La traición en la trilogía de Karla, de John Le Carré (II)

La traición pide un desarrollo sangriento. Pero Smiley, caballero británico, le resta importancia
 
El control de ciertas élites en el aparato estatal provoca una endogamia y un sentido de la lealtad que va más allá de lo monetario, lo cual, se considera una de las virtudes del servicio público.

La traición es pues más infame, más vil, puesto que no sólo se atenta contra el propio país sino contra todo lo que representa esa manera de regir el gobierno. Se ataca la base más profunda del sistema británico. Se siembra la discordia en ese corpus monolítico que rige el gobierno y por lo tanto se atenta contra generaciones que han ido ocupando lugares de gobierno similares.

Lo curioso es que Le Carré no nos muestra todo esto, se nos da sobrentendidos, se nos deja entrever que la verdad está ahí. Existe un momento en que el caso de traición recae sobre cuatro personajes. Uno de ellos es húngaro de adopción y las miradas parecen dirigidas claramente a él, por motivos que parecen más que obvios.


también le había traicionado como amigo


Tampoco Le Carré se deja guiar por la explicación, que se sobreentiende más o menos ideológica, de ese cambio de bandera, se obvian los motivos, se deja ver que no existe una explicación clara ante tal acto, tan bajuno como ingrato.

Existen muchas más traiciones pero nunca serán igual. Existirán las interesadas por dinero o por miedo o por comodidad, como por ejemplo la última traición del ciclo, pero nunca tendrán ese halo de elegancia que tiene la primera. Seguramente porque no tienen el mismo nivel, porque no son tan dañinas o por que la falsía no tiene ese grado de malignidad.

El gesto final de “El topo” entre el traidor y el captor del mismo tiene mucho de ternura. Ambos dialogan sobre vaguedades y el traidor, perdónenme pero estoy intentando respetar la trama por si alguien no ha tenido el placer de su lectura, le pide perdón por haber mantenido relaciones con su mujer. Es decir, no sólo le traiciona en lo que a Smiley más le importaba, el servicio secreto, sino que también le había traicionado como amigo manteniendo una relación sexual con su mujer. La traición es pues a una escala tan global que desde un punto de vista latino sólo cabría un desarrollo sangriento y visceral. Pero Smiley, como buen caballero británico, le resta importancia, de sobra entiende las explicaciones de su homólogo, sabe que la traición sobre su matrimonio no tenía un fin dañino en el plano personal, sino que era un gesto más en la carrera de espionaje

El daño proviene de quién sugirió que la relación sexual con la mujer de Smiley sería un tanto a su favor en esa carrera alevosa.

Asimismo, después de confiarle, lo que todos ya sabíamos, que le había engañado con su mujer le pide varios encargos que Smiley consiente en realizar, lo cual, nos muestra ya que existía una relación de amistad más profunda que se entiende que la traición no ha llegado a alcanzar. O por el contrario, la amistad que pudiera existir no llegó nunca a ser de un grado tal que la perfidia pudiera arruinar. Es ahí en ese punto donde los vínculos que existían entre ambos y entre muchos más van más allá de una afinidad personal y entran en el campo de los intereses comunes.

Todo es muy británico, muy educado, muy refinado, muy frío incluso. Tanto como el carácter introvertido que se les supone a los habitantes de la vieja Albión. Ahí demuestra Le Carré la educación imperante, esos fríos y rígidos protocolos de universidades de élite que educan para dirigir una empresa o un imperio, un servicio secreto o un ayuntamiento. Y también el porqué de ser tan devastadora la traición, en la que no existe ideología que la suavice o ningún otro tipo de idea que sea capaz de ablandar el hecho, brutal y ruin, de traicionar a todo y a todos.

En ese sentido la propia traición última de Karla es interesada, lo cual nos habla de los propios intereses de los afectados. Karla traiciona por la familia, por el sentido del deber que se tiene a los seres más queridos. Se entra ahí en el fango de las cuestiones íntimas y personales, algo que no tiene mucho que ver con la caballerosidad de la que siempre hace gala Smiley y compañía. Es visto como una traición provechosa y como tal se usa.

Se va contra un enemigo y el resto importa poco. 

Se le hace pagar, muy en el fondo, que haya arrastrado a uno de los suyos a la iniquidad.

Las consecuencias de la primera traición se observan con claridad en la segunda novela de la trilogía, “El honorable colegial”, donde parece que la traición ha llegado a emponzoñar todas las relaciones que se mantenían en el servicio secreto y el halo de suspicacia cala en todos los estratos del mismo. Es en esa novela donde podemos observar las consecuencias de la felonía, donde vemos que la decadencia del servicio proviene por una implosión, apenas dejando nada en pie. La reconstrucción del servicio no se hace observando unos nuevos hábitos de reclutamiento, valorando el porqué de la traición que casi lo lleva a la desaparición, sino que se reconstruye de la misma forma, eso sí, siendo más cuidadosos pero el sistema se perpetua porque para el servicio no existía otra opción válida. Lo único que se impone son unos hábitos más contritos de cara a la seguridad. Cambridge, Oxford son lo que son y lo mismo que aportaron dedicados y eficientes funcionarios pueden seguir haciéndolo. La traición se diluye así en una vuelta a los orígenes como si no existiera otra forma posible de hacerlo.

Como diría un dicho muy latino “En el pecado va la penitencia”.

Sergio Torrijos

FIN



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