Prólogo: Cazadores en la nieve

Un ruido sordo que nunca cesa

Delicada inmersión en el miedo
Una sensación de frío de la que no podemos librarnos. Un aislamiento voluntario, o puede que forzoso. Tiempo detenido. José Luis Muñoz nos sumerge en Eth Hiru, un pueblo del Valle de Arán. Allí no hay más de quinientas almas y el turismo no es precisamente habitual. Cazadores en la nieve transcurre en el pasado reciente, justo cuando ETA anunciaba el cese de la violencia, durante el mandato de Zapatero.

Hace frío. Esa sensación térmica potencia el clima emocional de la novela. El teniente de la Guardia Civil Antonio Muñiz trata de cerrar las heridas del pasado —emocionales y físicas por una bala disparada a traición— junto con una esposa con la que apenas intercambia palabra ni colchón. Un buen día, la calma aparente del pueblo sufre un ligero cambio que acabará siendo determinante: llega un forastero que se hace llamar Marcos y ha venido «a ver crecer la hierba». Así lo expresa él mismo en varias ocasiones. En realidad es un terrorista de ETA retirado. ¿Seguro que retirado? ¿Le queda alguna bala en la recámara?

Los protagonistas de Cazadores en la nieve —tanto el agente del orden como el fuera de la ley— tienen mucho que callar. Y en su silencio experimentan una pasión que lejos de suavizarse con el tiempo, les consume cada vez con más fuerza, con más urgencia. Precisamente al pensar que están metiendo sus demonios en cintura, acaban confirmando la fuerza de un destino que no pueden y quizá tampoco quieren evitar. José Luis Muñoz retrata esta inmersión en el miedo y lo irracional con delicadeza, prestando mucha atención a cualquier detalle del ambiente, retratando la magnitud de ese entorno natural «ajeno al paso del tiempo y al frío» que con su grandeza muestra lo absurdo de esas luchas.


un ruido sordo que nos acompaña a todas partes


Cazadores en la nieve es además una novela arriesgada y difícil por abordar una temática, el terrorismo, que provoca siempre polémicas cuando no incomodidad o rechazo. Si nos paramos a pensarlo, no hay en nuestro país demasiadas obras de ficción que aborden este asunto, y posiblemente tendrán que pasar décadas hasta que cicatricen las heridas y se pueda abordar la temática con normalidad. Recordad la excelente película Sombras en una batalla (1993), de Mario Camus. No es una cita casual: de alguna manera, Muñoz ha heredado la delicadeza del cineasta de Santander, la calma y el distanciamiento a la hora de retratar esos ambientes de tensión permanente y violencia contenida.

José Luis Muñoz no es precisamente un debutante. Desde su primera novela, aparecida a mediados de los ochenta, ha confirmado una trayectoria constante y esforzada, siendo uno de los grandes especialistas de novela negra en España. Cazadores en la nieve presenta el desafío de retratar un conflicto jugando a mínimos, centrándose solo en un puñado de personajes trágicos, atrapados en el recuerdo de momentos dolorosos. Por su calado psicológico, puede recordar a las mejores páginas de David Goodis. Dejamos como pasatiempo para los lectores más cinéfilos la tarea de identificar los guiños al cine norteamericano de los setenta. Sobre estas páginas planea el recuerdo de cineastas como Arthur Penn o Michael Cimino, representantes de aquel Hollywood que se atrevió a ser más libre y contestatario. Y es ese mismo espíritu el que anima a nuestro escritor

«El pasado no existe. Es una nebulosa que sólo se recupera en sueños que son tan reales como el presente». Esa permanencia de lo que fue es lo que da ese espesor a un silencio, casi un ruido sordo, que nos acompaña a todas partes.

Off Versátil, 2016
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por David G. Panadero,
director de la colección Off Versátil
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