Bajo los montes de Kolima. Lionel Davidson

Kolima como la representación absoluta del poder omnímodo y la barbarie

Hacía mucho tiempo que no pasaba por ese trance, por esa situación tan absurda como es no poder dejar de leer y al mismo tiempo temer que las páginas del libro se acerquen a su fin. Me daba pena que terminará, mucha pena, porque ¿cuándo me volveré a encontrar con otra novela así? ¿Cuántos años pasarán hasta lograr este tipo de disfrute?

Muchas lecturas van encaminadas a conseguir ese estado, ese interés, ese gozo, a modo de drogadicto que precisa de su dosis. Pero sé, y creo que muchos de nuestros lectores más aguerridos también, que no es fácil, apenas un puñado de novelas son capaces de hacernos sentir así y esta, háganme caso, es una de ellas.

La sorpresa más absoluta ha sido el autor, del que no conocía nada, ni referencias, ni citas, tampoco busquen, en nuestro país no hay editado nada salvo una vieja novela ya descatalogada. Como escritor me ha parecido soberbio, haciendo lo difícil fácil, llevándonos, en volandas, al último rincón del planeta y colocándonos en situación, en comprensión de lo que se cuece por allí y no era nada sencillo. 

Por lo pronto tendríamos que imaginarnos Siberia, ese vasto espacio vacío, plagado de taiga, de montañas y de hielo. Siberia como ese lugar mítico por ser tan recóndito y no es sólo Siberia, esa extensión enorme de terreno que va desde los Urales hasta el estrecho de Bering, no, es el norte de Siberia, tan lejos que ya es el final del continente, no hay nada más allá, Non Plus Ultra. Y también sumarle la mítica del propio lugar en donde se desarrolla lo principal de la acción, Kolima, lugar infausto pues era donde se concentraban los gulags y los campos de trabajo de Rusia, desde los zares hasta los tiempos de Stalin. Un gran matadero. Kolima como la representación, absoluta, del poder omnímodo y la barbarie de la represión. Kolima como un territorio virgen e inexplorado plagado de riquezas y también de secretos.


un territorio virgen plagado de riquezas y secretos


La obra comienza como una novela de espías y termina como una novela de aventuras, lo mejor, todo, tanto el inicio, algo nebuloso, como la acción, continua y constante desde que se emprende la misión. Una misión en busca de un secreto, que se intuye a través de un mensaje sutil, que bien podía ser pasado por alto y que conllevará que alguien lo arriesgue todo por desvelarlo. La obra como un gran thriller muy bien trabajado, donde la acción casa perfectamente con el personaje y el territorio, tanto que después de la lectura ya no podemos imaginar Siberia sin la visión del autor.

El protagonista merece un aparte importante, un señor que no tiene nada que ver con el servicio de espionaje, que se embarca en semejante misión más por un recuerdo de una amistad que por interés patriótico. Un personaje hecho a la medida del libro, construido pieza a pieza para que encaje a la perfección en el espacio, el tiempo y la acción, una delicia.

Hay que destacar la sapiencia del autor, el manejo de los tiempos, el saber mostrarnos las cosas de manera correcta, juiciosa, entretenida, consiguiendo que no sólo nos entretengamos sino despertar un interés absoluto por saber del protagonista y del fin de la historia. Como escritor ha demostrado que sabía hacer y lo ha logrado con mucho éxito. Destacar el trabajo tan amplio de documentación que el libro aporta, se nos ha mostrado un mundo, por partes, muy completo y es un universo totalmente ajeno a nuestros afanes diarios.

No voy a contar nada del argumento, espero que ustedes lo descubran por sí mismos. La novela es una joya, algo para tener en un sitio de honor entre esos libros que son destacados. No se lo pierdan, se arrepentirán.

Salamandra, 2016
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Sergio Torrijos


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