Nada que esperar. Tom Kromer

De prometedor universitario a vagabundo

Cinco años en la calle
La propuesta no puede ser más original: un relato autobiográfico de alguien que vivió y padeció en sus propias carnes las penurias desencadenadas por el crack del 29. Su autor, Tom Kromer, pasó, de la noche a la mañana, de ser un prometedor universitario a convertirse en un vagabundo cuya constante necesidad de sobrevivir le obligó a abandonar su hogar y, frecuentemente, su dignidad, pero no sus valores morales. Escribió su novela durante los cinco largos años que vivió en la calle, en bancos de parques, en sucios camastros de albergues o sentado sobre la acera, utilizando como soporte folleto publicitarios y papel de fumar. 

Kromer, con un estilo no exento de mordacidad, nos introduce en un mundo de hormigas humanas que corretean por las calles de las grandes ciudades y que se encuentran siempre en los mismos sitios: las colas de los comedores donde sirven un simulacro de comida, los albergues cristianos regentados por siniestras monjitas, los juzgados donde los funcionarios les recuerdan a los vagabundos detenidos que son la vergüenza de la sociedad, los vertederos donde las familias crían a sus hijos con la esperanza de que al menos uno de ellos sobreviva, los vagones de tren que conducen a ninguna parte, los pisos de lujo donde ricachones histriónicos se aprovechan de los más desfavorecidos… en definitiva, lo que se nos ofrece es el retrato de una sociedad depauperada en todos los sentidos imaginables trazado por un hombre que, a pesar de todo, conserva una nítida imagen de sí mismo que le guía a través de un mundo que se ha vuelto irreconocible.


un sistema que se esfuerza por ignorarles


Esta novela no tiene una trama en el sentido habitual del término ni podría tenerla porque de lo que trata es, precisamente, de todo lo contrario; Nada que esperar cuenta la historia de una vida que ha perdido todo propósito más allá de la obtención inmediata de sustento y de protección contra las inclemencias de la sociedad. A pesar de todo, no es una biografía ni un diario ni un libro de historia. Es una novela de pleno derecho que nos ofrece una generosísima ración de esa verdad que obsesiona a los escritores, pero que posee aspectos creativos más propios de la literatura que del ensayo. En esta obra la ficción se expresa a través de la forma y de determinadas impresiones que el autor nos quiere transmitir, en lugar de dejarse llevar por la fría objetividad (como intentaría hacer un ensayista). 

El lector encontrará en este libro una realidad que le es cotidiana y, al mismo tiempo, lejana: la vida de los vagabundos en un sistema que se esfuerza por ignorarles. El relato es descorazonador pero de lectura agradable. Está fragmentado en capítulos muy amenos que no dejan de sorprender por la peculiaridad de los personajes y por lo rocambolesco de las situaciones. Y todo ello sazonado por una prosa sincera, cálida, enternecedora y también furiosa, que arropa a la perfección las desventuras del protagonista.

Sajalín, 2015
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Armando Brincos


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