutiérrez, conocido por todos como el Tira Gutiérrez, es contratado para desvelar la identidad de un violador que está asolando a las mujeres que se acercan al cementerio local. En las pesquisas le acompaña la hermana Tegualda, una activista evangélica, que le contrató para efectuar esta investiagación.

Esta dispar pareja se enfrentará a un misterio nada fácil de desentrañar por las peculiaridades del escenario criminal, la desidia policial, y por los diversos ámbitos sociales que las pesquisas les obligan a reccorrer, donde sus muy distintas actitudes y comprensiones de la vida y las gentes, les enfrentarán a situaciones y problemas no siempre fáciles de sortear

La acción de la novela está situada en la ciudad de Antofagasta, cuya sociedad conoceremos así como se nos hablará del mundo de los mineros del interior, con sus cuitas y singularidades, que se irán reflejando en los distintos avatares que la novela va recorriendo. Otros autores chilenos de novela de intriga detectivesca nos mostraron diversos lugares de Chile (Santiago en las novelas de Ramón Díaz Eterovic, Valparaíso en las de Roberto Ampuero Espinoza, las regiones australes en las de Luis Sepúlveda, o el idílico Papudo en las de Mauro Yberra), pero ni Antofagasta ni el mundo minero había aparecido, y nos enseña una realidad con una viveza y un colorido apasionante.


historias que nos sacan de la rutina


La trama de intriga y su resolución son sencillas, no pretende hacer grandes juegos de deducción ni de procedimiento, pero nos ofrece historias personales muy interesantes, y que nos hacen pensar, pues como buena novela negra, el delito saca a la luz las motivaciones más escondidas y los comportamientos más singulares, que se salen de lo previsto, esperado y supuesto, ofreciéndonos historias distintas, que nos sacan de lo cotidiano y rutinario.

Un elemento especialmente brillante lo forma la pareja protagonista. Él, un antiguo mienro, que siempre quiso ser investigador, y que cumple el estereotipo de estos personajes: vive solo, con un despacho cutre, enrollándose con alguna clienta, y con la mera compañía de una pareja de jotes (un tipo de buitre pequeño), llamados John y Yoko. Ella, digna adepta del culto evangelista, gran seguidora de los principios evangélicos, con aspecto Bonfil, y poco femenino, que esconde un cuerpo sensual. Lo que empieza siendo una relación un tanto estereotipada entre el buscavidas y la pacata responsable, se va adensando al ir proponiendo matices a los personajes, siguiendo un principio ya planteado desde el prólogo, que logra que lo que pudiera ser un relato gracioso y simplón, se va convirtiendo en una historia llena de detalles, contradicciones y sorpresas tanto en lo personal como en las situaciones que se nos van proponiendo.

Nos ha sorprendido gratamente esta novela de intriga del gran Rivera Letelier, que se hizo famoso con La reina Isabel cantaba rancheras, y que en esta obra de género detectivesco, nos muestra un lugar y unas gentes fascinantes, pues el escenario es impactante, y las historias que se nos van ofreciendo son variopintas y de lo más seductor. Sobre todo conociendo la biografía de este autor, que antes que fraile fue cocinero, pues trabajó en el mundo minero, y conoció de primera mano los ambientes más populares de Antofagasta y su región minera.

Finalmente hemos de destacar la mirada vitalista y llena de energía que se derrama en esta novela, pues aunque bordea sin tapujos conflictos y pesares muy habituales de los seres humanos, los afronta con una entereza, una lucidez y una generosidad no muy habituales en el género negroUn encanto de novela.

Alfaguara, 2017
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José María Sánchez Pardo


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