Cuestionario: Andreu Martín

«Normalmente, mis mensajes son muchas preguntas y pocas respuestas»



Todo aficionado a la novela negra o novela policíaca, como prefiere llamarla nuestro autor, conoce a Andreu Martín, de modo que tampoco son necesarias muchas presentaciones. Es uno de los clásicos de la novela policíaca española que sigue en plena actividad y al que es un placer escuchar en cualquier charla o coloquio. No sólo es muy divertido, sino que va soltando brillantes ideas sobre el género como quien no quiere la cosa. Sus últimas publicaciones son la novela La violencia justa y su autobiografía Por ahora, todo va bien, premiada con el Premio Gaziel de Biografías y Memorias 2015.

Andreu Martín ha tenido la amabilidad de contestar unas preguntas que le hemos formulado, así que lo mejor será que dejemos que se explique.

Cuestionario por Ángeles Salgado



1. Parece que en un momento de su vida ha sentido la necesidad de reflexionar sobre su trayectoria, pero, sobre todo, sobre su obra y sobre la novela policíaca en general. ¿Responde este hecho a algún motivo especial?

Aprendo y experimento la necesidad de compartir lo que sé, o creo que sé. A veces, también me veo obligado a replicar a algunas afirmaciones que oigo en algunas mesas redondas y con las que no estoy de acuerdo. 

Personajes a este lado de la raya roja
2. ¿Este interés en transmitir sus conocimientos tiene algo que ver con su interés con escribir para jóvenes?

No necesariamente. Escribir siempre significa transmitir conocimientos. Inevitablemente. Sea a jóvenes o a ancianos. 

3. En Cómo escribo novela policíaca afirma muy tajantemente que «en mis novelas mando yo». En realidad, creo que así debe ser, que el autor debe controlar su obra, pero qué papel deja al lector, en qué momento del proceso creativo empieza a pensar en él.

El lector siempre existe, siempre está ahí, antes de que se me ocurra la idea, cuando salta la chispa, cuando desarrollo la narración, cuando decido el título. Yo estoy en el escenario, y mi público llena la platea desde antes de que empiece la función y después de que termine. La escritura no es más que un amasijo de signos convencionales sobre papel o en pantalla que transmiten unas ideas a quienes sepan descifrar esos signos. Y el complicado proceso de descodificación corresponde al lector, con todas sus vivencias, sus creencias, sus recuerdos, sus conocimientos y sus propias imágenes. 

4. ¿No cree que a veces un macguffin puede ser un pequeño respiro en medio de la tensión argumental?

No sé qué significa eso. Tendríamos que ver lo que entendemos por macguffin, lo que significaba para Hitchcock que lo inventó, las tergiversaciones que posteriormente ha sufrido la palabra… Si es, como yo supongo, el motor de la historia, nunca podrá ser un respiro. ¿A qué autor le interesaría permitirse un respiro en medio de la tensión argumental? ¿Por qué aflojar la cuerda cuando has conseguido tensarla? 

5. En el libro que hemos mencionado antes afirma que la novela policíaca puede servir de catarsis de la sensación de peligro e inseguridad en la que vivimos. ¿No supone este hecho una responsabilidad para el novelista que quizá no debería corresponderle?

Al novelista le corresponden todas las responsabilidades que esté dispuesto a asumir e incluso algunas que no está dispuesto a aceptar de ninguna manera. 

6. ¿Nunca ha tenido un personaje con el que haya tenido la tentación de hacer una serie? Perdone la intromisión, pero a mí Alexis Rodón me encanta y estoy segura que a muchas otras mujeres. Seguro que podría tener una continuación.

He hecho series: Flanagan, Wendy, Esquius… De todas formas, la mayoría de mis personajes, al terminar la primera novela, me quedan inservibles para novelas futuras. 

7. Dice usted que considera más prudente que el autor asuma la responsabilidad del mensaje de la novela y lo controle para emitir sus propias convicciones, que la postura del “yo no digo nada y que cada cual entienda lo que quiera”. Sin embargo, en La violencia justa, sin ir más lejos, apreciamos una gran ambigüedad moral. ¿Cómo relaciona las dos cuestiones? Y, en ese caso, ¿cree que la reflexión moral es necesaria en la novela policíaca?

Punto primero: En La violencia justa asumo la responsabilidad de un mensaje que consiste en la ambigüedad moral. Normalmente, mis mensajes son muchas preguntas y pocas respuestas. 

Segundo punto: Para mí, la novela policíaca es el género con más contenido moral —o digamos ético, me da igual— que existe. Toda novela policíaca se basa en reflexión sobre el bien y el mal, quienes transgreden y quienes persiguen a los transgresores. Da igual que consideremos buenos a los atracadores y malos a los policías: el dilema siempre está planteado. Nos ponemos de parte de unos, a quienes comprendemos, para ir contra otros a quienes no aceptamos. La novela policíaca es ese enfrentamiento. 

8. En su libro Cómo escribo novela policíaca, menciona a Vázquez Montalbán y su cansancio, y el de su generación, por los experimentalismos literarios. Permítame decirle que comparto esta opinión y que, pienso, que ha sido la propia literatura la que ha alejado a los lectores. Perdón por el excursus. El caso es que relaciona este cansancio con el resurgir de la novela policíaca en España durante el franquismo. ¿Comparte la opinión de Vázquez Montalbán?

Totalmente, a pesar de que él desembocó en la novela policíaca después de pasar por la experimentación de lo que él llamaba sus novelas subnormales y yo, en cambio, gracias a él (y a Jaume Fuster y a Manuel de Pedrolo, y a Julián Ibáñez, etc) entré directamente en la novela policíaca sin el purgatorio previo. 

Sí es verdad que yo iba influido especialmente por autores franceses como Manchette, Japrisot o Pierre Very que nunca prescindieron del todo de la experimentación, porque el polar no nació contra una tendencia literaria, como sucedió aquí. 

9. Aunque sea brevemente, ¿podría hablar un poco de la interesantísima relación entre novela policíaca y posmodernidad?

Es muy complejo pero, brevemente, yo creo que la novela policíaca nace, con Los crímenes de la calle Morgue como una manifestación positivista contra la superstición y la oscuridad crédula del gótico. Durante mucho tiempo, reina en la novela policíaca el principio de que todo lo que no entendemos en el mundo y la naturaleza tiene una explicación racional y el hombre puede hallar esa explicación con su inteligencia. Después de las guerras mundiales, el positivismo cae en desgracia. Se le atribuye la creencia en Verdades Absolutas e Inamovibles y se hace culpables a esas Verdades Absolutas e Inamovibles de los fascismos y totalitarismos que han arruinado al mundo. Se pasa a los principios de relatividad: no hay verdades absolutas, nada es fijo, todo es líquido, todo es discutible, lo que vale para hoy no vale para mañana, etc. Lo que se llama el posmodernismo. Identifico la estructura de la novela negra con ese posmodernismo. Ya no hay esquemas sólidos, no se defiende la ley, se abomina del orden, las novelas pueden plantear cuestiones sin solucionarlas, Chandler dice que no sabe quién mató al chófer de El Sueño Eterno y que, si no sabes cómo hacer avanzar una novela, hagas que se abra una puerta y entre un hombre con una pistola. Bueno, es todo lo brevemente que se me ocurre. 

10. Y, por último, ¿hasta qué punto, en La Violencia Justa, no son Rodón y Teresa unos chivos expiatorios que se rebelan contra su destino de víctimas?

No sé. Puede ser. Yo no los definiría así. Yo diría que son dos personajes que están instalados en este lado de la raya roja y, desde el principio de la novela, inician sendos viajes, cada uno el suyo, cada uno con sus motivos, hacia el lado malo de la raya. Son compañeros de viaje que comprobarán lo que significa eso: pasarse de la raya. 
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