Donald Trump para dummies

Numerosos académicos y profesionales comparten la visión de “hacer América grande de nuevo”


Todo para la Humanidad, nada contra la Nación
Fernando Pessoa




Pocas semanas antes de su fallecimiento, Gustavo Bueno, uno de los pocos intelectuales solventes de nuestro país, afirmaba que en España tenemos el cerebro hecho polvo. Daré por supuesto, y se que con esto filtro lectores, que España incluye a efectos del argumento tanto a catalanes, como a vascos y a gallegos pero no a portugueses o gibraltareños. Benditos sean estos dos últimos grupos humanos.


Trump no sigue otro guión que el suyo propio


Entre los muchos indicios de masiva falta de riego sanguíneo cerebral están la mayoría de las opiniones que los españoles, tan democráticos y listos ellos, no dudan expresar sobre las Elecciones Presidenciales norteamericanas cuando estas tienen lugar. Ignorantes e irracionales a partes iguales, como corresponde a todo lo que intelectualmente procede de un país en estado socio-psicológico de regresión profunda provocada, en gran medida y muy probablemente, por la ideología social-comunista o católica de más del 76 por ciento de su población; hago caso omiso, a efectos estadísticos, de los numerosos y crecientes afiliados al infrahumanismo de minarete cuyos protagonistas tienen una textura mental muy similar a la de los rebaños anteriormente citados. 

Con ocasión de los actuales comicios no ocurre nada que se separe un ápice de lo dicho para otros anteriores. Acabo de comentar con una amiga que escribiría un artículo, en cierto modo laudatorio por ser informativo y no crítico, para dar a conocer muy por encima en qué consisten los planteamientos del candidato del Partido Republicano. Lo primero que ha surgido de su boca es: “Trump es racista”. Con familiares cercanos, a los que quiero suponer en otro lugar del espectro político, la opinión es que Trump era “misógino e impresentable”. No os quepa duda que estos calificativos me iban haciendo, si cabe, cada vez más atractiva la figura del candidato que ya venía orlada por cierta afinidad automática, a la vista de quien era su opositora: la corrupta Hillary Clinton, miembro como el actual y saliente inquilino-payaso de la Casa Blanca de la fraternidad del asno. No otra cosa, ambos, que empleados de alto nivel del capital financiero.

Voy a a limitarme a consignar las palabras de otras personas, en este caso partidarios de la candidatura de Trump. Son en su mayoría intelectuales, formados y respetados que han tenido la osadía de hablar en favor del “anticristo”. Muy pocos lo han hecho, es una candidatura con apenas apoyo mediático y escasísimo seguimiento entre los académicos. Lo cual voy adelantando, por frecuentar a personas procedentes de estos ámbitos, honra a The Donald. Antes de dejaros a solas con los conceptos que trataré de versionar lo más correctamente posible, comunicaros que para mí: “racismo”, “sexismo” o “fascismo” son meros flatus vocis emitidos en la mayor parte de los casos por imbéciles irremediables o por, como los califica Nassim Taleb, IYIs (Intellectual Yet Idiots) 

“Asesinato”, “robo” o “engaño” me parecen conceptos mucho más adecuados para exponer graves lacras de nuestra sociedad. Desde 1917 hasta 1990 han coincidido, en numerosos casos, en las mismas personas de determinado grupo de países, las tres “no virtudes” citadas. Epígonos de estas abracadabrantes aportaciones, siguen dando la tabarra disimulando tras un "buenismo” descerebrado y mendaz su asquerosa y sanguinaria predisposición de fondo. Creo que con esto he filtrado aún más interesados; demos comienzo pues, lector amigo, para no quedarnos a solas tu y yo, con el artículo en sí.

Los académicos que firmamos este documento expresamos nuestro apoyo al candidato presidencial Donald J. Trump. Contrariamente a la ficción difundida por los medios de comunicación dominantes y al “establishment” del Partido Republicano, aquellos que apoyan a Trump ni están mal informados, ni son semiletrados. Conocemos numerosos académicos y profesionales que comparten la visión de “hacer América grande de nuevo”.

Nuestro grupo está comprometido decididamente en la reversión de la dirección en la cual lleva moviéndose nuestro país desde hace décadas, bajo administraciones republicanas o demócratas. Es por ello por lo cual deseamos terminar con los perjuicios que está siendo infligidos, tanto a los trabajadores como a las clases medias.

Rechazamos también el esquema de restricción de la libertad de pensamiento y de expresión que está siendo impuesto, tanto por las agencias gubernamentales, como por las universidades y los medios de comunicación, en el nombre de “lo políticamente correcto”.

Respetamos a Trump como candidato que haga respetar la ley y dedique sus esfuerzos a hacer nuestras calles y nuestras fronteras un lugar más seguro. Trump no atribuye a los propietarios de armas, ni a los cristianos fundamentalistas, auténticos chivos expiatorios de la Izquierda, la responsabilidad de los ataques terroristas o la ausencia de orden en nuestras calles; con buen juicio considera que la amenaza básica para nuestra seguridad viene de los extremistas musulmanes y de los criminales violentos”.

Con relación a la política exterior o a los “neocon”, que la han controlado no sólo con Bush Jr. sino en gran medida también con Obama, citaremos a Paul Gottfried:

“Los neoconservadores tienen su propia idea del nacionalismo americano, basada fundamentalmente en proponer una enérgica intervención en los asuntos de otros estados y fomentar la inmigración, que en la actualidad proviene principalmente del Tercer Mundo. Ambas posiciones fundacionales se basan en la idea de que la identidad americana descansa en la creencia en una supuesta igualdad universal. Cualquiera que crea esto podría ser considerado americano, y estos “nuevos americanos” se convertirían en decididos defensores de la nación, al margen de aportar mano de obra barata imprescindible para el crecimiento económico. Más decisivo es, si cabe, la escasa dificultad que tienen los "neocon" para atraer todo tipo de donantes corporativos generosos postulando estas ideas, siendo como es que además muchos ellos mantienen un ferviente sionismo. Por poner un ejemplo: el magnate australiano de la prensa, Rupert Murdoch, ha sido especialmente generoso con este grupo pero no es el único donante “desinteresado”.

La congruencia entre el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR) y los “necocon” es máxima. Trump es lo más opuesto al imbécil manipulable que ocupó la Casa Blanca antes de Obama y al que sus asesores convencieron para lanzar una guerra preventiva contra Irak; Trump no sigue otro guión que el suyo propio. Proyecta, como Putin o Berlusconi (demonizados ambos por los medios dominantes), una imagen de “macho” que resulta incómoda para la izquierda eunuca y becerra compuesta, fundamentalmente, por seudointelectuales estupidizados y narcisistas.

En The Atlantic un buen observador como David Frum, señala que las emociones liberadas por los estudiantes universitarios durante “Occupy Wall Street” palidecen ante los sentimientos mostrados por los partidarios de Trump. Hay una rebelión clara dentro del Partido Republicano contra el dinero organizado. Las lineas divisorias de clase social ya no se dan entre los partidos sino dentro de los mismos partidos. Los partidarios de Trump no son “superconservadores”, de facto no suelen pensar en términos ideológicos. Son personas que sienten que la vida en Norteamérica era bastante mejor para ellos en el pasado y quieren que su país vuelva a estar ahí. He aquí una serie de bastante lúcidas propuestas hechas por un académico sureño, Clyde Wilson, partidario de The Donald:

1 Retirada de las tropas norteamericanas de Irak y Afganistán. 

2 Unirse a Rusia en la destrucción de ISIS, preparando la retirada definitiva de Siria. 

3 Dejar de mediar en las luchas sectarias entre facciones islámicas, salvo casos de muy estricta necesidad. Debemos limitarnos a comprar petróleo en la zona y no manipular la política en beneficio de las corporaciones. 

4 Hay que limitar la presencia e influencia de Arabia Saudita, de los Estados del Golfo y de Israel en nuestra política interna y controlar el acceso de personal extranjero sospechoso, especialmente chinos, en posiciones relacionadas con la Defensa. 

5 Convertir la OTAN en una organización europea, con una mera presencia simbólica americana y dejar de provocar a Rusia en sus fronteras. 

6 Construir el muro con México. 

7 Conducir una investigación independiente sobre nuestras políticas monetarias, volver a poner en vigor la Ley Glass-Steagal que separa la banca comercial de la de inversión y demandar que los bancos “rescatados” devuelvan lo saqueado al Tesoro. 

Creo pues que con esto basta, como introducción básica a la configuración ideológica que propone Trump. Es posible que ambos candidatos no sean otra cosa que máscaras del “establishment” en cuyo caso las Elecciones del 2016 podrían ser similares a las que se desarrollan en relatos o novelas de Philip K. Dick: simulacros elaborados por élites ocultas mientras en secreto se vende la tierra, “bajo los pies de los que no nacerán”, a los extraterrestres que están a punto de llegar. No hay que tratar a la ligera esta posibilidad.

Desde un punto de vista más a pie de tierra y desmitificador, obviamente dañino para quienes pretenden convertir las Elecciones en un referéndum sobre la “estupidez” del candidato republicano y sus votantes, estaría la opinión de Edward Luttwak, conocido y heterodoxo especialista en Geopolítica e Historia Militar de Bizancio que en un artículo sublime, a la contra de todos, publicado en marzo de este año en el Wall Street Journal compara estos comicios con los que en los albores de los ochenta dieron el poder a Reagan. Reagan fue demonizado cruelmente por gran parte de los medios, no olvidemos el poder que los repelentes comunistas subvencionados por la antigua URSS tenían en el mundo cultural de la mayor parte de los países occidentales. En la España de la Transición la campaña fue brutal. No os quepa duda, el triunfo de Ronald Reagan y el viejo Hollywood me alegró profundamente.

Tras de calificar de histeria y fobia las admoniciones apocalípticas de quienes ven en Trump algo así como un anticristo laico, Luttwak señala con cordura que será un buen administrador público ya que su victoria, de ocurrir, será mediante una campaña bastante más barata que la de su contrincante, aquejada de una grave lesión cerebral y apoyada por los grandes consorcios financieros y el complejo militar industrial en pleno.

No cabe duda que habrá menos activismo y ecologismo extremo subvencionados, y que las propuestas sobre minorías pasarán al cajón de los recuerdos, pero esto no sólo no es malo, como no lo es una política exterior mucho menos agresiva y nada tolerante con el extremismo musulmán al que seguramente extirpará unido a Putin, esto es mejor que bueno. En general y tal y como están las cosas un triunfo claro de Trump será muy beneficioso, al menos sobre el papel, para el pueblo norteamericano. 

Con relación a Europa esa es ya otra cuestión pero a lo mejor Europa necesita un proceso de reestructuración drástico similar a USA


You make me crazy, you make me wild
Just like a baby, spin me 'round like a child
Your skin so golden brown
Be young, be dope be proud
Like an American.



Frank G. Rubio



Publicar un comentario en la entrada