Hay que matar a Lewis Winter. Malcolm Mackay

Delincuentes menores, narcotraficantes, proxenetas, asesinos, sus cuitas y asuntos cotidianos

Un asesino a sueldo con buena reputación
Hay que matar a Lewis Winter. Éste es el encargo que Peter Jamieson le hace a Calum MacLean, un asesino a sueldo que trabaja por libre en la zona de Glasgow. Jamieson es el jefe de un grupo de tamaño medio, que entre sus actividades está el del tráfico de drogas, que actúa en esta zona, y que pretende quitarse de en medio a un personaje como Winter, que va por libre y que no parece protegido por grandes grupos mafiosos.

MacLean duda de aceptar el encargo, pues es muy celoso de su independencia, y teme que Jamiesonm, le obligue a incorporarse en su organización, pues su asesino habitual, Frank MacLeod, tiene muchos achaques y ya no le es fácil llevar a cabo los trabajos que le encargan.

Para llevar a cabo este asunto, MacLean ficha a su colega George Daly, un curioso granuja, que resulta un matón muy poco convencional, y que junto a su colega, participa en la minuciosa preparación del asesinato, ya que Calum MacLean es todo un profesional, tanto durante sus encargos, como en su vida cotidiana, lo que le hace muy estimable por aquellos que contratan sus servicios.


sin concesiones al retoque o la digresión


Ésta es una narración sobre la vida de los delincuentes menores, ya sean narcotraficantes, proxenetas o asesinos, de sus cuitas y sus asuntos cotidianos. En ella las actividades delictivas toman un tono de normalidad que sorprende, y veremos como sus protagonistas nos resultan más cercanos y más humanos, con sus debilidades, manías o anhelos. Este tono de familiaridad y cercanía humana nos recuerda a la gran serie de los Soprano, o la gran novela de Peter Blauner, Luna de casino, en la que se nos mostraba la vida cotidiana de los pequeños delincuentes, que en muchos casos no difiere tanto de los que pretenden vivir del lado de la Ley.

Pero no debemos pensar que éste es un relato idílico de los delincuentes. No se ocultan las terribles acciones que llevan a cabo, o la brutalidad y violencia que empapa casi todos sus actos. Y hay un elemento muy importante a lo largo de todo el relato, que es la necesidad de generar relaciones de sumisión absoluta, casi del orden de la esclavitud, entre los diversos elementos de las organizaciones, tanto entre sus miembros, como entre sus víctimas. Se relata con minuciosidad como se van tejiendo lazos con el débil o el inferior, de tal forma que éste quede siempre a merced del delincuente, o de los miembros colocados más arriba en la pirámide de la organización, con objeto de exprimir al máximo a las víctimas, o la de asegurar el obediente cumplimiento de sus órdenes o meros caprichos.

De ahí que una de las virtudes de esta novela sea su rico plantel de personajes. Por un lado todos los delincuentes que aparecen, personas que funcionan con criterios sociales no habituales ni con principios éticos recomendables, pero que están llenos de humanidad, aunque sea de la que menos prensa tenga entre los moralistas. Otro grupo muy atractivo lo forman los muy diversos policías que aparecen en la narración, de los que no se da una imagen muy satisfactoria, pues la mayoría resultan estúpidos o quijotescos pero poco eficientes, y donde la corrupción, formulada en muy diversos modos, parece ser moneda de cambio habitual en su relación con sus pretendidos perseguidos. Y finalmente destacaríamos el papel de Zara Cope, la pareja del objetivo de toda esta trama, Lewis Winter, que se nos muestra como una mujer de cierta clase social, que voluntaria y conscientemente se involucra en el mundo criminal, y que nos ofrece un singular relato de una mujer con ambiciones muy precisas, y que está dispuesta a pagar el duro precio que tendrá que afrontar por ello.

El texto es ágil, sin concesiones al retoque o la digresión, pero aún así es capaz de contar una historia compleja, pues irán apareciendo numerosos y sorprendentes giros de trama, y puede, con rápidos bosquejos, contarnos muchas historias personales, que enriquecen la narraciónUna estupenda novela.

Siruela, 2016 
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José María Sánchez Pardo


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