El signo del miedo. Margery Allingham

Una de las grandes damas de la Edad de Oro de la novela policiaca

¡La paz mundial en peligro! 
El signo del miedo es la quinta de las veintiuna novelas, y algún que otro cuento, en los que aparece Albert Campion, el singular personaje creado en 1929 por Margery Allingham, una de las grandes damas de la Edad de Oro de la novela policiaca. 

En esta novela, escrita en 1933, Campion, que Allingham había presentado por primera vez como personaje secundario, ya tiene su peculiar personalidad muy definida: un joven amable y de apariencia anodina; alto, rubio y delgado, con unos apagados ojos azules, escondidos tras unas enormes gafas de concha, de los que de vez en cuando se desprende un brillo que deja entrever su verdadera inteligencia, carácter y valor

Campion no es un detective al uso, sino más bien un aventurero dispuesto a embarcarse en cualquier situación que ofrezca peligro y donde el “Tío Albert”, como le gusta llamarse a sí mismo, pueda colaborar en una buena causa.

En El signo del miedo Allingham nos ofrece una aventura muy entretenida y contada con agilidad y grandes dosis de humor. La titularidad de un diminuto, pero muy rico y estratégicamente bien situado, reino adriático, Averna, se encuentra en litigio, con el peligro de que pueda caer en las peores manos posibles y ello ponga en peligro la paz mundial.


Albert Campion: genuina vida e interés propio


Afortunadamente Albert Campion tomará cartas en el asunto y sus peripecias darán lugar a una apasionante aventura en la que encontramos enfrentados al millonario Brett Savanake, en la mejor tradición de los supervillanos clásicos, apoyado por su banda de peligrosos sicarios, y a los tres hermanos Fitton, ruinmente despojados de su legitima herencia.

Es especialmente atrayente el personaje de la joven Amanda Fitton, que llegará a ocupar un papel muy importante en la vida de Albert Campion, y que se nos aparece como un prototipo de la nueva mujer emancipada del siglo XX que va desbancando a la mujer tradicional de épocas anteriores.

Y como escenario fundamental de la acción, un pintoresco pueblecito de Suffolk, lleno de encanto y también de alguna que otra curiosa superstición.

Dicen que la Allingham creó a Albert Campion como una parodia del Lord Peter Wimsey de Dorothy L. Sayers. Puede que fuera así, pero lo cierto es que tuvo el talento para despegar pronto a su personaje de la parodia y dotarlo de genuina vida e interés propio.

Lo que si tienen en común Campion y Wimsey es su origen aristocrático. En El signo del miedo se llega a saber que Albert, cuyo nombre es un seudónimo que oculta su noble origen, puede heredar un título y convertirse en Par del reino, idea que no parece entusiasmarle.

Allingham (1904-1966) se definió como “… una mujer muy amante de su hogar, con principios democráticos y convicciones muy poco heterodoxas”.

Esos principios democráticos son seguramente los que influyeron en las relaciones tan afables, e inusuales para su época, que Campion muestra hacia cualquiera, sin tener en cuenta su clase social, y especialmente con su peculiar criado, Magersfontein Lugg, un antiguo delincuente que suele tener bastante importancia muchas de sus aventuras y que se muestra de lo más irrespetuoso con su señor, aunque le guarde la más absoluta devoción y lealtad. Una relación la de Campion y Lugg a años luz de la que, por ejemplo, mantiene Lord Peter Wimsey con su criado Bunter.

Porque esa es una característica Campion, la capacidad que tiene para establecer una poderosa red de amigos de todo tipo y condición, desde las esferas más altas a las más bajas, incluida una muy buena relación con la policía y diversos delincuentes, unos y otros fundamentales a la hora de desarrollar con éxito sus aventuras. 

En esta historia cuenta con la colaboración de tres amigos: Farquharson, Eager-Wright y Guffy Randall. Los tres son jóvenes, adinerados y de clase alta y los suponemos antiguos compañeros de estudios del llamado Campion por quien muestran una amistad y lealtad absoluta. 

La relación entre Campion y sus amigos es verdaderamente divertida. Hay en ella ese tono ligero de camaradería profunda nacida de la convivencia en los más exclusivos internados (en otras entregas de las aventuras de Campion se nos hará saber que nuestro héroe ha estudiado en Rugby y en San Ignacio College, este último ficticio) que parecía caracterizar a las jóvenes de la más alta sociedad británica. Un poco al estilo de las relaciones que luego encontraremos en los jóvenes personajes de Wodehouse; aunque el irascible Lugg poco tenga que ver con el sibilino y ceremonioso Jeeves. 

En definitiva, una novela divertida, que derrocha ironía, optimismo, buen humor y entretenimiento.

Impedimenta, 2016
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José María Sánchez Pardo


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