La costilla de Adán. Antonio Manzini

Siempre tuvo claro que si no era policía sería delincuente

La muerte de su esposa, herida abierta
El cadáver de Ester Baudo aparece colgado, un presunto suicidio. Pero el subjefe de la policía de Aosta Rocco Schiavone ve ciertos indicios que le hacen sospechar de asesinato, y además de un asesinato en el que se ha desplegado bastante violencia. Schiavone no es partidario del trabajo duro, y la investigación de una muerte sospechosa le obligará a llevar a cabo una actividad nada deseada.

Nueva entrega de este singular sabueso al que conocimos en Pista negra, y que resulta poco habitual en la novela policíaca, pues esquiva todo lo que puede su trabajo, se salta todos los reglamentos y procedimientos, no es nada empático ni solidario con sus subordinados, de los que en general tiene muy mala impresión, y no tiene problemas en beneficiarse pecuniariamente de su actividad policial. Es machista, grosero, faltón, en resumen, una joya de incorrección política.

Y por si fuera poco, sufre como un perro por la muerte de su esposa unos años antes, herida personal que no logra cicatrizar, y que le ensombrece la vida cotidiana, y le dificulta sus relaciones con las mujeres. Por si fuera poco, este urbanita romano tiene que padecer el clima riguroso de las montañas, y estar en una ciudad que se le hace muy pequeña, pero a la que fue desterrado por una acción policial que se salió bastante de la norma, muy propia de alguien que siempre tuvo claro que si no era policía tendría que ser un delincuente.


un policía duro y sensible a la vez


La investigación le obligará a recorrer los más sórdidos rincones del desamor y de la violencia gratuita que se ejerce sobre numerosas mujeres, del caos de infelicidad y decaimiento al que se ven abocadas muchas de ellas, y de las desastrosas vidas a las que se ven arrastradas.

La narración discurre entre el horror de las historias que vamos conociendo y el dolor que resuda este policía duro y sensible a la vez. Pese a estos tristes componentes, la narración se ve salpimentada con la retranca y mala leche del protagonista, que compensará con ingenio y astucia la desidia que le embarga y las pocas ganas de volver a enlodarse con los aspectos más sórdidos de los seres humanos.

Un libro que mezcla la tensión de las pesquisas de la investigación, el horroroso mundo de la violencia doméstica y el dolor del protagonista, que a diferencia de muchas novelas anglosajonas o nórdicas, no necesita de extraños tormentos psicológicos para que empaticemos con este jodido cabrón, que tanto atrae como repele, y al que seguiremos en sus desesperados esfuerzos para dar luz a tantos horrores sociales y personales.

Salamandra, 2015
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José María Sánchez Pardo
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