Homeland. Temporada 5

Asoma la patita una línea argumental nueva: el verdadero espionaje



Ya sabemos que en Prótesis nos gustan las series, más aún, una parte de la cúspide de la revista se desvive por estar al día de estos eventos. Se vive con intensidad este nuevo tipo de ficción y más aún cuando se nos presenta alguna serie como esta. El propio director, seriéfilo convencido, diserta sobre temporadas, hilos narrativos, momentos venturosos de esta u otra serie, intentando convencer a todos de la benevolencia de este arte hecho capítulos.


el mundo islamista radical


Las series son una apuesta de futuro del ocio televisivo y Protesis, que siempre está a la última de las vanguardias, no podía ignorar ese debate. Nuestra implicación es tal que a veces vamos tan por delante de la vanguardia que llegamos a terminamos en el lugar que no se puede mencionar pero sigue siendo vanguardia aunque todos lo llamen retaguardia.

Otro día hablaremos de la “vanguardia cultural” y la revista Protesis, sin duda se podrían llenar folios y folios sobre el particular.

Entremos en materia.

Creo que ya todo el mundo sabe de qué va Homeland, mejor dicho sería preguntar si alguien desconoce el argumento de la serie. Pues si no han visto la temporada 4 mejor échenle un vistazo porque de las primeras entregas a estas hay un mundo, el cambio es más acentuado en esta ocasión.

¡Más series NO!





 
Homeland 5 mantiene parte de las ideas de la temporada precedente y por lo tanto de toda la saga pero nos ofrece sustanciosas novedades. Se tiene presente el mundo islamista radical pero, y ahí está lo verdaderamente bueno, asoma la patita una línea argumental nueva y sorprendente.

Esa línea no es otra que el espionaje de verdad, aunque mejor evito hablar mucho de todo esto por si no la han visto.

Por ello asombra el giro que la serie ha tomado y que espero continúe. 

Se ha limpiado el territorio de momentos ñoños, de implicaciones sentimentaloides que sólo conllevaban un freno en el desarrollo de la trama. Los personajes se han humanizado a base de quitarles cosas, son más puros, más esenciales, tienen menos pasado y mucho más presente. Se ha ganado así en viveza, en algo más concordante con el mundo diario, con una dosis de frenesí que antes no existía.

Sí, son personajes especiales pero se mueven en un mundo mucho más real, sin paracaídas y sin redes de salvaguarda. 

Para acercarnos a ese mundo de secretos y traiciones los guionistas han tenido el acierto, también el atrevimiento, de tomar elementos de otros autores que han trabajado con acierto ese mundo vaporoso de los espías. Se llega a un punto en que se repiten algunas frases de Le Carre, pongo por ejemplo una afirmación que hace el ínclito Saúl Berenson:

La última ilusión de un hombre sin ilusiones

Lo pongo porque es una frase literal sacada de la novela El topo del escritor inglés y usada en un capítulo de la serie en un contexto muy similar. Tal vez los guionistas deberían elaborar con un poco más de finura. 

También aparecen otros guiños, demasiado evidentes, a diferentes sucesos narrados por el británico, como por ejemplo la manera de quemar a un supuesto espía infiltrado.

Si lo sobresaliente es ese ramal de la trama en el otro platillo de la balanza, la acción anti-yihadista, pierde mucho fuelle. Se confía en demasía en el buenismo del ser humano, en que unos valores occidentales han calado en mentalidades que no coinciden plenamente con las nuestras. Así parece que hemos olvidado en occidente lo que es el fanatismo y tenemos la idea, probablemente errónea, de que todo el mundo mira con ojos occidentales la violencia o la venganza, pero en fin, semejantes consideraciones serían para otro espacio y lugar.

Se esboza, aunque de manera somera y casi como comienzo, el poder omnímodo del estado que se considera en peligro y que por delante arrasa con todo lo preciso. La prensa, elemento clave de compensación y control de poderes, se ve asolada por el uso torticero de leyes y reglamentos. Aunque no se plantea todo esto como una soflama en defensa o ataque del sistema político, sino que se muestra como un elemento más de una realidad tozuda.

Los personajes que asoman se ven, así, muchas veces sometidos a ese vaivén propio de fuerzas que se escapan a su control. Sus actuaciones son disparatadas porque nunca se imaginarían semejante maquinaria en su contra.

La serie prosigue con las mismas dosis de acción, acercándose más a un buen conseguido thriller y salpimentado con aportaciones actorales de nivel.

La serie se disfruta, incluso con graves fallos de guión que un escritor como Le Carre no perdonaría, véanla y juzguen ustedes mismos, a mí, me ha gustado, es más me ha parecido mejor cuando se han inspirado al viejo maestro inglés que ya se sabe, de espías y de secretos sabe lo suyo.

Sergio Torrijos
Publicar un comentario en la entrada