...Y nada más que la verdad. Robert Ludlum

Intereses que superaran el patriotismo detrás de las grandes agencias estatales

Por lo pronto la propia historia de esta novela ya daría para un buen guión de una obra de misterio. Sí, no pongan esa cara, entramos en el mundo de Ludlum y el personaje ya es fiel reflejo de lo que nos mostraría su escritura.

Por lo pronto el título, en España se publicó con este título “…Y nada más que la verdad” incomprensiblemente, el título original es “Trevayne”, apellido del protagonista de la novela. Por mucho que le dé vueltas a semejante cambio no le encuentro sentido por ningún lado

Originariamente publicada en 1973, ojo al dato que es muy importante, y bajo pseudónimo, como no podía ser de otra manera, en este caso se uso el de Jonathan Ryder. También es incomprensible el uso del pseudónimo, entramos en el universo conspirativo de Ludlum. Si observan, por Internet o cualquier otro medio, la vida y obra del autor comprenderán bien de lo que hablo, su vida, o al menos lo que se nos muestra, forma parte de un universo complejo.



las finanzas, el poder empresarial, el ejército, la mafia
 

En esta reseña no vamos a descubrir a Ludlum, digamos para quienes no lo hayan leído que es el padre de las novelas conspirativas, donde alguien se enfrenta a poderosos que usan de la violencia y poseen recursos inimaginables, entramos así en el mundo del espionaje o mejor dicho de la información delicada. Ludlum fue el primero que supo entrever que detrás de las grandes agencias estatales podían existir intereses que superaran el patriotismo y que tienen mucho que ver con el poder y la cartera.

De eso último tratará la novela. 

De dinero aunque siempre pendiente del otro platillo de la balanza, el poder. 

En el año 1973, en plena guerra fría, Ludlum ya supo vislumbrar lo que podía ser un problema enorme a escala nacional, en este caso de Estados Unidos. El lobby armamentístico poseía, y posee, un excesivo peso en la economía y un poder sin parangón. La propia administración intenta controlarlo mediante una comisión, al frente de ella se coloca a Andrew Trevayne, un hombre de éxito empresarial y económico, que intenta poner coto a ese peso excesivo de esa industria. A partir del momento que es nombrado y que inicia las gestiones se verá enfrentado a fuerzas que le superan. Las finanzas, el poder empresarial, el ejército e incluso la mafia pugnan por hacer fracasar sus gestiones. Los intereses, a modo de vasos comunicantes, entre industria, finanzas y estado son de tal calibre que parecen fagocitar al poder ejecutivo. Entraremos así en un mundo donde la conspiración es un hecho real. Se demuestra así que Ludlum en el año 1973 ya comprendió que los grandes magnates intentarían o intentaban ya controlar el estado, que al fin y al cabo es la mayor empresa de un país. Vamos a poner un ejemplo que aclara mucho de lo explicado:

―Cita a Hoftader: las leyes antitrust son “mustia pasión reformista”. Y a Galbraith: la moderna tecnología ha producido el “estado industrial”. La competencia, en esencia, no es un regulador viable. Los enormes recursos que exige la tecnología actual provocan una concentración financiera…En cuanto se acepta ésta ―y la ley tiene que operar sobre las cosas prácticas― es responsabilidad del Gobierno, y de la ley, actuar como regulador y protector del consumidor. Como civilizador, si se quiere…

No pongan esa cara, no es un ensayo económico, es una disección inteligente de la realidad capitalista, que por esencia interna no busca la competencia sino el monopolio, es decir, la manera mejor de obtener mayor beneficio.

Ludlum es un gran autor. Con la clarividencia del que observa con sensatez la realidad que le rodea. Sorprende que en esos años ya fuera capaz de diseccionar la realidad económica y que ahora, al leer la novela es más evidente, comprobamos que estamos en el mismo punto o peor, que la realidad no ha cambiado, que los poderosos son capaces de provocar grandes crisis y aprovecharse de ellas, que poseen el predominio del sistema. Sí, lo entiendo, pero creo en las conspiraciones y tras leer esta novela aún más. Podríamos asegurar que lo que ahora vivimos no es una crisis sino una conspiración, la pregunta sería ¿para qué? o mejor aún ¿quién se beneficia de todo esto?

Mejor sigamos.

Como novela No es la mejor de Ludlum pero tiene sus mañas como escritor y es un buen prosista. Eficaz y capaz de generar tensión con muy poco. Les animaría a que la echaran un vistazo pero encontrarla es misión difícil, si se topan con ella no pierdan la ocasión.

Ya saben todos que nos gusta mucho Ludlum y sus conspiraciones. Sus tramas enrevesadas y complejas que terminan siempre con algo absolutamente inesperado. De Ludlum se podrán decir muchas cosas pero que sus novelas no son sorpresivas no estaría entre ellas.

Ediciones B, 1989
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Sergio Torrijos


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