El carmín y la sangre. Montero Glez

Complicado juego de fintas, amenazas y añagazas

Al comandante de la Inteligencia naval de su majestad británica, Ian Fleming, le son encomendadas dos misiones de gran calado. Por un lado hacer todo lo posible para abortar los planes nazis de conquista de Gibraltar (estamos en los primeros años de la II Guerra Mundial), y por otro lado deberá intentar seducir a los norteamericanos, encarnados en el mayor William “Wild Bill” Donovan, asesor del presidente Roosevelt, para que estos no tarden en entrar en guerra, pues la situación de Gran Bretaña es muy delicada, cercana a la extenuación.

Durante los primeros pasos que da para cumplir con estos objetivos, conoce en Gibraltar a la bailaora, Juana la Petenera, personaje con el que establecerá una singular relación que llenará de pasión y violencia estas páginas, en las que las ráfagas del levante del estrecho no harán más que avivar un fuego en el que se librarán numerosos embites llenos de astucia y violencia.

Aunque hay momentos de la novela que transcurren en escenarios como Estoril, Nueva York o Londres, el meollo de la narración transcurre entre Gibraltar y sus alrededores, donde nuestro héroe se dedicará a un complicado juego de fintas, amenazas y añagazas, que en algunos momentos nos hacen recordar las peripecias del gran mago Jasper Maskelyne, cuyas espectaculares acciones fueron relatadas en El mago de la guerra de David Fischer.


colorida panoplia de agentes dobles y triples


Como buena narración de espías el autor nos ofrece tanto lo aparente de cada personaje y situación, como las fuerzas latentes que corren bajo sus semblantes. Tanto en los diversos personajes, que nos regalarán una colorida panoplia de agentes dobles y triples, como la contínua danza de acercamiento alejamiento, de seducción y engaño, cuyos principales bailarines serán interpretados por ese rubio y aparentemente flemático militar inglés y por una racial mujer, hembra inteligente y seductora, en la que interpretarán una mascarada en la que ambos, yendo más allá de los personajes que les ha tocado encarnar, establecerán lazos emocionales que les dejarán profundas huellas.

Y como en todos sus escritos el autor nos deslumbrará con unos personajes vibrantes, llenos de matices, que van desde el patético gobernador Jock, o el almirante Godfrey, el implacable jefe del servicio secreto naval británico, pasando por la encantadora diseñadora Elsa Schiaparelli. Y del lado del terruño aparece toda una colección de guitarristas, limpiabotas chóferes o pizpiretas fascistas italianos, que llenan el texto de historias, olores y furores varios.

Y todo esto, con el telón de fondo de una España arrasada por la guerra donde campan como siniestros chacales los vencedores de la guerra fratricida, con el colmillo retorcido y la pretensión de sacarle buen jugo a la contienda de los demás, siendo su más claro representante el teniente coronel de la Guardia Civil, Ignacio Molina, un personaje que encarnará el poder dictatorial de los vencedores, y ante cuya mera presencia todos doblan la cerviz antes que perder la vida.

Pero el gran personaje de esta novela es su protagonista, el comandante de la Inteligencia naval de su majestad británica, Ian Fleming, que posteriormente sería archifamoso por ser el autor de la serie de novelas que tuvieron como protagonista al agente 007, James Bond. Y es tremendamente atractivo este personaje pues logra entrar en el aparentemente flemático duro incisivo y ejecutivo aristócrata inglés, y nos muestra su más íntima personalidad, pues tras esa máscara de imperturbabilidad se retuercen deseos desaforados violentos y agresivos, como diría el poeta, un perro negro que roe las entrañas de este singular hombre. 

Pero para los fans de James Bond, en su autor aparecerán numerosos tics de la iconografía de este popular personaje de ficción, como su atildado estilo al vestir, el gusto por los potentes coches de carreras, la mano siempre ocupada con un cigarrillo Virginia Morland Special, aunque imagino presionado por el escenario de estas aventuras, dejará de lado sus famosos vodka Martini, por un combinado de vino blanco con ginebra y corteza de limón, eso sí agitado, que no revuelto. Y por supuesto con una capacidad asombrosa de seducir y dejarse seducir por mujeres de bandera, pero ante las cuales nos sorprenderá con algunas actitudes poco vistas en sus novelas y películas.

No es la primera ocasión en que Ian Fleming, aparece como protagonista de una novela de aventuras, pues el gran Stuart Kaminsky ya le hizo comparecer en una novela de la serie del detective Toby Peters, Los Hermanos Marx en apuros, donde Fleming, en su papel de militar inglés, aparece y participa en una serie de escenas, que pudieran haber aparecido en cualquier película de su personaje Bond. Pero en esta ocasión, Montero Glez le da una profundidad, una emoción que nunca apareció en las novelas del gran espía.

Y en cuanto al estilo de la novela, ésta es otra gran muestra del magistral y arrebatador estilo de su autor, que convierte la letra impresa en papel, en una auténtica catarata de notas en un pentagrama, que es capaz de arrastrarnos en una danza que nos lleva de una soleá al recitado 

De las tribulaciones de Molly Bloom en Gibraltar, personaje del Ulises de James Joyce, y todo esto con la Venta de Vargas, nudo neurálgico del flamenco y del cante, como nudo gordiano de una acción donde se juegan la vida, el amor, el deseo y el poder de múltiples y encontrados personajesUna novela más que recomendable.

Algaida, 2016
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José María Sánchez Pardo


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