Big Red One. Samuel Fuller

El odio que albergan los corazones de una minoría de desalmados


El soldado de infantería enfundó su navaja.
Tuve que utilizarla con ese alemán para sacarle esta gorra.
¿Cuándo ocurrió?
Pues hará una hora –cerca de ese Cristo de la cruz.
¿El alemán le disparó?
Me abalancé contra él antes de que pudiera hacerlo.
¿Iba armado?
¿Por qué señor? –el soldado de infantería empezó a marearse.
¿Le gritó algún mensaje?
Esa mierda de siempre de que la guerra ha terminado?
El capitán le acercó la botella.
Acábesela.
El soldado de infantería bebió lo que quedaba de ella.
El capitán empezó a hablar lentamente.
Se firmó el armisticio a las once de la mañana.- Consultó su reloj-. Hace cuatro horas.
El soldado de infantería pareció envejecer de repente. Empalideció como un cadáver mientras se fijaba en el ribete rojo que sostenía con la mano.
Yo le maté –dijo el soldado de infantería.
Usted no sabía que la guerra había terminado.
Pero él sí.

Big Red One, o Uno Rojo, División de Choque es la más popular de las novelas del escritor y cineasta estadounidense Samuel Fuller. Una obra que comienza con un primer capítulo en el que de entrada nos ofrece un alegato antibelicista. Fuller combatió en la Segunda Guerra Mundial encuadrado en la 1ª División de Infantería, luchando en escenarios como el norte de África, Sicilia, Normandía, Bélgica y Alemania. Por su valor en combate fue condecorado con la Estrella de Bronce, la Estrella de Plata y el Corazón Púrpura.

En su obra Big Red One, todo un referente del género bélico, se percibe un fortísimo componente autobiográfico que Fuller utiliza para expresar lo que sintió durante aquella guerra. A cada página están presentes sentimientos como la camaradería, el miedo que siente un soldado al entrar en combate o los remordimientos por matar a otros hombres.


El bote del sargento tembló debido a las reverberaciones del proyectil. Calculó los fogonazos. Cada diez segundos, el cielo quedaba inundado por una luz cegadora y cálida que duraba seis segundos. Tenía diez segundos de oscuridad para lograr algún tipo de avance. Cuando uno de los fogonazos que estaba directamente encima de él empezó a apagarse, gritó: “¡Ahora!” y los dos marineros hicieron descender la pesada rampa que crujía. La parte inferior de la rampa estaba a un metro sobre el nivel del agua. El escuadrón sostenía sus armas, en plena oscuridad, los hombres se ajustaron las tiras de los cascos, y después siguieron al sargento por la rampa hasta caer al agua a una profundidad de un metro ochenta

El timonel y dos de los marineros, al darse cuenta de que su embarcación sería alcanzada en cualquier momento, decidieron abandonarla y seguir al resto de soldados por la rampa

Los hombres avanzaban lentamente. El fuego de las ametralladoras hacía estragos

No sólo se trata de una obra de gran fuerza sentimental, pues al tratarse de una novela bélica se narran los combates con gran intensidad. Prueba de ello es el citado texto en el que se narra el desembarco de las tropas estadounidenses en Sicilia. A cada página que leemos, el fuego alemán parece acosarnos, vemos a los compañeros caer a nuestro alrededor y asaltamos fortificaciones enemigas de la mano de un veterano sargento y cuatro de sus mejores hombres.


un mensaje de paz y de esperanza


Es justo reconocer que Fuller ha sido capaz de entretejer distintos lienzos bélicos para crear una novela fluida que nos hace vivir sangrientos acontecimientos históricos como si estuviésemos en la línea del frente. Pero, a lo largo de sus aventuras, el sargento y sus “cuatro jinetes”, no sólo deberán esquivar el fuego de las ametralladoras y de los cañones, también deberán enfrentarse a un implacable villano, el sargento Schröder, del que hay que decir que es el personaje mejor definido de la novela.

El alemán en cuestión era Schröder. Un águila sobre las esvástica del flanco izquierdo de su casco; un escudo negro, rojo y blanco a mano derecha. Su holgado uniforme gris albergaba la máquina de matar más fanática de la Wehrmacht.
Cruz de Hierro Primera Clase. Placa de Herido. Tres granadas en su cinturón. Una en la bota. Llevaba colgadas unas gafas de campo y una brújula que se balanceaban sobre su pecho. 
Tenía dos fundas de piel negras de seis cartuchos para su rifle Schmeisser de cuatro kilos que colgaba sobre su hombro; era la ametralladora más mortífera de toda la guerra. La recámara contenía treinta y cinco cartuchos con un calibre de 9 milímetros.
Con el fin de obtener mejores resultados la había cargado con veintiocho cartuchos.
El Schmeisser era la Biblia de Schröder. Vivía para ella y moriría por ella.

Uno se estremece sólo con leer la descripción inicial que se hace del personaje de Schröder. Un sargento alemán que va a ser el peor de los quebraderos de cabeza del sargento y sus “cuatro jinetes”.

Pese a la cantidad de plomo que circula entre las páginas de Big Red One, el autor, tras haber narrado un sinfín de batallas en escenarios bélicos muy dispares concluye la obra con un mensaje de paz y de esperanza. Una vez terminada la novela, uno es consciente del fracaso para la Humanidad que suponen las guerras y de lo nocivo que es el odio que albergan los corazones podridos de una minoría de hombres desalmados.

Vas a vivir, cabrón. Tienes que vivir o te volaré la tapa de los sesos.

Edhasa, 2015
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David L. Cabia


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