La cultura de la pobreza (Markaris en Vallekas)

Un recital de inteligencia, lucidez y bondad, sobre la crisis y sus responsables



El pasado domingo 3 de Abril se celebró un encuentro en el salón de actos del centro cultural Paco Rabal (Vallecas, Madrid), con el gran escritor Petros Markaris, creador del comisario Kostas Jaritos, que en sus nueve entregas nos ha hecho conocer la vida de los atenienses contemporáneos, y que ha sido fiel relator de la durísima crisis que está pasando el pueblo griego. En una abarrotada sala nos habló de Grecia, Atenas, los griegos actuales y los de hace años, sobre la crisis y sus responsables, pero también de literatura, de su papel ante la realidad social, y nos dio un recital de inteligencia, lucidez y bondad que dejó huella en los que pudimos escucharle.

Texto: José María Sánchez Pardo
Fotografías: César Seco


Preguntado sobre si se mira en demasía a los famosos, empresarios, políticos, artistas, y no se debería mirar más a la gente común...

(tras dar los buenos días en inglés y griego, Markaris agradece la invitación que se le ha hecho)

Afirma que le gusta estar en España, pues se siente muy cercano a todo lo que está ocurriendo aquí.

...en un artículo que escribí hace años afirmé que Grecia ha tenido durante muchos siglos una gran cultura, siendo un país muy pobre, mantenía una gran cultura. La denomino la cultura de la pobreza. Cuando me remito a este nivel cultural, hablo de fijarnos en nuestros productos culturales, como la canción que sonó anteriormente, y donde animo a mis compatriotas a atender a su letra. Se puede ser pobre, pero mantener un gran nivel cultural. En esos treinta años que parece que abandonamos la pobreza, se dejó de lado la cultura de la pobreza.

Ahora que somos ricos, ya no necesitamos de nuestras tradiciones culturales.

Y además hemos perdido buena parte de nuestros valores. Y ahora nos hemos quedado sin valores para evaluar a los dirigentes que nos han llevado a esta dramática situación. No tenemos criterios para evaluar a nuestros políticos, a la Unión Europea. Y sin valores, no tenemos los medios para llevar a cabo la resistencia.







Cómo relaciona las oleadas de griegos expulsados de Turquía y que llegaron a Grecia, con los refugiados que llegan ahora a su país. Cómo entiende este choque de culturas.

Lo primero, Grecia siempre fue una nación de emigración. Donde además llegó mucha gente de Asia menor y el Mar negro. Y que a su vez envía emigrantes a Australia, Estados Unidos, Canadá y más recientemente a Alemania. La emigración es parte esencial del alma del país. Y la música que pusisteis antes, eran la música de la gente corriente de los cuarenta, cincuenta y sesenta pese a provenir de Asia menor.

La gente disfrutaba de esta música que cantaba y bailaba, y que disfrutaba con un tomate y un par de sardinas.

Pero ahora los llamados intelectuales no las conocen, por lo que la gente está perdiendo sus raíces.

Todavía somos una cultura de la emigración, y ya que el sesenta por ciento de los jóvenes, está sin empleo, se están marchando. Pero no son la generación de los sesenta que no tenía estudios, sino están formados, han ido a la universidad, han hecho masters de formación. 

La pobreza tiene muchas caras. No sólo es económica, sino nos abocamos a una pobreza científica, de técnicos. 



Se comenta un artículo de Leonardo Padura, llamado "Quiero ser Paul Auster", y en el que se queja de que quisiera ser entrevistado como el escritor norteamericano, sobre el béisbol o su estilo literario, porque a él no paran de preguntarle sobre Guantánamo o la situación política, lo que nunca sufre Auster.

En un artículo de Markaris viene a decir que quiere que la crisis se acabe, no sólo por el problema económico, sino para recuperar su tranquilidad. Se le pregunta sobre si se siente embajador de Grecia, o le empieza a pasar como a Padura con Cuba.

Antes de nada, tengo que decir que soy buen amigo de Padura, y me entiendo muy bien con él.

Hay que entender que vivimos en sociedades concretas, y yo soy de un país en crisis, y escribo sobre la crisis de mi país. Y hay que entender que se nos pregunte por ello. Pero ya cuando me piden opinión sobre Varoufakis, les digo que eso no... (grandes carcajadas entre el público). 

La otra relación que tengo con Padura es la ciudad. Cuando leo a Leonardo, veo cómo ama La Habana. Me siento igual con Atenas. Y no tiene nada que ver con la belleza, sino con el alma de la ciudad. Creo que sin Atenas no podría ser escritor. En cierto momento tuve que hablar sobre Estambul, y ambienté una novela de Jaritos allí. Pero mi auténtica ciudad es Atenas. Y entiendo cuando Leonardo dice que su vida es estar en La Habana. 

Además tanto en sus novelas como en las mías, no hay una línea claramente definida, entre asesino y víctima. No se puede decir hasta qué punto un asesino es una víctima, y hasta donde llega la responsabilidad de la víctima de lo que le sucede.

Eso es algo que viene de la sociedad, de sociedades que han sufrido y siguen sufriendo, porque en estas sociedades no hay una clara línea entre el responsable y la víctima. Esto aparece muy claro en El hombre que amaba a los perros de Padura. Y es algo muy claro en mis propias novelas. Así en mis novelas sobre la crisis, todos los asesinos son víctimas. Por eso nos entendemos muy bien, tanto como personas como escritores.

Y eso va más allá del régimen del país donde vivimos. Él vive en un país socialista y yo en uno capitalista, pero tenemos en común, que vivimos en sociedades que han sido heridas y viven muy traumatizadas. Y entendemos nuestro trabajo como escritores en como lidiar con los traumas de nuestras sociedades, y hablar de ellos.



A partir de un relato de su último libro, La muerte de Ulises, y un relato concreto del mismo, tres días, se comenta sobre que hay importantes similitudes de las Historias recientes de Grecia y España: ha habido guerras civiles, durísimas posguerras, dictaduras, transiciones democráticas... Pero parece insistirse en España, que nuestro país no es Grecia... Se le pide su opinión a Markaris.

Como principio general ningún político quiere ser asociado con un perdedor, y Grecia ha sido un país perdedor. Los políticos viven de crear ilusiones. Y ésta es la forma de esquivar la realidad. Pero lo que no puede impedir la política es evitar la venganza de la realidad. Porque en algún punto la realidad termina golpeando a la gente que la evita. Y esto es lo que ha pasado en Grecia. Porque cuando se inicia la crisis en 2010, los políticos dijeron que no había problemas, que en un par de años se resolverían los problemas. Y sabían que estaban mintiendo. Estaban creando una ilusión. Y fue en ese momento cuando decidí escribir sobre la crisis. Una periodista me preguntó sobre por qué iba escribir una trilogía, que si la crisis iba a durar tanto. Le contesté que ojalá la crisis sólo durara el tiempo de hacer tres novelas. ...y llevo cuatro, y la crisis sigue...

Así que en tiempos difíciles el precio que se ha de pagar por una ilusión es muy alto.

Y esto, diciendo que no somos como ellos, no ayuda a la gente a prepararse a una situación tan difícil.

Hay un comentario sobre los países involucrados en esta crisis. Sobre todo con los políticos del sur de Europa, pienso que si dedicaran a ser escritores no lo harían mal.



Se le pregunta sobre una cita de Sócrates que aparece en una de sus novelas, y que afirma que sus últimas palabras fueron: Critón, debemos un gallo a Asclepio. No olvides esa deuda. ¿Qué le parece la falta de ética de los políticos durante esta crisis?

Recuerdo esta anécdota, cuando se le reclama a la gente que tiene que pagar sus deudas, pero pienso que los políticos también deberían pagar sus deudas. Sócrates no olvida su deuda, incluso cuando estaba a punto de morir. Los políticos se olvidan de sus deudas en cuanto son elegidos. Ésa es la diferencia.



Se le pregunta a Markaris sobre la relación de la cultura y la crisis. Se recuerda un artículo suyo en el que afirma que España saldrá antes de la crisis por disponer de más bibliotecas que Grecia. Y de cómo la crisis en Alemania ha llevado a un mayor nivel de lectura, que no se da en nuestros países. ¿Considera que la literatura ayudará a superar la crisis?

No. La literatura y el arte no pueden cambiar el mundo. Cuando era joven sí pensaba que podía cambiar el mundo. Pero la literatura puede hacer entender lo que está pasando, mediante preguntas correctas. Porque la literatura puede indicarnos qué está pasando. 

Alguna vez dije que el gran cambio en la literatura criminal es que se ha dejado de preguntar por Quién es el asesino, y se ha pasado a preguntar Porqué... No importa tanto quién es el asesino, sino cómo ha llegado a ser el asesino. 

De esta forma sobre la crisis, pasamos de preguntarnos por quién es el culpable, a preguntarnos cómo hemos llegado a esta situación. 

Por eso es importante que en los países en crisis sigan abiertas las librerías, los centros de arte, porque es la única forma de que las preguntas surjan. No esperen que los políticos formulen ninguna pregunta, pues dicen tener la respuesta correcta, pero nunca la pregunta correcta.

Y para tener las preguntas preparadas necesitamos que los centros de arte y las librerías estén abiertas y las bibliotecas. Y las pequeñas librerías son necesarias por el contacto entre el vendedor y el público, donde se generan discusiones que son necesarias, y que no se dan en las librerías de las grandes superficies comerciales.

La literatura y el arte no se centran en la buena escritura, sino también en las preguntas que proponen. 



Tras leer un fragmento de uno de los cuentos de su último libro y recordar un famoso poema de Bertolt Brecht, se le pregunta al autor sobre la situación de la gente que tiene que acoger a tan variados emigrantes en su país.

Ante todo el cura ortodoxo que aparece en el texto se basa en una persona real... que no ha sido asesinado... Yo vivo en un barrio céntrico lleno de inmigrantes, que antes estaba habitado por la clase media griega. Hablando un día con este pope, me confesaba las dificultades que tienen buena parte de sus feligreses en aceptar a tantos y tan variados inmigrantes, albaneses, rumanos, búlgaros, africanos o de oriente medio. Y este problema es el que intenté abordar en mi relato.

Brecht habla en un poema de que lo importante es intentar afrontar los problemas, no tanto resolverlos. Yo considero a Brecht como un maestro. 

Hay otro poema de Brecht que viene en decir:

Todo cambia

pero lo que está hecho, está hecho.

el agua que se convirtió en vino, ya no la puedes cambiar

pero todo cambia

puedes intentarlo de nuevo con tu último suspiro.


Siempre he creido en un nuevo comienzo, pero para ello tienes que aceptar las peticiones, y para que esta gente empiece de nuevo hay que apoyarlos, pues es imposible para ellos empezar de nuevo solos.

Empezar de nuevo es un gesto de solidaridad, no hay un nuevo comienzo sin solidaridad. 



Se les pregunta tanto a Gallo como a Markaris, el peso que personajes de viejos comunistas tienen en sus novelas, el Coronel en las de Gallo, y Zisis en las de Markaris, y cómo sus protagonistas echan mano de ellos como viejos luchadores en sus guerras civiles.

Yo no nací en Grecia, llegué a Grecia en los sesenta. Era una época difícil, pues quedaban secuelas de la guerra civil. Y por otro lado se vivía una época de revolución cultural. Casi cada día había un evento cultural fascinante.

Pero todavía había mucha división, mucho odio, y había mucha persecución. Conozco la historia de la guerra civil por mis lecturas, yo no estaba en Grecia entonces. Ésta es mi ventaja, por lo que no estaba emocionalmente involucrado, por lo que podía hacerme la pregunta de por qué se había llegado a esa situación. Incluso la policía estaba involucrada en lo más duro de la represión. Y no era normal que existiera relación entre un policía y un miembro de la izquierda que había luchado en la guerra. Lambros Zisis es un personaje que ha pasado por todos los momentos de esa época, pero él ve que Jaritos es una persona decente. Y Jaritos ve que Zisis, pese a ser su adversario, también es una persona decente. Y lo integra como miembro de su familia. Pero me costó nueve novelas ese acercamiento. Y el punto crítico era la hija de Jaritos, Katerina, porque ella, al no haber pasado la guerra, se sentía muy cerca de Zisis. Lo más difícil era Adriani, la mujer de Jaritos. Porque el padre de Adriani murió a manos de los comunistas, y para ella era muy difícil aceptar a un comunista. Pero finalmente lo acepta, e incluso le permite entrar en su cocina, y cocinar, que es el símbolo máximo de su aceptación. Lo que intento transmitir, es que no es un problema de izquierdas / derechas, sino de un intento de entendimiento. Yo mismo conozco gente de derechas estupenda, y gente de izquierdas, a la que nunca saludaré. Cenando con un amigo policía, me confesó que él era un caso único en la policía, porque su suegro es miembro del Partido comunista... aunque él se sorprende de tener un yerno policía. Yo no conocía la historia de mi amigo policía cuando escribí sobre Jaritos y Zisis, pero lo que muestra es que es posible.



Preguntado por el peso del pasado en nuestro presente y nuestro futuro...

Mandela habla de perdonar, pero no olvidar. No podemos olvidar nuestro pasado porque es parte de nuestra vida. 

Se le pregunta sobre unas declaraciones suyas, en las que afirmó que la novela negra es la novela más religiosa, pues los malos siempre son castigados, y los detectives o policías resultan casi misioneros.

No. Pues soy un hombre de contradicciones... que me encantan. Por un lado la novela negra es muy religiosa, pues al final el mal es derrotado. Pero por otro lado necesitamos de muertos, y eso está en contradicción con la religión, que dice no matarás... De ahí que escribir una novela negra no parece llevarse muy bien con los diez mandamientos. Toda una contradicción.



Se le pregunta sobre si los escritores en sus textos deben proponer meramente preguntas, o deben ofrecer respuestas. 

Para mí lo fundamental en mis novelas es hacer las preguntas correctas, que es lo que hace pensar a los lectores, para que se respondan bien. En cuanto a las respuestas, hay una delgada línea que tienes que decidir si la cruzas. Yo tengo mis respuestas como cualquier ciudadano. Lo peligroso es si el autor da una respuesta, y se cree que es una verdad universal. Porque nuestro trabajo no es descubrir la verdad. Tomar el lugar de Dios, no es lo más correcto para un escritor. Y en caso de darlas, debe dejar claro que es su opinión personal. 



Se comenta que entre las personas que han acudido a la charla, hay muy poca gente joven...

Quizá esta no sea la ocasión mejor para gente joven. Habrá otros momentos para ellos. Hace dos semanas me invitaron a un encuentro en una biblioteca pública griega de un barrio de gente trabajadora. La responsable de la biblioteca convocó a los usuarios, pero entre ellos también a los más pequeños con sus profesores. Y estuvimos discutiendo tres horas, y fue excelente. Y los niños propusieron preguntas de lo más interesante, y quedé de lo más feliz e impresionado, porque hay una idea difundida en el sur de Europa, que los estudiantes de orígenes socioeconómicos bajos no tiene interés por la cultura, ni van a preguntar nada interesante. Esta idea es similar, a los que dicen que las clases trabajadoras no saben nada de la crisis, pues ni la entienden, ni son capaces de proponer nada útil. Y las preguntas de los niños fueron magníficas, y hay que favorecer encuentros con ellos, pues tienen cosas muy importantes que decir.

Se le pregunta por los valores que transmiten los llamados griegos de los 50, de los que habla en su última novela...

Yo soy un hombre mayor, y no digo que los valores de los jóvenes sean erróneos, y aunque nos intentamos entender no tenemos los mismos valores, y aunque les tenga mucho respeto, no significa que comparta los mismos. Pero hay un detalle importante. Jaritos proviene de un mundo muy pobre, después de la guerra civil había mucha pobreza, y no es lo mismo que en otras épocas más ricas. Pero comparte con Zisis lo que podríamos llamar la vieja decencia, y una gran capacidad de luchar y de resistencia, que no es estrictamente nada político. Durante mis cuatro novelas sobre la crisis Adriani lucha para tener la mesa provista, y esto es algo que he visto en mi propia familia, porque Adriani es mi madre, porque siempre que escribo sobre Adriani pienso qué haría o diría mi madre... Porque mi propia familia sufrió de pobreza durante ocho años y vi cómo mi madre luchó para que cada noche la mesa estuviera bien provista. Estos son grandes luchadores. De la misma forma que intentamos mantener viva la memoria histórica, creo que deberíamos mantener vivas algunas viejas tradiciones.

Finalmente se le pregunta por los pocos libros que tratan o se ambientan en la crisis actual y en la pobreza que está asolando a grandes masas de población.

Sé que muchos escritores necesitan una cierta distancia, un período de tiempo para que sus opiniones se formen. No es algo ni bueno ni malo, es personal. Yo no soy así, soy alguien que reacciona inmediatamente ante los hechos de cada día. Pero algunos críticos no gustan de ello, pues dicen que Markaris no escribe novelas, sino que hace reportajes del día a día. Es su opinión.

En la novela que estoy escribiendo Zisis y Jaritos comentan de una chica que lleva unos vaqueros rotos, y Jaritos comenta que él que ha luchado toda su vida para salir de la pobreza, no entiende la moda de la pobreza y se sorprende que ahora no se luche contra la pobreza, sino que se pretenda hacer dinero con la pobreza...



AgradecimientosNos facilitaron y orientaron para poder asistir a este magnífico evento gente de lo más variada: la gente de la librería Muga de Vallecas, el escritor Alejandro Martínez Gallo, y especialmente Manolo Rodríguez, el organizador de los Sábados negros. A todos ellos nuestro más rendido y afectuoso agradecimiento.
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