Una mujer en Pigalle. Carlos Suárez

La memoria, el pasado y los recuerdos

Nuestra realidad es anárquica 
En primer lugar tengo que decirles que no es una novela al uso, es diferente y ahí estriba lo mejor de ella. La novela parece otra cosa, y por momentos lo es, y de pronto va cambiando, girando convirtiéndose en algo muy diferente. Digamos que la primera parte es muy clásica, muy tradicional, se juega con la idea de un asesinato y se intenta su resolución, a partir de ahí ya nada va como sería lo lógico o mejor dicho lo habitual.

A partir de ese primer tercio la novela gira muy bruscamente, pasa de ser una realidad a otra, se juguetea, de manera continua y constante, con la memoria, con el pasado y sobre todo con los recuerdos. 

Nuestro cerebro sintetiza la calidad de lo que podemos llegar a recordar y a veces juguetea con lo que la mente reconstruye de hechos conocidos o cuyo recuerdo no está completo, reinterpretando esa realidad fragmentaria. Pasa así a elucubrar sobre hechos de los que no tiene certeza si han sido vividos o inventados. La realidad es así algo no lineal, por momentos anárquica puesto que se vincula a recuerdos que pueden haber sido reales o no.


diferentes tiempos, variaciones en la perspectiva


Tiene así la novela varias almas, una tradicional de género policíaco clásico, otra de descripción del ambiente artístico de París poco antes del estallido de la segunda guerra mundial y otra más, sin duda la más interesante, en la que los personajes, sobre todo dos, dan un giro brusquísimo a su vida y a su manera de ver el mundo, entrando así en abismos y simas del ser humano. Me ha encantado como el autor es capaz de sacar a la luz lo más oscuro de algunos personajes y no ha sido a lo bestia o por algún trauma brutal, sino por el profundo convencimiento de que lo tienen dentro, forma parte de su íntimo ser. 

Y la única manera de vivir es admitirlo.

La obra es compleja porque aparecen personajes en diferentes tiempos y la perspectiva de lo que cuentan va variando conforme se pasa de un tiempo a otro. Interesa mucho más el pasado que el presente, ahí está el mal de la novela, el protagonista inicial no tiene esa densidad ni esa calidad de los que investiga. La protagonista actual, Monique Marais, no tiene como personaje esas cualidades de los que investiga Bracq y sobre todo Rachel Rôhm. Monique no tiene esas vivencias, no es tan compleja porque su pasado no tiene esa historia laberíntica de Rachel, no tiene ese afán de vivir y de hacerlo con intensidad, no tiene esos sentimientos que posee Rachel Rôhm.

La técnica usada para mantener la atención no tiene sorpresas, se presenta primero el crimen, en este caso de Rachel Rôhm, y desde el pasado al presente se intentará dar respuesta a ese asesinato. Monique Marais investigará los hechos desde el presente y lo hará desde su puesto de periodista en una importante revista. Lo que va descubriendo relacionará a Rachel con la élite cultural francesa del período de entreguerras.

La obra tiene una parte de recuerdo a ese París que era el foco cultural del mundo, ese lugar donde iban a vivir todos los artistas para empaparse de las últimas tendencias y que me recuerda a una novela que leí en juventud Servidumbre humana de W. Somerset Maugham y que me encantó. No sé si conocen la novela, si no es así se la recomiendo, es puro disfrute.

Una mujer en Pigalle me ha gustado y sorprendido. Tiene avances sorprendentes en sus personajes y tiene eso tan complicado de conseguir que es sorprender al lector. Es mejor cuanto más entra a valorar sus personajes, tiene momentos verdaderamente buenos y ahí debería haber insistido más. En resumen y para no liarnos más, es una lectura interesante, échenle un ojo y ya me cuentan.

Reservoir Books, 2016
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Sergio Torrijos


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