Sertorio. Adolf Schulten

Contiene gusto y saber en grandes dosis

El gusto añejo de los buenos vinos
Obra repescada pues se publicó en primer lugar en 1926 y ahora, con un gusto encomiable, la editorial Renacimiento nos la ha vuelto a servir. Pueden parecer muchos años, 90 en este caso, pero esta obra, como muchas otras, tienen la facultad de no pasar de moda con facilidad y no porque no se haya superado científicamente sino porque contiene gusto y saber en grandes dosis. En el propio prólogo ya se nos ofrece una muestra de lo que se nos va a exponer, se cita al propio autor con esta frase:

La musa que besa la frente de los grandes historiadores es la trágica

De eso trata la obra que es una biografía novelada de Quinto Sertorio, un rebelde o mejor dicho el último gran rebelde de la república romana. La obra, es muy complicado definir el género, tiene el gusto añejo de los buenos vinos, es pariente de historiadores de otro tiempo en el que se sumaban datos y hechos históricos a una prosa de calidad y que intenta, con rigor y sapiencia, llenar los vacíos que las fuentes antiguas nos ofrecen. Se puede, sin resultar exagerado, emparentar con el “Napoleón” de Stendhal o con las obras de Lamartine sobre la revolución francesa.


levantó la provincia en lucha contra Roma


Esta obra, porque definirla novela es muy arriesgado, es de esos libros que tienes guardados para leerlos, que por algún casual dejaste la labor para otro momento más venturoso y que cada cierto tiempo se te cruza en tu camino, en esta ocasión fue tras leer “Rebeldes” de Pedro Santamaría, cuando apareció de pronto. Por algún casual, la obra de Santamaría la cita continuamente, volvió a cruzarse conmigo y ya no hubo excusas para retrasar la lectura.

“Sertorio” nos habla de un personaje histórico tremendo. El último gran “popular”, seguidor de Cayo Mario y último bastión de la tremenda guerra civil que asoló el mundo romano allá por la década de los 80 a.c. 

Sertorio, cuando la lucha en Italia tomaba rumbo incierto, huyó a Hispania y aquí, tras no pocas vicisitudes, levantó la provincia en lucha contra Roma. Producto de sus esfuerzos fueron las llamadas guerras Sertorianas. Un conflicto armado a gran escala que significó el último intento de las tribus hispánicas, lusitanos, celtíberos y demás, en su oposición a la ciudad del Tíber.

En palabras del propio texto y citando a Cicerón:

Cicerón la califica de durissimum bellum, bellum acerrimum et maximum, bellum maximum formidolossimumque, valorándola por encima de la de Mitrídates…

Creo que no es precisa la traducción.

Lo sé, lo sé, hoy parece que estamos con un libro clásico en las manos y de fondo sonando Bach o cualquier otro tipo de música culta… tal vez sea así o tal vez nos tengamos que poner estupendos en alguna ocasión.

Sigamos. 

La obra tiene el gusto de los libros bien hilvanados, dotándole de enjundia a hechos simples por el método de dotarle de cierta fuerza expresiva, voy a poner un ejemplo que lo deja muy claro:

Se trataba de la muerte de su madre, que adoraba por encima de todo. Quizás el dolor por su hijo, el desterrado, el fugitivo, había destrozado su corazón ―como la madre de Ulises, que iguala a Sertorio en sus vagabundeos―. Sertorio estuvo a punto de suicidarse de desesperación. No se dejó ver durante siete días y descuidó el campamento y el ejército. Luego reaccionó. Nada guardaba ya el mundo de valor para él, pero todavía corría por sus venas la sangre tormentosa y ávida de gestas, y parecía que, precisamente ahora, en el peor momento, le infundían los dioses nuevas esperanzas

¿Épico o no?

De la desesperación más absoluta al desprecio por el mundo y su contenido. 

Es arte escrito de otro tiempo que emana de fuentes clásicas. De ahí se puede ver la sobriedad de Salustio, la diligencia de Julio César y también el saber hacer de Plutarco. Evidentemente de la educación clásica de otro tiempo, sin duda para el autor, y de lecturas del mundo grecolatino nació esta concepción épica del pasado y de la vida en sí. Si nos abstraemos un poco podemos ver ciudades en llamas, desastres militares sin parangón, absolutos fracasos políticos, masacres indiscriminadas, viajes inacabables, labores hercúleas…y por acabar triunfos épicos y legendarios.

Voy a poner otro extracto cargado de lo citado:

En la mayor parte de los casos tropezó con fuerte resistencia. Las hembras empujaban a los varones a la lucha mediante feroces cánticos guerreros y escarnecían, empuñando por sí mismas las armas, a los timoratos

Queda muy poca épica hoy en día. En un mundo donde un héroe es Steve Jobs no hay lugar para Sertorios ni Marios ni Silas. Sólo nos queda algún pequeño hueco donde poder leer alguna historia así y también recurrir a los libros viejos, como este, cuya lectura no es sólo un placer sino un disfrute. No sólo nos cuentan datos históricos y nos enseñan sino que nos hacen disfrutar y mucho.

Se lo recomiendo a todos. Hagan un hueco en sus lecturas y dedíquenle una tarde a una obra como esta.

Renacimiento, 2013
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Sergio Torrijos


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