Con mis propias manos. La navidad del comisario Ricciardi. Maurizio de Giovanni

Por un lado la tradición y por el otro la supervivencia

Gentes pobres pero cabales
En esta ocasión no se trata de una estación lo que nos trae Giovanni sino un momento muy especial, en particular, en las culturas cristianas: la navidad. Ese momento particular en el que la tradición y la fiesta mezclan lo pagano con lo sagrado. Ambos extremos muy presentes en la obra y en especial en el Nápoles de 1931, fecha de la recreación de la presente novela.

En Nápoles existe una tradición muy asentada sobre los belenes, algo a lo que nosotros tampoco somos ajenos aunque en menor medida. También es la época del año en que cada familia se reúne y hace un esfuerzo por ofrecer las mejores viandas a su alcance, algo que choca frontalmente con la miseria que se describe en la obra. Por un lado la tradición y por el otro la supervivencia. Los ambientes que retrata Giovanni, en este caso un poco más, siempre tienen un punto muy napolitano de miseria y ostentación. Ahora nos ofrece la vida de los hombres dedicados al mar, pero no me adelanto, vayamos por partes.

Todo arranca con el asesinato de Emanuele Garofalo y su esposa. Garofalo era jefe de la milicia, un cuerpo semi-paramilitar, perdón por la palabreja pero no había otra forma de definir ese cuerpo, que vigilaba la actuación del puerto y de los pescadores. Las investigaciones llevadas a cabo por Ricciardi y Maione les llevaran a tratar con los pescadores, una clase trabajadora que malvive en condiciones sumamente precarias, sólo pendientes de lo que el mar tenga a gracia darles. La miseria de ellos será de otro tipo, gentes más francas, más pobres también pero al mismo tiempo más orgullosas y más cabales. La relación con la investigación será más honesta, no existirán puntos oscuros en la biografía de los finados como para que surja esa desconfianza ante la ley que está en el ADN de los napolitanos. 


lo que el mar tenga a gracia darles


Como ya es costumbre se entrelazará la investigación con los avatares propios de la vida de los dos protagonistas, tanto Ricciardi como Maione se encontraran en una encrucijada vital peliaguda. La manera de resolverlo de Giovanni es de una sencillez y de una gracia que encandilan.

Todos conocemos las mañas de Giovanni con la prosa, personalmente la novela me ha parecido la mejor construida, el mejor aparato de ficción de toda la saga pero no tiene ese lirismo que hacía algo especial sus otras novelas. Carece de ese sutil aroma que desprendía cada frase, aunque no crean que no está bien escrita, que lo está, sino que es algo diferente a otras entregas. Tal vez el trabajo anterior le pese al autor y puede que la frescura ya no sea la misma. 

El nivel de las anteriores era muy alto, en especial el Otoño del comisario Ricciardi que me pareció soberbia, y eso puede que nuble nuestro juicio ya que como saben ustedes las comparaciones son odiosas.

De todas formas qué decir de Giovanni, un gran autor desde mi punto de vista, personalmente me sigue teniendo encandilado y aguardo con impaciencia meterle el diente a la última de Ricciardi, porque leer a este autor siempre es un gozoMi recomendación más encendida.

Lumen, 2014
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Sergio Torrijos
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