Misterio en blanco. J. Jefferson Farjeon

Magníficas pepitas de oro en forma de novela

Misterio en blanco es el nuevo título, el cuarto, que nos ofrece Siruela en su biblioteca de Clásicos Policiacos, dentro de la colección Libros del tiempo. Como ya ocurrió con el tercer título de la colección, Muerte de un aviador, de Christopher St. John Sprigg, esta cuarta entrega tiene el destacado mérito de hacernos conocer a un autor de la edad de oro de la novela policiaca británica totalmente desconocido en España.

Y esa es una estupenda noticia para los amantes de la novela policiaca clásica… el saber que el filón de nuestra afición todavía no está, ni mucho menos agotado; que todavía existe la posibilidad de descubrir magníficas pepitas de oro en forma de novelas muy merecidamente rescatadas del negro pozo del olvido.

Porque Misterio en blanco, que llega a España tras haberse convertido la reedición británica en un best-seller, es una verdadera joya, que se lee de un tirón y se disfruta de principio a fin. Con el placer añadido de proporcionarnos algún que otro gozoso escalofrío



una tormenta de nieve detiene a un tren en plena campiña


En efecto, hay misterio, del bueno, resuelto con impecable lógica analítica; pero también hay un toquecito paranormal que no resta nada a la lógica científica con la que se resuelven los muy terrenales asesinatos que encontramos en esta novela, pero que si añade encanto y estremecimiento al relato.

Porque como dice uno de los protagonistas de nuestra historia, el muy razonable, inteligente y sensato señor Edward Maltby (miembro de la Real Sociedad de Psicología): “…hay suficientes experiencias extrañas, asombrosas y desquiciantes en los confines de la mera lógica como para eliminar la necesidad de fantasmas para nuestras explicaciones o nuestras emociones. Apenas alcanzamos a rozar los flecos de esas cosas”.

Y así, con esos flecos, Joseph Jefferson Fajeon, teje una historia, muy original y bien narrada, que comienza cuando, en la víspera de Navidad, una tormenta de nieve, como no se había conocido en años, detiene a un tren en plena campiña inglesa. Seis de los pasajeros (dos jóvenes hermanos, Lydia y David Carrington; una guapa corista, Jessie Noyes; un pesadísimo bocazas de nombre Hopkins; un triste oficinista, Thomson, sin p, y el ya mencionado señor Maltby) que no están dispuestos a pasar la Navidad atrapados en un vagón de tercera, se lanzan al exterior con el objetivo de llegar a la población más cercana. No lo consiguen y se salvan in extremis refugiándose en una casa de campo que encuentran providencialmente

La casa resulta de lo más acogedora y parece preparada para recibirlos: chimeneas encendidas, dormitorios preparados, viandas dispuestas… incluso con agua bullendo en el fuego para el té… Todo perfecto, si no fuera porque la casa está completamente desiertaY así se desencadena un misterio subyugante, al que contribuirán algunos otros personajes, además de los mencionados, y algún que otro asesinato.

Farjeon desarrolla magistralmente la historia para gozo de sus lectores, tanto de los antiguos (incluida una Dorothy L. Sayers que le admiraba francamente y que opinaba que era “un insuperable maestro en el marco de las aventuras de misterio”) como de los que ahora tenemos la suerte de disfrutar de esta historia escrita en 1937, pero tan actual hoy como siempre porque en definitiva trata de las pasiones humanas: la codicia, el odio, el miedo…

Como Farjeon fue un fecundísimo autor de libros de misterio, incluso con un par de series que parecen muy prometedoras, ojalá que Misterio en blanco no sea más que un anticipo de futuras traducciones al castellano de su obra.

Siruela, 2016
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José María Sánchez Pardo


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