Jean-Pierre Melville. Carlos Aguilar

Melville desentrañado con amenidad y nervio por Aguilar

Tradicionalista y mitómano confeso
No deja de sorprender la trayectoria del historiador cinematográfico Carlos Aguilar, que desde finales de los 70, iniciado en los márgenes de la industria cultural, desarrolla una obra coherente, prácticamente animada por un principio único que no se cansa de aplicar. Ese principio podría ser aportar la perspectiva cinéfila de quien creció en cines de barrio del centro de Madrid. O dicho de forma más fina, la constatación de que no solo los norteamericanos hacen cine de género, y además no siempre son los mejores en estas lides.

Cabría esperar cierto agotamiento pero una mirada rápida a los últimos libros de Aguilar lo desmiente —basta recordar sus monografías sobre Clint Eastwood o Mario Bava—. En su análisis cinematográfico hay cada vez más implicación, posiblemente porque Aguilar elige escribir sobre aquello que le interesa, sobre lo que conoce bien. Y eso se nota. Precisamente este ensayo sobre Melville está dedicado a Howard Vernon (1914-1996), actor que colaboró en diferentes cometidos con el cineasta, y también amigo y colaborador de Aguilar, y en este caso valiosísima fuente de información.



apasionado del western y el cine negro


Como es costumbre en los libros de Carlos, una extensa introducción nos acerca al cineasta estudiado, analizando su biografía, el momento histórico que vivió, la situación estética e industrial del cine y en definitiva, todo aquello que ayuda a definir su singularidad.

Resulta fascinante ese retrato de Melville, nada complaciente pero siempre cercano, que nos presenta a un tipo solitario y cada vez más intratable, gafas Ray Ban negras y sombrero Stetson, que apuesta por su independencia sin restricción alguna. Tradicionalista en lo cultural y mitómano confeso, apasionado del western y el cine negro, contribuyó a encumbrar a actores magnéticos y fuertes, gente de pocas palabras, como Jean-Paul Belmondo, Alain Delon o Lino Ventura.

No faltan en estas páginas breves estudios detallados, profusamente documentados, donde Aguilar calibra las películas de Melville. Desde sus inicios al margen de la industria hasta grandes éxitos como El silencio de un hombre (1967), la filmografía completa del cineasta y sus claves son desentrañadas con amenidad y nervio por Carlos Aguilar.

Cátedra, 2016
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Carlos Aguilar



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