Victus. Albert Sánchez Piñol

Aspirar el aroma del polvo y de la tierra removida

Gran trasfondo de realidad
Novela histórica y vaya novela.

Puede que parezca que tienen muchas páginas pero a mí se me ha hecho corta, me hubiera conformado con otro par de cientos de páginas. 

Creo que desde que leí aquella obra de Galdós, “Zaragoza” o creo que fue “Gerona” la neurona no está al día, no había sentido esa sensación de opresión y de lucha desigual de un asedio. Pero la novela es mucho más aparte del asedio de Barcelona en 1714, es un viaje iniciático y vital de un personaje Martí Zuviría que nos hace retrotraernos a grandes novelas de época. Ahí la novela entronca en esas magníficas novelas de iniciación y de aprendizaje. Se mezclan así varios géneros, una novela en sí, otra de iniciación y un contexto histórico narrado con rigor y amplios conocimientos. 

Cada dato, y créanme he comprobado una buena cantidad, es real y tiene un poso histórico, desde el primer sitio de Namur que protagonizó Vauban hasta biografía del general Villarroel, pasando por personajes que van desfilando por las páginas del libro y que cuando tienen una actuación importante, no sólo decorativa, tienen su trasfondo de realidad. La labor de documentación del autor ha sido exhaustiva y no sólo en la comprobación de datos o personajes históricos, sino también en los usos propios de la época o por ejemplo en las capacidades poliorcéticas del siglo XVIII, descritas con profusión de detalles. Tantos que se puede hasta aspirar el aroma del polvo y de la tierra removida.


un tinte de tragedia clásica


La novela no sólo es buena por eso sino también por narrarnos todo con desenfado y un cierto sentido del humor que hace que sea una narración mucho más viva e interesante. También ayuda a que los protagonistas se muevan en círculos más a pie de calle, apareciendo personajes mucho menos importantes pero más vivos, creando así un teatrillo más realista y más interesante. Se nos acerca así a una realidad que por estar lejos temporalmente siempre nos es en cierto modo ajena. Superamos los siglos de diferencia y nos encontramos ante humanos que son llevados a una situación límite. Mejor dicho sería decir que toda una ciudad es llevada al límite

Ahí aparece un elemento muy singular, un tinte de tragedia clásica, muy a lo bestia, muy crepuscular, muy de un fin del mundo cercano y cruel, un fin del mundo minúsculo que no conlleva un Apocalipsis global sino personal.

La guerra se nos muestra así brutal y sincera, más aún cuando se nos muestra al pie de trinchera, mientras notamos pasar silbando las balas y el miedo es una constante que nos acompaña durante todo el relato.

Victus está ambientada en la guerra de secesión española, un conflicto que fue mucho más que una simple guerra europea, se traspasaron fronteras y de pronto casi toda Europa se vio embarcada en un conflicto bélico a gran escala. La realidad aquí es mucho más local, se nos habla de España y más concretamente de Cataluña. La obra supera así la historia política y se embarca en la historia de las personas que vivieron esos años, se baja así hasta el suelo y la novela lo agradece. También existe un reflejo de ideologías que hoy parecen aflorar y que usan de manera constante aquellos hechos. Evidentemente nada tiene que ver nuestra realidad con la de entonces y cualquier similitud es simplemente eso, un intento banal de acercar dos realidades absolutamente dispares.

La novela, como ya dije, es buena, muy buena. Está bien hecha, con una administración de la tensión muy sabia, con una buena maña a la hora de desarrollar toda la historia y con un argumento tremendamente poderoso. Como novela histórica la pongo entre las mejores que he leído, me ha recordado a Galdós, como ya comenté, al menos en ese sentido de la épica de tintes clásicos. 

Soy consciente de que la novela no merece que desde nuestro medio tan modesto la recomendemos, ya han pasado muchos meses desde su publicación y de lo que se ha dicho sobre ella nada parece nuevo. Si alguien no ha tenido el gusto y la novela se cruza en su camino no lo duden, merece y mucho la pena. Y un consejo, léanla como una obra de ficción, no intenten ponerle nada de nuestra realidad, recuerden que son los comienzos del siglo XVIII, en Francia mandaban unos señores Borbones y el barroco estaba en pleno apogeo. Prueben a acompañarla con algo de Scarlatti y ya me dirán.

La Campana, 2014
Compra en Casa del Libro

Sergio Torrijos


Publicar un comentario en la entrada