La caída de Madrid. Rafael Chirbes

No me gusta Chirbes, lo reconozco

No me gusta Chirbes y lo leo con atención, incluso en algunos pasajes con deleite, pero siempre termina por enfadarme, por molestarme… Tal vez por pensar de manera totalmente opuesta a la mía o por ser una de esas personas especiales que ven el conflicto como una forma de avanzar o que ve cosas donde tú no has visto nada. Su manera de razonar, de pensar o de diseccionar la realidad te demuestran que hay otros más inteligentes, más capaces, que con la misma experiencia pueden sacar más y mejores conclusiones. Me siguen resultando asombrosas algunas de sus frases, que viniendo de otro pudieran parecer baladíes, pero viniendo de Chirbes sé, de verdad, que están bien pensadas, sirva como ejemplo:

Hacía falta un control. El hombre no era ni bueno ni generoso por naturaleza; y, sí, podía ser verdad que todo aquello no fuera más que un acuerdo entre los hombres, una invención, por qué no



lo que se pretende es incomodar al lector


No me gusta Chirbes porque te exige como lector. No permite distracciones, usando cada frase, cada párrafo de forma que cada línea sea una minúscula lucha por expresar lo que quiere decir. Todo en la novela va en esa función, no se permite un respiro, ni siquiera un ligero descanso, lo que se pretende es incomodar al lector, haciéndole partícipe tanto de las ideas que intenta plasmar como de lo que surge por debajo de la prosa. La siguiente frase es más que significativa a ese respecto:

Había cosas que no se podían preguntar nunca, y lo que no se podía preguntar nunca era lo único que de verdad habría que saber, porque eran los cimientos que sostenían las cosas

No me gusta Chirbes porque te lleva a lugares que no suelen ser agradables. Porque va decapando el pensamiento de sus personajes hasta llegar a la médula y ahí no suelen existir buenas ideas sino que existe una humanidad aguerrida, insumisa, nada complaciente. Recrea personajes como ningún otro autor contemporáneo. En esta novela más aún, cada uno tiene una vida propia, una forma de pensar, una biografía diferente que le determina y le condiciona. La novela es una novela de personajes, es a través de ellos de los que emana la acción y toda la contradicción que alberga la obra que no es poca. Valga como ejemplo la relación de los personajes que tienen ante el sexo:

Olga había entendido que el sexo es el impulso primero, y el dinero, la posición, lo que lo pone en su sitio y ordena

No me gusta Chirbes porque murió hace poco y apenas se le ha rendido tributo y mucho menos se le ha colocado en el lugar que merecía. Para mí, que ya he repetido que no soy un gran amante suyo, le considero como uno de los principales escritores del momento. Qué decir de compararlo con Auster o con Banville o con algún francés cuya relación con el sexo le ha servido para medrar en las listas de ventas, es comparar a principiantes con maestros. Seguramente nuestro autor sea más intratable, más hispánico, más de aquí y por lo tanto no sea comparable a lo extranjero que ya se sabe es mejor. Sin duda, después de leer esta novela, mi opinión sobre este escritor y sus coetáneos ha variado profundamente.

No me gusta Chirbes por su misantropía y por su trayectoria vital que asoma entre las líneas de La caída de Madrid. Chirbes como uno de sus personajes, Chacón, hizo un planning para retirarse del mundo. Llegó a conclusiones inauditas en un mundo en donde el dinero y el oropel le ponen el glamour que le falta al trabajo que supone sacar adelante una novela, más aún una de este nivel. Pongo la cita que se suma a retazos de la propia biografía de Chirbes que aparecen en la obra:

No me dejaba concentrarme, justificó ante Juan el cambio en la disposición del mobiliario, pero para entonces ya había decidido mirar sólo hacia dentro, extraer sólo de dentro de sí mismo y de su relación con los libros cuanto necesitaba

No me gusta Chirbes porque me incomoda y no puedo dejar de leerlo. Después de leerle todo parece mucho más pueril, más ligero, menos reflexionado, menos incisivo. Deja a todos los demás autores como insípidos. 

No me gusta Chirbs pero tengo que recomendarlo. De lo mejorcito que puedan echarse a la vista, eso sí, prepárense para un viaje, un buen viaje que no dejara a nadie indiferente.

Anagrama, 2000
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Sergio Torrijos


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