Hans Hellmut Kirst. Aventuras bélicas del sargento Ash

El horror del combate y sus consecuencias



Violencia y dosis de humor negro
Las vicisitudes de una batería artillera del ejército alemán en el frente ruso durante la II Guerra Mundial, permite al autor mostrar muy variados aspectos de la vida en el frente, desde las relaciones personales al horror del combate y sus consecuencias.

De esta forma se nos muestran las singulares relaciones entre los diversos grados militares: la relación jerarquicida, pero no tanto, entre soldados suboficiales y oficiales, con las diversas modalidades del respeto, de la desconfianza y del ejercicio del poder y de la sumisión que se da entre todos los participantes en esa singular reunión humana que resulta un grupo de militares en el frente de batalla.

Un tema muy interesante es el de la falta de sintonía entre los soldados fogueados por los combates y los de academia, que pretenden revivir glorias y heroísmos idealizados por la fanfarria militarista. 

Es de destacar la de sintonía que se nos relata en diversos episodios entre las sensaciones y valoraciones de los hechos militares entre los soldados de primera línea y los de retaguardia. De ahí la incomprensión entre aquellos que vienen del horror de la batalla y los que solo la conocen por los partes oficiales, o por la propaganda oficial. Esta paradoja lleva a situaciones de gran violencia interpersonal, en algunas ocasiones engrasada con buenas dosis de humor negro.


un delirio que provoca horror y muerte


Otro tema que aparece en esta novela es el de realizar un pequeño documental a base de imágenes y situaciones variopintas de la población alemana cotidiana en la Alemania de la guerra, que no sufren aún de los efectos devastadores directos de la misma, pero a los que le llega su inquietante martilleo. Así se nos hablará de diversas implicaciones para la población civil de la guerra, principalmente escasez de productos básicos, el miedo a expresar cualquier tipo de opinión meramente cuestionadora de la guerra y su razón, y el dolor y angustia ante el paradero de los seres queridos.

En este apartado de la vida en zona civil es de destacar las diversas situaciones en que se nos narra el no fácil encaje de los soldados al volver del frente por el tipo de vida a la que se han acostumbrado para sobrevivir en tan horrísona situación, una serie de actitudes y tensiones a los que están acostumbrados para sobrevivir que choca con los de la población civil que vive en otro marco emocional.

Un terrible capítulo aparte es el referido al río de sangre que provocan las necias necesidades de gloria y victoria de militares novatos y codiciosos de honores, cuyo delirio de lo que es la guerra lo único que provoca es horror y muerte aún más inútiles de los provocados por las propias acciones bélicas.

Y en esta serie de historias surgen con gran potencia una serie de personajes casi prototípicos: el estoico y dolorosamente lúcido sargento Asch, el desatinado y miserable capitán Witterer, el sagaz y terrible espectador de la sinrazón teniente Wedelmann, Schulz el factótum del cuartel que sin graduación domina todo el cotarro burocrático de retaguardia, y el personaje que más me ha gustado Soeft, el abastecedor de la batería, personaje cínico y vital que combate con su humor negro la sinrazón de todo lo que les rodea.

Un capítulo aparte resulta el de las alteradas relaciones entre hombres y mujeres por la exacerbación de la guerra, que lleva al extremo las pasiones y las necesidades. En esta línea es de destacar el episodio de la función realizada a los soldados por parte de un grupo de mujeres del llamado servicio de recreo.

Pero no faltan cruentas descripciones de hechos de guerra, en los que se entreveran escenas que permiten acercarnos a conocer el contraste entre la vida de trinchera apalancada con el horror del combate.

Una novela que nos habla de la guerra y sus obligados protagonistas, sin exaltaciones, ni patrioterismos, mostrándonos el nivel de distorsión a la que puede llegar un ser humano en tan dramática situación.

José María Sánchez Pardo



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