Un abogado rebelde. John Grisham

No va a permitir que la verdad se interponga en el camino de la justicia

Sebastian Rudd es un abogado un tanto singular. Es un penalista sin despacho, por lo que su oficina la tiene instalada en la trasera de una furgoneta conducida por Partner, un mix de chópfer, asistente jurídico y guardaespaldas. Pero esta peculiar forma de llevar su negocio no es especialmente original en la novela detectivesca, pues el abogado Michey Haller, protagonista de algunas novelas de Michael Connelly tiene una forma similar de trabajo, aunque en su caso usando una gran limusina Lincoln-. Pero lo que marca la vida de este abogado es que se hace cargo de aquellos casos penales que nadie quiere, y que en demasiadas ocasiones le procuran el odio más feroz tanto del público, de las diversas fuerzas policiales e incluso de algunos representantes del estamento judicial, e incluso de algunos de sus defendidos, que no suelen entender ni aceptar nada que no signifique la absolución de todos sus delitos.

Su actuación profesional, dado que coge casos que nadie quiere, por ser muy jodidos, o bien por estar muy sentenciados por la opinión pública, transitará por aspectos más o menos legales, pues eso sí, es un feroz luchador, y en la reyerta no va a permitir que la verdad se interponga en el camino de la justicia.



el sistema judicial y procesal norteamericano


La trama de la novela nos hace recorrer varios casos en los que se precisa de los servicios de este singular aobgado, unas veces por su interés, y otras obligado por muy diversas fuerzas. De esta forma veremos agresiones, secuestros, trata de blancas, y abusos policiales, todo esto salpimentado por las singularidades de la vida de este outsider, de las cuales no es la menos importante el trato con un hijo, fruto de un divorcio explosivo.

Una peculiaridad de este autor, que aparece en varias de sus novelas de abogados, es la defensa que se hace del papel del abogado como agente de la justicia, que no es parte del cuerpo policial y fiscal, pero que tampoco está al servicio absoluto del defendido, y como en otras novelas de este autor, el protagonista tendrá que lidiar con importantes problemas éticos, generados por su rol de abogado

Pero eso no significa que el autor haga un retrato bucólico del sistema judicial y procesal norteamericano. Más bien al contrario, nos lo muestra plagado de desidia, estupidez, cobardía, podrido por intereses políticos e ideológicos, y llena de incertidumbre el leer las prácticas delincuentes para inculpar a los presuntos reos por parte de policías y fiscales.

Pues uno de los grandes temas de esta novela es mostrar la bajísima eficiencia y las prácticas abusivas y dictatoriales de buena parte de los miembros de los cuerpos policiales, los fiscales e incluso un buen número de jueces.

La imagen que se transmite del sistema de jurados y en general de la opinión pública norteamericana no resulta muy halagüeña, pues la considera plagada de estereotipos y muy fácilmente engañable y manipulable.

Pero en este apasionante cúmulo de hechos y personajes, brilla la figura del abogado Rudd, un outsider de la abogacía, un valeroso defensor de causas perdidas, pero más por su especial carácter que por ninguna pretensión benéfica, un tipo intenso, apasionado por los combates de Ultimate Fight, y aficionado a una práctica del golf un tanto asilvestrada…

El autor nos regala una extraordinaria historia de acción, con un héroe distinto, que ni quiere ser un santo ni un héroe, y por supuesto no pretende parecer un cretino ni un iluminado. Pero eso sí, también tiene sus códigos y poses, siendo una de las más chocantes su gusto por los trajes marrones, que se sale del uniformizado uso del azul marino o el gris marengo en la ropa formal de un abogado. Esto que parece una mera anécdota nos muestra esa actitud del protagonista, que está en el sistema, pero no se humilla a sus imposiciones.

Todo esto en una narración ágil, llena de vitalidad y energía, y que no nos deja respirar durante su lectura.

Plaza y Janés, 2016
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José María Sánchez Pardo


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