Prólogo: El suicida impertinente

El tiempo en sus manos

La nostalgia más complaciente, el guiño cómplice o directamente el codazo entre “cuñaos” son moneda común cuando echamos la vista atrás para recordar las dificultades de la juventud, los años empleados en la universidad, las estrecheces del primer trabajo, la rivalidad entre amigos, las promesas del primer amor… Juan Luis Marín aborda todas estas cuestiones en El suicida impertinente, pero no busca tanto un agradable hipnótico como ahondar en las contradicciones de la vida, señalando todo lo que empezó entonces y por haches o por bes, ha ido quedando olvidado por el camino, seguramente muy a nuestro pesar. Hipotecas, plazos, contratos, deudas, compromisos, lazos abstractos que nos separan de lo que éramos y nos convierten en almas grises.

Este discurso asumido y personal, que se alza como irracional protesta y callejón sin salida, tiene tal calado que nos enfrenta con los miedos y frustraciones de toda una generación —la llamada Generación X que, como dice la novela, tendría que haber sido Generación P, de “perdida”—. Y esa protesta sin solución viene servida en clave de peculiar thriller que confronta pasado, presente y futuro.


el muerto se cobra su venganza


Un guionista frustrado que hace años decidió alejarse de todo mientras todos le daban la espalda —el sentimiento recíproco confirma su falta de sintonía con el mundo— se suicida en la bañera no sin antes orquestar un plan que dejará en evidencia las contradicciones y mentiras, tanto piadosas como crueles, de familiares, amigos, antiguos compañeros de trabajo… incluso de su propia esposa. Para ello hará llegar una carta a una persona al azar —mejor dicho: someterá a su azarosa intención a una persona que ni se imagina lo que se le viene encima— para que lea dicha misiva el día de su funeral. Humor cruel y grotesco asegurado. Revelaciones de infidelidades e hijos no deseados. Codazos, pisotones y más cabreo y miedo que lágrimas serán las tónicas de sus exequias. Esto es solo el punto de partida de un diabólico plan trazado con tiralíneas cuyos arabescos atraparán al protagonista como si fuera una marioneta que solo puede manifestar la voluntad de su creador, que mueve los hilos desde el Más Allá.

La habilidosa combinación de registros también habla de la época que retrata Juan Luis Marín: como en el cine de los 90 —al que no faltan alusiones en estas páginas—, y más concretamente las películas de Tarantino, los Coen o las Vidas cruzadas de Robert Altman, el autor combina lo sublime y lo ridículo, lo solemne y lo divertido, lo noble y lo patético. Lo más importante de todo: el auténtico encaje de bolillos para trenzar una trama en la que es el muerto quien se está cobrando una peculiar venganza. Pese a lo chocante de la premisa, Marín sale airoso del reto porque tiene el tiempo en sus manos y hace que la lectura fluya, que la historia crezca y adquiera consistencia en nuestra imaginación.

No es difícil imaginar un ajuste de cuentas por parte del autor. Estoy seguro de que sin saberlo, Juan Luis se ha pasado media vida escribiendo esta novela. Él, como yo, es periodista, y conoce perfectamente las dificultades de la profesión, así como las promesas de futuro que tan a menudo escuchamos en otras épocas. En cierta manera, nuestra generación parece un descomunal episodio de una serie de televisión, en el que no se han escatimado medios, bien repleto de planos aéreos, extras y figurantes. Imaginen que los productores han echado los restos en la preparación de ese piloto y se han olvidado de que la serie tenía que continuar...

Off Versátil, 2016
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por David G. Panadero,
director de la colección Off Versátil
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