Danza de dragones. George R. R. Martin

Una sarta de frikismo del más alto nivel

Universo espléndido cargado de sangre
Al fin lo hemos logrado. 

Hemos metido dragones en Prótesis

El principal escollo fue el director, un tipo agresivo y amante del Calisay que aseguraba que sus novelas preferidas eran en las que aparecían coches y corbatas. Al final ni va a haber corbatas ni coches, más bien se tendrá que conformar con viajar a lomos de un dragón

No son dragones como los animales míticos imaginados por Monterroso, tenía unas ganas locas de hacer esta cita, sino que vienen de otro mundo, de un mundo imaginario cargado de épica, luego les explico algo de la épica que tiene mucho que ver con el nombre de la editorial que publica esta novela. De tapadillo, por detrás de los dragones, va una sarta de frikismo del más alto nivel. No de ese flojeras que se contenta con ver la serie de Juego de tronos sino del radical, del que sigue y persigue la obra de Martin o de cualquier otro autor capaz de generar un culto que desborda sus expectativas. 


una nube cálida con aromas de azufre


Podemos afirmar, si leen estas líneas, que Protesis capta est. Perdonen por el latinajo pero estoy desatado.

Danza de dragones es el quinto tomo de la trilogía Canción de hielo y fuego, una obra que nació de manera titubeante pero que nos muestra un universo espléndido cargado de sangre, traiciones, sexo, muerte y giros en la trama sorpresivos

La obra y la saga encajan dentro del género fantasía épica, aunque bien podría caber en la fantasía medieval. Otros más ortodoxos la denominarían dentro de la fantasía, aunque le faltaría la épica que gracias a los escritores de fantasía se recupera.

La épica era una vieja tradición occidental, desde el Poema de Gilgamesh hasta los libros de caballerías pasando por un sinfín de grandes obras, tanto imaginarias como reales, desde la Enéida hasta la Anábasis, obra real que incluyo por gusto y seré capaz de discutir su inclusión con quién sea. La tradición y la imaginación han ido de la mano de la épica. Incluso el antiguo testamento tiene mucho de épica y ya sabemos el poso que ha dejado esas escrituras.

Esa tradición se recuperó con las obras de fantasía, desde El señor de los anillos hasta las Crónicas de Terramar, y tomó impulso, para lectores adolescentes, con la enorme saga de la Dragonlance. Desde entonces, me dejo mucho en el tintero, los escritores de este género nos han ido sorprendiendo con épica imaginaria, tal vez sea porque la realidad es mucho menos prosaica

Ahora mismo la fantasía es un género de un vigor incontestable y prueba de ello es el éxito de Martin. 

Volvamos a la obra. Analizar uno sólo de los libros es hacer un doping literario muy atrevido. Pero no creo que nos permitieran hablar mucho de la saga, al menos en este sacrosanto espacio dedicado a la novela negra.

Lo que más echa para atrás de la lectura es su tamaño, no bien se pasan las veinte primeras páginas y si tienes algún recuerdo de los tomos anteriores, estás perdido, atrapado, sólo tienes una escapatoria: leértelo todo. Lo que parecía un tomo inmenso poco a poco se devora con rapidez y entusiasmo porque otra cosa no, pero leer a Martin es un experiencia divertida. Tal vez el gusto de Martin por el gran tamaño de sus obras sea una de las claves de su éxito porque evidentemente tiene dos tipos de lectores, los auténticos que nos comemos los volúmenes y los que renuncian a la lectura y se ceban en la serie. Los de la serie no saben lo que se pierden

Las obras de Martin no son un compendio de gran literatura, ni tampoco le hacen falta, no tienen una estructura sólida, ni tampoco un ritmo constante, pero tienen algo que enamora y que imposibilita dejarlas a medias. Martin tiene el don de contar historias, sabe desarrollarlas, darlas el ritmo adecuado, dejar el lector siempre en suspenso y en el momento más inesperado dar un giro radical y rotundo que te deja sorprendido.

En esta ocasión centra la narración en tres personajes y sus avatares. La historia avanza en paralelo a Festín de cuervos y recupera al gran Tyrion Lannister, aunque está lejos de su mejor momento. Tyrion es un personaje dotado para la intriga palaciega y fuera de ella pierde un poco de pie. Probablemente sea el personaje mejor construido de la fantasía épica, aunque claro es una opinión muy personal. Completan la dupla Jon Nieve y Daenerys.

La acción evita la parte mollar de las anteriores entregas. Es verdad que el autor lo explica en el prólogo pero no por ello no deja de decepcionarnos. 

La novela puede que sea la más floja de la saga. El autor divaga en demasía, se pierde en círculos demasiado ajenos a la realidad del Trono de Hierro, parece que es una obra preparatoria para el momento final, aunque con Martin todo es posible y aventurar nada es un ejercicio de alto riesgo.

La narración va dando pequeños tirones a los hilos narrativos previamente planteados, dejando, como siempre, todo en el aire. La novela se creó con esa clara intención, nadie se imagina que no exista una nueva entrega, es algo que sería imperdonable.

No voy a descubrir ahora a Martin, un autor de gran categoría, con un estilo personalísimo y una fuerza narrativa fuera de toda duda. Si no han leído nada suyo comiencen por el principio, cuando lleguen a este libro descubrirán que el viaje por ese pequeño mar de letras ha merecido la pena. 

Cierro la reseña con unas frases del propio director de esta revista, que como no, van cargadas de épica:

Rememorando esta novela quiero pensar que mañana no saldrá el sol y despertaré junto a un dragón

Espero que este viaje a lomos de dragón haya valido para meter un animal de esos en cada pantalla y en especial en el salón del gran David G. Panadero. No creo que ya se imagine algo peor que verse frente a las barbas de uno. Aunque la última vez que se lo comenté desechó la idea con un movimiento leve de cabeza y el remate a una copa de Jagermeister.

La pregunta de ¿quién era más friki? Como pueden imaginar, quedó en el aire, en mitad de una nube cálida con aromas de azufre.

Gigamesh, 2013
Compra en Casa del Libro

Sergio Torrijos, 
hijo de Toribio,
guardián del Ánima de la catedral de Cuenca
y defensor de los derechos de los castellanos.
Su lema es: Valar Morghuris!
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