El mundo entero pasa por Marsella. Ángela Martín del Burgo

Acercamiento al submundo delictivo con inteligencia y sin prejuicuios

Distanciamiento y reflexión
Ángela Martín nos acerca al submundo delictivo de una forma peculiar, digamos que desapasionada, lo cierto es que no nos presenta a su protagonista, André Dreujou, como la acostumbrada víctima que lucha por la supervivencia. Tampoco es un enemigo a abatir. Con inteligencia y sin prejuicios, Ángela Martín se acerca a ese submundo no tanto queriendo imponer una visión parapolicial como tratando de hacer emerger las contradicciones de quien está ahí.

Ciertas dosis de abstracción animan a Ángela Martín: transcurriendo su novela en la actualidad —Dreujou empieza con pequeños hurtos, se integra en una banda que truca cajeros automáticos, y después...— presenta bastantes elementos que le otorgan atemporalidad: su protagonista pasa noches enteras leyendo a Dostoievski, Baroja o Barrigton, y por su aspecto más bien parecería un desclasado intelectual existencialista. Que un personaje así sea en la actualidad inverosímil no significa que no tenga interés, y mucho menos que no pueda ser real...

Quizá por seguir tan de cerca los mandatos del sector audiovisual, nos hemos acostumbrado a unas novelas donde la elipsis es obligada y las llamadas de atención al lector tienen que ser continuas. Simplemente por romper esa mecánica resulta placentero leer El mundo entero pasa por Marsella, por su distanciamiento, por su aire ceremonioso, porque deja mucho más margen al lector, que tantas y tantas veces se ve únicamente aportando unas pupilas que sirven de testigo mudo.

Cuadernos del laberinto, 2015
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David G. Panadero


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