Noble durmiente

Mujer con tatuaje de mariposa en la baja espalda



Despierta, mira el reloj, y son las diez. El espejo lo asusta con manchas bajo sus ojos. Dos pellejos inflados. Negros. Aliento a alcohol malo. Lo que no tomaría en sano juicio. Frente al espejo se pasa la Gillette y le viene una imagen… Mujer con tatuaje de mariposa en la baja espalda. La sangre le sale copiosa de algún lugar. ¿Quién es ella?, piensa. Bajo la ducha frota la esponja como si borrara una mugre que no se quita. Un pecado que pesa en el cuerpo. Viene otra imagen…Desconocido apresura sus pasos en una madrugada de tintes aciagos. La noche mancha las calles de negro soledad. Él se apresura aunque nadie lo sigue. Su aspecto es familiar pero irreconocible. Llega al vecindario. Gira una llave y abre el departamento. Se tumba en la cama, ebrio, con chorros de sudor que bajan por su frente. Desliza sus brazos hasta explayarse del todo. Se desconecta… El agua de la regadera pone su piel porosa, de gallina pelona. Otra vez la sensación de culpa. Nunca la entiende. O sí la entiende, pero nunca la acepta. Sabe quién es el dueño de esas terribles imágenes…


a través del visor el rostro del comisario


La puerta se estremece por golpes. Es la policía. ¡Abra Iván! ¡Sabemos que está ahí! ¡El edificio está rodeado! Piensa escapar, pero no puede. Sólo tiene una ventana y es absurdo saltar del duodécimo piso. Se pone la bata. Las pantuflas. Camina hacia la puerta. Observa a través del visor el rostro del comisario Monterrosa. Quita los seguros y la cadena. Entran diez uniformados con armas empuñadas. 

No me ha enseñado la orden, comisario Monterrosa le pega un papel arrugado en el pecho. Iván no lo lee, sabe lo que dice. 

Si encuentro algo así de pequeñito que se relacione con esas pobres chicas Monterrosa le ilustra con los dedos…Te jodo la vida. No me interesa quién seas. No me importa cuánta plata ganes con esas novelitas de mierda. Yo sé que tú eres el asesino y lo voy a comprobar. Dos horas les tomó destrozar todo. Rompieron paredes, piso, closet, réplicas de porcelana, lámparas, entre otros objetos que no tenían razón de despedazar.  

¿Quién paga los daños?, dice Iván, enojado. Monterrosa sonríe y sale con sus hombres. Iván cierra la puerta y contempla el desastre. 

Hay que darle su merecido a ese mojón. Si lo quitamos del medio será un alivio para ambos. 

No puedes matarlo, Valdemar. La prensa sabe que soy el sospechoso número uno. Si Monterrosa aparece muerto, la opinión pública caerá sobre mí. Creerán que soy el autor de los crímenes. 

Eres demasiado dramático. Nunca nos descubrirán. 

No hables en plural. Es a tí que descubrirán. 

No me hagas reír, tú eres el hombre que todos ven. 

No, tú eres la paranoia que me hace matar. Me darán drogas para eliminarte, y yo seré libre. 

Eres un completo pendejo. Con tantas muertas, ¿crees que te darán una pildorita y te dejarán libre? Te arrojarán a las pailas del maldito manicomio.

Iván cabecea sobre el teclado. Las ideas no fluyen bien desde la última historia. La visita de Monterrosa lo desenfocó. Se levanta. Toma café. Dos tazas. Tres. La jarra entera. Sus párpados parecen pegarse y es donde Valdemar lo toma. Entra en la ducha. Se pone el mejor traje. Busca en las páginas de sociales la mejor fiesta de ese sábado. Entre todas, una destaca: 

EL MAGNATE GUILLERMO FAUST DARÁ UN BAILE HOY SÁBADO PARA LOS NIÑOS DEL PEDIÁTRICO SAN JUAN DE DIOS. SERÁ A PARTIR DE LAS SIETE, EN EL HOTEL HILTON. LA ACTIVIDAD TIENE POR NOMBRE “CITA DE GRANDES ESTRELLAS”. EL SEÑOR FAUST GASTÓ UNA OBSCENA SUMA PARA TRAER A LOS GRANDES DE LA MÚSICA. NO DEJES DE ASISTIR 

Ésta me gusta, Iván, tendrás la historia para tu siguiente libro…

Valdemar baila con una pelirroja. Le habla al oído y cae fácil, iría a cualquier parte con él. Pero eso le aburre. Quiere algo especial ésta noche. Mientras baila, mira a su alrededor. A su derecha, una vieja con cuello de pavo, baila con un cegatón. A su izquierda, una pareja gay de vestuario estrafalario. No hay nada qué ver más allá de esa chica avorazada, que se aferra a su pecho y lo abraza como un maldito premio. Valdemar la despega de sí, y la pone a dar vueltas. Ella sonríe y lanza grititos de emoción 

Oye, bailas muy bien, le dice, ¿cómo te llamas? 

Valdemar, preciosa, ¿y tú? 

Nilka Faust… Nilka, para tí… 

Valdemar ya no puede aburrirse. Nilka resultó ser hija del famoso empresario Guillermo Faust. Y mientras más importante sea la víctima, más valiosa su colección.

Salen a una terraza helada. Valdemar la cubre con el sobretodo. Un bolero de Luis Miguel suena al fondo. Un mesonero pasa con una charola de plata. Valdemar toma dos copas. 

¿En qué trabajas?, dice Nilka. 

Soy forense. 

¿Y qué hace un forense en un baile de caridad? 

Me gusta colaborar de vez en cuando con los que viven. Nilka sonríe y sorbe un poco de champagne. 

Suenas como Drácula. 

Me gustaría serlo. Nilka sonríe otra vez, y ve la boca de Valdemar. Su atracción es como un magnetismo irresistible. Se besan. Sus lenguas intercambian fluidos dulces. Guillermo Faust toma el micrófono. El magnate da gracias a todos los presentes. Sobre todo a la dama que hizo posible el evento. 

CONOZCO BIEN A MI HIJA. PARA MÍ ES LA MUJER MÁS NOBLE DEL PLANETA. SIN ELLA, LOS NIÑOS DEL SAN JUAN DE DIOS NO CONTARÍAN CON ESTE APORTE. POR FAVOR, RECIBAN CON UN FUERTE APLAUSO A NILKA FAUST

La pelirroja ha dejado a Valdemar con el sabor del beso. Hace un discurso. Da una rueda de prensa junto a su padre. Comparte con la gente que la ve como una heroína. Que sin duda, lo es. Sus miradas se cruzan en la distancia. Cree que no volverá a ver a ese extraño, cuyo beso todavía permanece presente.

Salen los Faust. La limosina de Guillermo se dirige al Contri Club. El Mazda rojo de Nilka, va a la Castellana. Era la casa de su abuela, se la dejó como patrimonio al morir. Le trae gratos recuerdos vivir allí. Además, es la quinta más hermosa de la zona. Nilka sale del carro y entra en una estructura de grandes muros y cerca electrificada. Recibe una llamada. Su padre le pregunta sí Rafa y el Alemán están con ella. Le dice que no. 

Qué te pasa Nilka, Caracas está terrible con los secuestros. 

—No me gustan esos hombres papá, se la pasan mirándome el trasero. Me fastidia verlos encima de mí, como si no tuvieran otra cosa qué hacer. 

Esa es la idea, que te protejan. Que no te dejen sola ni un segundo. 

Déjame por esta vez, ¿sí? Quiero estar sola hoy. 

Tu discurso estuvo muy bien, hija. Estoy muy orgulloso… 

Sí, yo también de ti papá. Sobre todo, me emociona el monto que se recaudó… Suena el timbre. El padre escucha al otro lado de la línea. Quién toca a esta hora, Nilka. Ella revisa el monitor del circuito cerrado. Ve a Valdemar que saluda con la mano. 

No es nada papá, son adolescentes. 

Debes tener cuidado, no le abras ni a las hermanitas de la caridad. Son casi las doce. Nilka se despide y tranca. Quita las alarmas y presiona el interruptor. Una descarga abre los seguros y Valdemar entra. Ella lo espera en la puerta. Su corazón late con fuerza. Él pasa y le da una botella de champagne. 

Qué hermosa casa, Nilka. 

Era de mi abuela. 

Ella se queda sin palabras cuando él se aproxima. Besos desaforados. Se tocan por todas partes. Ella le muestra su dormitorio. Valdemar se apresura. Quiere llegar a la parte final del acto. Voltea a Nilka sin dejar de besarla. Deja que sus glúteos cubiertos de satén negro, sientan su dura herramienta. Besa el cuello, sus manos exprimen dos carnosos picos erizados. Un corrientazo en la entrepierna la curva hacia atrás. La quiere. Le dice expresamente: 

Dámela Valdemar. La quiero toda. 

Él no se quita el pantalón. Sólo baja la cremallera. Ella tampoco necesita quitarse el vestido. Nilka es una noble mujer, piensa. No merece dejar esta vida con dolor. Su mano diestra saca un frasco de haloteno del bolsillo, e impregna un pañuelo. Lo pone sobre la nariz de Nilka. Ella cree que es sólo un pañuelo con perfume, e inhala. Su mente rueda al sueño más profundo… Valdemar saca su miembro y el chorro cae en sus manos. Se limpia con el mismo pañuelo, sin dejar rastros. Ahora aprieta un poco ese cuello estilizado y lo quiebra sin remedio. Nilka no podrá despertar Jamás.

La librería está abarrotada. Todos buscan a Iván para que firme su nuevo libro. La cola es larga. Demasiado larga para ser una obra con tanta sangre. Los flashes hacen difusa la visión del que firma. Las voces de los periodistas. La estridencia de la gente. Ya no sabe si escribe su nombre o garabatea. Pero nada evita que vea a ciertas personas que lo odian. Que huelen a la distancia el cínico asesino que lleva por dentro.

Axel Blanco Castillo


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