Camaradas del frente. Sven Hassel (monográfico Literatura Bélica)

Sven Hassel es chocarrero, marrullero, barriobajero, brutal



Continuamos con la tercera novela del gran autor de novela bélica, Sven Hassel. Tan sólo catorce títulos, y ponemos la atención en el lamento de tan poca producción porque como autor tiene la facultad de obligar al lector a devorar sus libros.

En esa obra, “Camaradas del frente”, Hassel se toma un respiro en sus afanes bélicos. 

La acción comienza en un hospital militar donde varios de su grupo de personajes sanan de heridas y el autor aprovecha para contar otra parte de la guerra, la retaguardia. En especial la vida en el hospital militar, el trato con las enfermeras, con parte de la población civil y también de los efectos de los masivos bombardeos aéreos. 

Si nadie ha leído nada de Hassel es normal que todo le suene extraño, más aún cuando se imagine a algún soldado herido que heroicamente se repone de sus heridas, claro salvo que falta el carácter de los personajes de Hassel, voy a poner un ejemplo para que sea más gráfica la explicación:

Siete días más tarde, cambié de sala y me encontré en la misma habitación que Hermanito y el legionario. Hermanito tenía ya pendiente un castigo de siete días de calabozo por haber gritado: “¡Hurra! ¡He aquí las putas! ¡Al catre camaradas!”, cuando compareció la enfermera jefe rodeada de sus acólitos. Alboroto monumental, como es lógico, y sanciones por parte del médico en jefe. Nuestro pobre camarada no lo entendía en absoluto. Aún no había captado la diferencia entre un hospital y un burdel

Los soldados pueden ser heroicos pero también son humanos, gustan de los burdeles, de las señoritas que venden sus favores más íntimos, pertenecen a todo tipo de estrato social, en especial el más bajo, que la obra nos explica francamente bien, y lo que se narra en la obra tiene visos de veracidad. Son violentos y vengativos, distinguen con claridad los buenos de los malos porque han estado en demasiadas ocasiones en el punto de mira de la autoridad.


el humeante aroma de los blindados y la muerte


Sven Hassel es chocarrero, marrullero, barriobajero, brutal casi siempre, sus personajes tienen poco respeto salvo por la fuerza y por la verdad que representa un balazo. Su principal miedo es un pelotón de fusilamiento, porque parten de una premisa básica, de la guerra se puede sobrevivir del pelotón no.

Todos los personajes pertenecen a un batallón de “castigo”. Un invento alemán, que también se usó por otros ejércitos, que consistía en unir en una unidad militar a soldados con expedientes disciplinarios, es decir, lo peor de cada casa. Esas unidades eran destinadas a las labores más arriesgadas o más indeseables del aparato bélico.

Del hospital pasan al frente, al este, en un período de descomposición del frente y cuando perciben que la guerra gira en su contra. Ahí en ese punto es dónde mejor se mueve Hassel, los capítulos de acción son ejemplares, sin un respiro, sin piedad, se puede sentir el olor de la cordita, el humeante aroma de los blindados y la muerte, siempre presente en primera línea del frente, todo ello en un ambiente de violencia en estado puro que ya la quisiera para sí muchos cineastas, pongo un ejemplo para que perciban la brutalidad que nos muestra:

María había soportado sus caricias en una choza abandonada, en las proximidades del camino paralelo. Como ella se resistiera, él la había asfixiado, le había arrancado la ropa y, lúbrico, le había manoseado y mordido en un pecho. Era un bruto vestido de suboficial, en el que ardía un deseo animal. Una vez satisfecho éste, había entregado a la joven a sus compañeros. De los labios del grueso gendarme habían salido palabras de amor que él creía adecuadas incluso en el curso de una violación. Ella había permanecido como muerta mientras el hombre la violaba; para terminar, él le había separado los dientes y, tranquilamente, le había escupido en la boca. María había vomitado; aquello era peor que las torturas de los partisanos

La obra no hay que verla como una novela lineal, tampoco importa a Hassel fechas o datos concretos, lo que nos intenta mostrar son escenas de soldados, en ambiente de soldados y en lugares donde sólo están ellos. Importa poco el lugar o la dirección del frente, los datos históricos se obvian, no importan, Hassel quiere mostrarnos otra cosa, la vida del soldado común y corriente y lo consigue.

Las novelas de Sven Hassel pueden ser criticadas por su calidad pero nunca por su capacidad para entretenernos, lo que nos muestra es vívido y real y por algo siempre se jactó de nutrir sus novelas con hechos que él mismo vivió.

Sus personajes son extravagantes, estrafalarios, únicos y se hacen más únicos conforme se les conoce.
El teniente se sentó pesadamente sobre su maleta, ocultó la cabeza entre las manos y sollozó como un niño. ¡Sus camaradas! Sí, le hubiese gustado tenerles junto a él… Aquel bruto de Hermanito; el Viejo, tan paternal; el malicioso Porta; el petulante Julius Heide; el legionario, seco y brutal…

Sergio Torrijos


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