Las adivinaciones de Kala Persad. Headon Hill

...el encantador de serpientes hindú Kala Persad

Las adivinaciones de Kala Persad nos trae las aventuras detectivescas de un personaje bien curioso: el encantador de serpientes hindú Kala Persad, creación literaria de Headon Hill, seudónimo que utilizó el periodista y escritor inglés Francis Edward Grainger (1857-1924), cuya producción literaria se centró básicamente en historias detectivescas.

En realidad, no es correcto hablar de “aventuras detectivescas” al referirnos a las historias de Kala Persad (por lo menos a la actividad directa que él lleva a cabo), puesto que este personaje está muy lejos de ser un detective al uso de los que estamos habituados. Nada más lejos de la realidad.

Kala Persad es un hombrecillo de unos sesenta años, al que el autor describe como “diminuto y avellanado” (buena metáfora para que un escritor inglés de la época del “Raj británico” se refiera a la piel oscura del hindú), que posee un don, el “maloom” en su lengua natal: una especie de sexto sentido, un instinto animal, que le permite descubrir misterios.


muy imaginativos métodos para asesinar


Kala Persad atribuye su don a que su padre era un encantador de serpientes, a que su abuelo también lo fue y a que todos sus antepasados lo habían sido “por mil años” y eso había hecho que se volvieran también ellos como serpientes.

Las adivinaciones de Kala Persad está compuesto por cuatro relatos. En el primero se nos cuenta el encuentro de los dos personajes principales, Mark Poignand y Kala Persad, y transcurre en la India, lugar que Hill conocía bien puesto que trabajó durante una parte de su vida para la Compañía de las Indias Orientales.

Mark Poignand es un joven británico de buena familia pero sin gran fortuna. En el primero relato viaja a la India para resolver una conjura criminal contra una prima suya que vive allí. Cuando se encuentra impotente para resolver el misterio, tiene la fortuna de toparse con Kala Persad y salvarle, de manera bastante involuntaria, la vida. El hindú, eternamente agradecido para con el sahib, utilizará su don para señalarle al culpable, lo que permitirá que Poignand lo ponga al descubierto. 

Esas son las líneas maestras que se mantienen en el resto de relatos: Kala resuelve en forma de enigma el misterio y el británico realiza las acciones necesarias para atrapar al culpable y, de paso, se queda con todos los méritos. Los relatos acaban con breve sentencia de Kala Persad como colofón de su ejercicio de adivinanza previo.

Los otros tres relatos del libro ya transcurren en Londres, donde Poignand, muy consciente de las ventajas que puede sacar del don del hindú, se lo ha llevado para utilizarlo en la agencia de investigación privada que abre en la capital del imperio

En la agencia, anejo al despacho del flamante director, Kala pasa sus días, al parecer bastante satisfecho, en un cubículo donde “pasaba la mayor parte del tiempo sentado con las piernas cruzadas, entretenido con una cesta llena de cobras y mascando nuez de areca de la mañana a la noche”.

Por supuesto, en la obra de Hill están presentes los prejuicios de su época: Poignand, como blanco y británico, es quien tiene el carácter y la voluntad de llevar a cabo las investigaciones y sacar provecho económico de ellas; Kala Persad tiene un papel pasivo en el que se limita a ejercer su don, de naturaleza más bien animal, trufado con una cierta sabiduría popular.

Los relatos son muy amenos, con un logrado ritmo narrativo y una buena descripción de los caracteres. Y a señalar especialmente los muy imaginativos métodos para asesinar, que están muy en la tradición de la literatura detectivesca de la época.

En definitiva, ha sido muy interesante encontrarnos con el que es probablemente el primer detective no blanco (vio la luz en 1895) presente en la literatura detectivesca occidental.

Ardicia, 2016
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José María Sánchez Pardo


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