En recuerdo de Zeki, fallecido el 5/9/16

Dedicamos unas palabras a Zeki, fundador de Novelpol, La Gangsterera y otros medios afines 


Literatura como voz de protesta ante un cordón policial

Le recuerdo en cierta ocasión (quizá 2004) con un pesado manual de dreamweaver sobre la mesa del Café Toulouse, quería mejorar el aspecto de la revista electrónica de literatura negra y criminal que se había inventado y creado él solito, en un alarde autodidacta que había conseguido, como por ensalmo, exorcizar los anhelos de quienes echaban de menos la desaparecida revista “Gimlet”. Con el nuevo siglo había llegado internet, existían los buscadores, y si en algún momento entre 1999 y 2010 uno tecleaba “La Gangsterera”, aparecía el hilo de continuidad, la revista que durante más de una década siguió el pulso y la evolución de la novela negra, en los albores del nuevo siglo. Pero La Gangsterera de Zeki nunca fue una marca, fue un espacio de encuentro. 

La llenó de colaboradores, pero sobre todo la impregnó de un sabor de fino editor, capaz de recrear en espacio virtual el sabor de una interesante charla entre amigos, en el reservado de un café, de los de antaño. Muchos fines de semana en Gijón transcurrieron junto a Zeki, entre las bambalinas de los números de La Gangsterera, discutiendo textos, monográficos, reportajes. Cada uno de los números aparecía legible y a la vez exhaustivo, amigable pero también riguroso: conseguía hacer invisible el mucho trabajo que había detrás. En el recuerdo estoy junto a él planificando entrevistas con Yasmina Khadra, con Dan Fesperman, con Lawrence Block, con muchos otros. Y estoy también acarreando bártulos, el trípode de la cámara de fotos, la mochila con las casetes. Solo una vez me habló de Bruselas, al final de un largo día de entrevistas y trabajo en la Semana Negra, un día de trabajo que para él se prolongaría hasta altas horas de la noche, frente al ordenador. Hablaba un francés tajante del Marolles bruselense, Zeki, y un español lleno de interpelantes giros y expresiones gijonesas. 

Le gustaba Quadrappuni por el lado francés, Rafael Reig por el lado español, Justo Vasco por el lado latino: solo un modo de decir que no soportaba tonos empalagosos, congeniaba mal con detectives gourmets y prefería las imaginaciones prolijas pero que reflejasen exactamente la lucha de clases. Todo ello dentro de una insaciable curiosidad por todo y por todos, y una gran humanidad. Le tocó ver la evolución de la novela negra hacia un fenómeno de masas, marcado por las leyes del éxito editorial, y se cuajó en la tensión de preservar otros valores, los de la clase obrera ilustrada que no entiende de desviaciones, tampoco en la literatura. Su última aventura en la revista de un colectivo de escritores gijoneses no fue menos titánica y estimulante. Nunca quiso abandonar el perímetro de la lucha, literatura entendida como voz de protesta a 12 metros de un cordón policial, en cualquier lugar del mundo. Le vi por última vez hace un mes, y no pensé en ningún momento que íbamos a compartir un último café. La enfermedad era obvia, pero parecían repuntar algunos signos esperanzadores. Nos despedimos con planes de volver a alojar por algún tiempo una selección de archivos de la revista en otro servidor. Sé que Gijón, su ciudad, desde cuyo apartamento en la Calle Custodia mantuvo el baluarte de La Gangsterera, pierde algo y alguien esencial. Sé que la ciudad se queda irreparablemente más sola.

Ramón García

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Que Dios se meta la Paz donde le quepa. A ti que te entregue la Gloria

El domingo, Zeki le dijo a un amigo común ―mientras degustaban un café en un chigre de Gijón―: «Me voy a morir de un momento a otro, lo noto». Veinticuatro horas más tarde, el creador de La Gangsterera, el infatigable amante del género negro, el entrevistador de todos los grandes, el fotógrafo de almas ―ha sido el único en el mundo capaz de retratar a James Ellroy sonriendo―, el crítico sin piedad, el amigo fraternal, fue derrotado por la enfermedad. Atrás quedaron las profundas charlas sobre el género, sobre el estilo de los autores, sobre las tendencias, los largos viajes ―en los que me acompañaba― por la geografía hispana mientras yo presentaba mis novelas. Nació en un barrio obrero y creció leyendo a Chandler, Hammett y Jim Thompson. Siempre fue un proletario ―ilustrado― y muy orgulloso de serlo y más duro que Phillip Marlowe y Sam Spade juntos. Los que le conocimos y caminamos con él codo a codo sobre el asfalto, sabemos que allá donde esté ahora ―en el Cielo, seguro―, ya está organizando una huelga y levantando barricadas contra el poder omnívoro de los dioses. Que sea como tú querías, compadre: Que Dios se meta la Paz donde le quepa. A ti que te entregue la Gloria. 

Alejandro M. Gallo

Zeki hizo sonreír al malencarado Ellroy!!

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Gangsterera, qué genial revista que nos dio a todos la posibilidad

Ahora, tenso por el golpe enérgico de la noticia, no se si algo pueda salir con coherencia. Hace tiempo que llevo apartado, no del todo, de la “novela negra”, Zeki y otros lo supieron, y sus razones también. Algunos no respondieron, pero él sí. Sí que lo hizo y entendió, no del todo, pero su generosidad y su empatía eran tan grandes que abarcaba lo comprensible y lo incomprensible. ¡Ah, aquellas discusiones políticas! Y aquellas otras a través de NOVELPOL, el medio por el que le conocí, nos conocimos todos y todas aquellas que escribíamos en el foro. Zeki, estoy seguro que ya estás organizando un nuevo foro, este sí que virtual de verdad, otra Gangsterera, qué genial revista que nos dio a todos la posibilidad, gracias a tu generosidad de decir algo que mucha gente podía leer. Tu recuerdo es imborrable, Zeki.

Simón Peña

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Creamos un núcleo de aficionados y lectores que no ha dejado de crecer

Conocí a Zeki a través de Andreu Martín. Yo empezaba mi trabajo de divulgación y recuperación de la novela negra con Prótesis. Corría el año 2002. En España, la novela negra se ha editado a borbotones, sin continuidad, y a principios del XXI era casi un páramo. Me dice Andreu que un tal Zeki, asturiano, empezaba con una web, La Gangsterera...

Una vez en Gijón, durante la Semana Negra, no tardamos en congeniar Zeki y yo. Podría haber sido de otra manera. Podríamos habernos visto como rivales o competencia, pero los dos teníamos suficiente sentido del humor y ganas de descubrir ese sector editorial como para andarnos midiendo. Todo lo contrario: nos dimos apoyo, colaboramos, y conseguimos mucho más que cada uno por separado. Creamos un núcleo de aficionados y lectores que no ha dejado de crecer.

Más de una vez le comentaba esto a Zeki: no pasó ni un lustro y la novela negra alcanzó un boom que ahora, diez años después, todavía continúa, y da la impresión de que nunca parará. Llegamos a pensar que su revista, su actividad a cargo de la lista de correo Novelpol (incluyendo premios literarios) había sido el perfecto campo de pruebas. Siempre he pensado que con su generosidad, su capacidad de convocatoria, sus ganas de compartir sus ideas, Zeki demostró a los grupos editoriales que la novela negra tenía un gran mercado por explorar. Y tomaron nota, claro...

David G. Panadero

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Nadie frenaba una idea de Zeki

La muerte de Zeki, ademas de producirme una profunda congoja, me enfrenta a la sensación de vergüenza ante una deuda siempre pendiente. En los primeros años de este siglo, tras haberme quedado ciego, y dando mis primeros y torpes pasos por la tiflotecnología, buscando en internet información sobre novelas policiales de las que siempre había sido ávido lector, me encontré con referencias, críticas e información de un sitio llamado La gangsterera, que me abrió un mundo desconocido y riquísimo de información sobre autores y novelas de las que no tenía ninguna referencia y que no eran de consumo habitual.  Gracias a este alud de información, pude leer libros espléndidos y conocer a autores fascinantes.

Poco después, y acompañando a Alejandro Gallo, que venía a presentar “Caballeros de la muerte” en Madrid, tuve el placer de conocer a Zeki, impulsor y animador de “La gangsterera”, y me impactó su rotundidad, su ironía y su irresistible capacidad de liarte para cualquier proyecto. Recuerdo su sorpresa y placer porque un ciego le agradeciera su labor en internet, lo que le daba más sentido a su labor divulgadora del género.

Pero nuestra relación no acabó ahí  pues, un tiempo después, cuando Zeki pretendía volver a levantar La Gangsterera, me lió para que le hiciera una columna de reseñas y me obligó a llamarla El ojo clínico, pese a mis reticencias, pues bien cierto es que me dedico profesionalmente a la Psicología clínica, pero llamar El ojo clínico a la columna de un ciego… pues como que no lo veía; pero dio igual, pues nadie frenaba una idea de Zeki.

Y hasta la fecha…  primero en La Gangsterera y ahora en Prótesis, donde he subido casi 400 reseñas de libros y una veintena de entrevistas a escritores y editores (que esa fue otra pedrada de Zeki que me hizo sacar para adelante). Tengo que agradecerle a Zeki que impulsara el maravillos proyecto de El ojo clínico que a tantos personajes y libros maravillosos me ha permitido conocer.

Nunca pude devolverle la enorme deuda que contraje con con él. Sirvan malamente estas palabras para terstimoniar mi respeto y agradecimiento eterno con su persona.


Como bien intuía ayer Enrique Bienzobas, si hay cielo, seguro que Zeki está enredando alli para luchar por la novela y el bienestar de los seres humanos. Y como no soy escritor, recojo las palabras de Luis de Luis, y me despido con profundo cariño de quien “fundamentalmente fue un hombre noble y bueno”.

José María Sánchez Pardo


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