En la orilla. Rafael Chirbes

Todos intervinieron en el desastre

Tampoco cree en la amistad
Me lo ha enseñado casi todo, excepto esta manera desesperanzada de mirar el mundo, la seguridad de que no hay ser humano que no merezca ser tratado como culpable.

Con esa sencilla frase podríamos resumir la novela. La adornaríamos, la rodearíamos de florituras, le pondríamos unos toquecitos de inestabilidad, la engalanaríamos con la profunda crisis que ha sufrido el país y que nació con una crisis económica y ha terminado con algo mucho más profundo, pero quedaría como lo fundamental.

Durante toda la lectura me he planteado si Chirbes cree en el ser humano, la respuesta es no. Un no rotundo. Tampoco cree en la amistad o en la bondad asociada a los hombres, más bien lo contrario. Esta afirmación me parecía muy arriesgada ya que descalifica, para comprobarlo he repasado entrevistas, he leído más sobre él y tengo que rendirme. Es cierta esa afirmación. 

Todo autor que se precie deja algo de sí entre los renglones que escribe. Siempre existe algo de verdad del autor detrás de las palabrasEn este caso esa verdad viene encaramada en los resultados de la crisis y que colisionan frontalmente con el protagonista, Esteban, un individuo que ya de por sí necesitaría una reseña pero me quedo más con las palabras que dijo el propio autor en un programa literario de la 2: «No entiendo a Esteban».


lujo cutre, lo peor de nosotros mismos


Esteban es un pozo de contradicciones. La inacción en él es un factor que prima, tal vez porque sea un tanto diletante o por una carencia crónica de carácter. Ni es un héroe ni se le parece, más bien tiende a lo contrario aunque no llega a mojarse en ningún aspecto.

En su voz se va desarrollando la novela, va tomando forma al ritmo de sus pensamientos, sus ideas se nos van desgranando y va mostrando todo su entorno a partir de su forma concreta de verlo. Será él el alma de la novela, aunque existan ciertos momentos que dan paso a otras voces.

Lo que cuenta Chirbes no es sencillo ni apasionante, más bien es una carga de mala leche sazonada con más mala baba. Desgrana, sin cortapisas, lo que ha sido la crisis en este país. Personas que se aprovecharon del trabajo ajeno, que especularon con terrenos, con construcciones y con el dinero de los demás. El dinero fácil y más fácil aún gastarlo en un lujo cutre que sacó a la luz lo peor de nosotros mismos. Una crisis que fue una estafa de grandes proporciones y de la que se aprovecharon los listos de turno que siempre aparecen cuando el dinero fluye.

Todos en la obra tienen mucho que callar porque todos, de una manera u otra, intervinieron en el desastre, a juicio del autor, a lo que yo haría una buena cantidad de excepciones. Chirbes nos pone ante los peores estereotipos, que aunque han sido y son ciertos, tienen una multiplicidad de variantes que tal vez se obvian. La disección es brutal, por momentos incisiva, en la que aparecen, en la manera de ver los hechos, ciertos aspectos como la envidia que también son francamente hispanos.

El libro es incómodo. Demasiado. La propia escritura de Chirbes, acumulativa, se suma a la dureza de lo que cuenta. Dentro de la novela no he visto ni un momento que no tuviera su mala leche y que no provocara mala sangre. Leyendo el libro tengo que reconocer que comprendo Puerto Hurraco y otras barbaridades cometidas en este país. 

De continuo la narración te está dando toquecitos, sin cesar, avisando, intentando que no pase desapercibido el contenido, no la solución porque no existe o al menos el autor no se la plantea. La idea que nos muestra Chirbes del género humano arranca en la posguerra, dónde lo peor salió a relucir, y tiene su desarrollo en una transición que fue un período continuista terminando en plena crisis

No puedo decir que Chirbes sea un adelantado a su tiempo, más bien se trata de verlo con retrospectiva, desde una cierta distancia y lo que ejecuta el autor es real y brusco, por momentos más negro que cualquier novela con ese apelativo.

Como novela es intensa y recuerda a construcciones de otro tiempo, cuando los lectores tenían a su espalda una ideología. He detectado bastante de influencia francesa, más aún cuando se asegura que el autor vivió en Francia y seguramente se empapó de intelectuales como Cioran, del que veo una influencia muy clara.

Todo se sazona con una escritura clara, precisa con toques preciosistas, con un buen hacer encomiable… nos muestra a un escritor como la copa de un pino. Es una novela no apta para todos los públicos, si notan que les satura no duden en tomarse una pausa, es lectura para hacer con cierta lentitud, saboreando, gustando de lo que cuenta pese a que lo que cuenta no sea muy halagüeño. 

Hemos disfrutado con la lectura, me ha sorprendido la claridad con que ha diseccionado algunos biotipos humanos y también la mala leche con la que lo ha hecho. Dejamos un último extracto para que se hagan a la idea de cómo escribe Chirbes y lo intenso que puede llegar a ser:

No me cuadra, no resulta creíble. Pero si eso es lo más tirado. Traficantes de cuerpos, droga, gonorrea, sífilis, sida. Y él habla de una especie de flor abriéndose en las madrugadas. Cumpliendo a su lado los treinta y uno, los treinta y dos, los treinta y tres, los treinta y ocho. Y cada noche abriéndose de piernas en un cuartucho de las afueras de Madrid. No es creíble. En esos sitios una aprende a gritar, a pelearse, a insultar, a atacar y a defenderse. Una aprende la inestabilidad de todo, la avaricia del instante que se consume de un trago, de un picotazo

Anagrama, 2013
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Sergio Torrijos



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