Doble reseña: Sangre en el Volga y Orgullo de soldado. Karl von Vereiter

Escritor arquetípico de la posguerra española que luchó en el bando de los perdedores



Sánchez Pascual (verdadero nombre de Karl Von Vereiter) es un escritor arquetípico de la posguerra española debido a su inclusión dentro de otro grupo más amplio de personas: las que lucharon en el bando de los perdedores. Lógicamente, estos individuos no encajaban ni por asomo en un nuevo orden de cosas basado en la mediocridad y en la amoralidad más absolutas. De modo que, durante décadas, no tuvieron más remedio que culebrear entre editoriales draconianas mientras escritores de segunda adheridos a las tripas del Régimen se colocaban en primera línea

La posición que aquellos hombres de letras olvidados y reemplazados ocupan en la historia de la literatura española es la mejor prueba de que el tiempo no pone a todos en su sitio. Pero gracias a Dios, el presentismo masoquista en el que vivimos es contrarrestado por unos pocos aventureros que han logrado abrir grietas en ese muro erigido con novelas de tertulianos mañaneros y políticos fracasados, recuperando para nosotros -los jóvenes- las obras de autores que nunca debieron caer en el olvido. 




cualquier moda literaria para pagar las facturas


Las dos novelas que aquí reseño -Sangre en el Volga y Orgullo de Soldado- cuentan las correrías de pequeños grupos de soldados alemanes en el frente oriental. Los hechos históricos en los que se enmarcan los personajes -el asedio de Stalingrado y la conquista de la Polonia soviética- no tienen mucha importancia. Lo que cuenta son las vivencias diarias y las impresiones de individuos inmersos en una locura colosal; individuos que, frecuentemente, odian más a sus superiores que a sus enemigos o que se arriesgan a ser fusilados robando raciones de comida que acaban compartiendo con campesinos enemigos. En cualquier caso, no son novelas para meditar sobre el sentido de la guerra ni tampoco historias de batallas como las modernas películas bélicas. Se trata de novelas de acción poco violentas y más bien dramáticas, cuyo punto fuerte es la identificación del lector con los protagonistas mediante una ambientación detallada del entorno y de las relaciones que los soldados van estableciendo con los personajes que les salen al paso. 

Puede sorprender encontrar a un veterano de la Guerra Civil (que además, tuvo que exiliarse al concluir esta) escribiendo novelas bélicas en las que los protagonistas eran fascistas muy parecidos a aquellos contra los que luchó. Hay que tener en cuenta que escritores con las características socio-políticas de Sánchez Pascual no lo tuvieron nada fácil para moverse libremente por el mundo de la cultura y optaron por “enrolarse” a cualquier editorial o moda literaria que les permitiera seguir pagando las facturas. 


las trincheras de las calles derruidas en Europa


En cuanto al auge de las novelas bélicas filo-germanas, recordemos que en los 60s hubo un proceso de “humanización” -digamoslo así- del pueblo alemán; pueblo cuyo famoso “Milagro económico” generó un crecimiento que salpicó a todas las naciones occidentales. Por eso, en esa década, empezaron a publicarse diarios de soldados que daban testimonio del sufrimiento de los alemanes durante la guerra y también, novelas de ex-combatientes -como Sven Hassell- que relataban el conflicto en clave de aventura, tal y como lo habían estado haciendo los estadounidenses desde Hollywood. Sánchez Pascual aprovechó el tirón comercial pero abordó este género desde un punto de vista más psicológico que violento, también en boga en la época (como atestigua la obra de Gunter Grass).

La forma más sencilla de describir las novelas de Verieter es diciendo que son pura literatura, entendida esta como una semblanza de vida de una verosimilitud incuestionable. Por un lado, el autor nos mete en las trincheras de las calles derruidas de las capitales europeas y nos hace sentir el cansancio de las largas caminatas. Por otra, asombra su dominio dramatúrgico con constantes escenas grupales contadas con claridad cristalina, así como con la evolución de los personajes y sus conflictos personales. 

La única pega que puede achacarse a estas novelas es que carecen de un conflicto central que vaya calando poco a poco en el lector y que, más bien, consisten en una sucesión de escenas entretenidísimas pero un tanto prescindibles para el siguimiento de una trama bastante laxa. Dicho esto, hay que tener en cuenta los cerca de 2.000 títulos que este hombre escribió a la velocidad del sonido en todos los géneros imaginables y, también, la altísima calidad de sus obras, teniendo en cuenta las circunstancias... y a la competencia de la época (cuya categoría de “grande escritores de la España contemporánea” es, a mi entender, bastante cuestionable). 

Puede considerarse a tipos como Vereiter o Silver Kane verdaderos escritores de Pulp a la altura de Robert H. Howard o Robert Bloch. Ellos también escribieron llevados por una constante necesidad económica compatible con una alta exigencia artística. Y también inundaron el imaginario colectivo de nuestros padres y abuelos de ambos lados del Atlántico, conformando una cultura popular de la que, desgraciadamente, apenas recogieron sus frutos. Si estos hombres hubieran gozado de la libertad de movimientos de un Cela o un Torrente Ballester, quién sabe qué habría salido de esos cerebros prodigiosos. 

En definitiva, recomiendo la lectura de las obras de Vereiter, no sólo como un magnífico entretenimiento, también, como un ejercicio saludable de literaturalidad (no busquéis la palabra, que me la acabo de inventar).


J.L. Hernández


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