Suicidio a crédito. Ricardo Bosque

Aquel refrán árabe que nos aseguraba la dulzura de la muerte

Legalistas, seguros, íntimos
Tras terminar cualquier lectura siempre te queda un regustillo en el paladar, algo que si se pudiera referenciar bien se podría colocar a modo de contraportada de cualquier libro. De esta novela podría decir que te deja un sabor a elegancia. Esa cualidad que cuesta mucho ensamblar en cuanto la referimos junto con la novela policíaca

La elegancia se presenta desde el inicio, desde los párrafos que nos muestran la letra de una más que efectiva canción, "Gloomy Sunday", a raíz de ese punto la melodía va acompañando toda la narración. Creo que la concepción y ejecución de la novela tuvo muy presente esa triste canción, algo que nos recuerda a aquel refrán árabe que nos aseguraba la dulzura de la muerte. Pero no se asusten, Ricardo Bosque no nos lleva a un atormentado viaje entre los recovecos de la muerte o de los pensamientos que asociamos a ella. La novela no se adentra en esas profundidades, es mucho más somera y trata esos asuntos con los pies en el suelo, tomándolo como lo hacían los antiguos que consideraban el trayecto como un camino más en la senda de la existencia.


un servicio más personalizado


La novela arranca cuando Tana Marqués, que regenta una floristería con mucha trastienda, recibe la visita de Martín Santos, un galán de cine venido a menos. Tana Marqués no sólo vive de la floristería sino que tiene un servicio más personalizado que es facilitar el suicidio a personas que tienen escaso valor para cometer semejante acto. Los servicios que ofrece Tana Marqués son elegantes, tanto como la canción Gloomy Sunday, legalistas, seguros, íntimos incluso entre el solicitante y ella. Es un momento de los buenos de la novela, algo tan brusco resuelto con una finura sin igual

La novela avanza no bien se entrecruzan el espectáculo mediático por la muerte del viejo galán con revelaciones sobre su final. Se obligará así a Tana Marqués a enfrentarse a ese abigarrado mundo rosa. Se pasará de la elegancia de Marqués y su labor cotidiana al trazo grueso, a la brusquedad de los programas del corazón, a la zafiedad que emanan, que se contraponen absolutamente con el supuesto glamour que destilan. Aparecerá en esos momentos otro de los elementos más destacados de la obra, el humor. Un tanto chocarrero, simpático, muy aragonés, algo que se usa a modo de desengrasante y que marida, perfectamente, con el contenido.

La vivisección del mundo televisivo del corazón es sobre un organismo vivo y por lo tanto el resultado no es agradable. Es sucio, bajero, cutre, algo como forzadamente envuelto en filigrana y papel couche que en el fondo esconde miseria y negocio. La reflexión obligada no es ese mundo mentiroso sino nuestra labor de espectadores y los record de audiencia que cosechan esos programas. Sin duda ahí está uno de los males que corroen nuestra sociedad.

Ricardo Bosque tiene maña, valga la redundancia, con las letras. Ejecuta una obra con sabor y con saber hacer, dejándonos una sensación más que agradable de finura y de, la ya muy repetida, elegancia. Sin duda es una novela para recomendar, así que si alguien la ve por algún escaparate que no lo dude y que se haga con un ejemplar, les aseguro que merece la pena. 

Mira, 2009
Edición digital:
Literaturas Com Libros, 2015
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Sergio Torrijos
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