El huésped. Marie Belloc Lowndes

Como si fuera esa niebla omnipresente que da cobijo a las atrocidades del monstruo

Ritmo y tensión que no decaen nunca
Al abrir por primera vez las páginas de un libro tenemos siempre la esperanza de encontrarnos con “uno de los grandes”, uno de esos libros que dejan huella, que se recuerdan toda la vida y se recomiendan con entusiasmo a los amigos. El huésped, de Marie Belloc Lowndes (1868-1947) ha resultado ser uno de ellos por varias razones: porque está muy bien escrito, porque consigue que sus personajes tengan vida, y, especialmente, por la admirable manera en que la autora maneja la tensión psicológica, incluso el terror, en cada una de sus páginas.

Que la literatura británica y la francesa han dado grandes escritoras es sabido (Marie Belloc era hija de inglesa y de francés), pero lo que no sabíamos, quizás como otros muchos lectores españoles, es que entre ellas se contaba la para nosotros desconocida Marie Belloc Lowndes. En ese sentido, El huésped, su obra más famosa, publicada en 1913, que destaca tanto por su penetración psicológica como por la maestría con la que se utilizan los recursos literarios, ha resultado una muy agradable sorpresa.



Intenté no manchar ni desordenador pero era un experimento muy elaborado


El huésped es uno de esos raros libros que enganchan desde la primera a la última página, en los que el ritmo y, sobre todo, la tensión no decaen en ningún momento y que destaca especialmente por la genial manera en que la autora introduce el terror en lo cotidiano

Un honrado, digno y muy convencional matrimonio de antiguos servidores es salvado de la miseria, de esa terrible pobreza encubierta de la clase media que prefiere morir de hambre a escondidas, gracias a recibir en su casa a un huésped de pago; un caballero algo excéntrico, eso sí, pero… ¿no son las excentricidades signo de buena cuna? El dilema surge cuando empezamos a tomar conciencia, a través de la angustia de su patrona, y bastante más tarde de la del marido, que esas excentricidades pueden no ser tan inofensivas como inicialmente parecían; sobre todo si tenemos en cuenta que en esos mismos días un siniestro personaje, que se autodefine como El vengador, está cometiendo los más atroces crímenes en las calles de Londres, aterrorizando a la población y poniendo en evidencia a la policía. 

En la historia está presente la impresión causada unos años antes en la sociedad británica por los crímenes de Jack el destripador (sucesos ocurridos en 1888). Pero Marie Belloc, en el prefacio de una obra suya posterior, Letty Linton, ya quiso dejar patente que se había abstenido 

…en absoluto de consultar los relatos de la serie de crímenes que sugirieron aquella novela

Es decir, que tomando ese hilo argumental, Marie Belloc Lowndes consigue crear una obra totalmente original, en la que lo que importa es como personas sencillas, honradas y poco imaginativas deben enfrentarse con el lado más oscuro del ser humano. Como van asumiendo paulatinamente ese horror, de cuya aceptación o no depende traspasar la tenue línea que separa el bienestar y la respetabilidad de la más terrible miseria; como se enfrentan al conflicto moral entre mantener a todo trance la respetabilidad, que se vería en entredicho si se supiera que han alojado a un asesino, o poner en evidencias las sospechas que tienen sobre su huésped, tan respetable por otra parte… Todo ello en el marco de una sociedad para la cual respetabilidad, o la apariencia de ella, son valores supremos. Además, hay que tener en cuenta que, del trato cotidiano también puede surgir un cierto afecto…

Y para sumirnos en la tensión y la angustia, Marie Belloc no tiene que recurrir a grandes aspavientos ni a truculentas descripciones, sino a crear un miedo sutil e insidioso que se mete en los huesos, como si fuera esa niebla omnipresente que da cobijo a las atrocidades del monstruo. Para ello sólo tiene que recurrir a inocuas frases que, leídas en su contexto, son terroríficamente eficaces; valgan como ejemplo«No cenaré cuando regrese, porque después del paseo acudiré al piso de arriba para realizar un experimento muy complicado» o «La manilla se movió, se abrió la puerta y dejó paso al huésped, tal y como ella temía» o «He intentado manchar y desordenador lo menos posible, señora Bunting, aunque la verdad es que se trataba de un experimento muy elaborado».

Y para acabar, señalamos que esta magnífica novela fue tan apreciada desde su publicación que ha sido llevada al cine en cinco ocasiones. La primera de ellas en la película muda The Lodger, de Alfred Hitchcock en 1927 (nefastamente traducida al español como El enemigo de las rubias) y la más reciente, de David Ondaatje, en 2009.

En definitiva, que en este caso las grandes esperanzas con las que se inició la lectura se han cumplido sobradamente, por lo que no me queda más remedio que recomendar vehementemente su lectura, tanto a los amantes del misterio literario como del suspense cinematográfico.

Menos Cuarto, 2015
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José María Sánchez Pardo



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