Coburn. Pablo García Naranjo

Pendientes del siguiente golpe, del siguiente tiroteo, dejándonos arrastrar

Se lee con el estómago encogido
Un libro pasa a formar parte de tu colección personal —la que conservo y custodio; la que adorna la balda más preciada de mi biblioteca— por mil y una razones. Algunos de los títulos que ahí se encuentran, pertenecen a colecciones míticas del género negro. No faltan tesoros bibliográficos que apenas se encuentran en casi ningún otro sitio o novelas a las que necesito volver cada pocos años. 

Coburn ya se ha ganado por derecho propio un hueco en esa balda, entre las novelas de Júcar y las de Versal, junto a alguna edición italiana de Il Giallo Mondadori que alguien me trajo como recuerdo de algún viaje. Y es precisamente a esa colección italiana, la verdadera decana del género negro en Europa, que se adelantó en dos décadas a la Serie Noire de Gallimard, a la que los editores de Tyrannosaurus homenajean con simpatía y descaro.

Planteada como homenaje al cine de vigilantes, Coburn es una novela que se lee con el estómago encogido: el culto violento a la acción y la plástica de la prosa de Pablo García Naranjo hace que leamos como si el propio autor nos estuviera empujando suavemente, sin dejar de darnos toques en el hombro. Admito que cuando leo, si los personajes y sus ambientes me resultan interesantes, tiendo a desentenderme del argumento. Quizás así tenga que ser leída Coburn: pendientes del siguiente golpe, del siguiente tiroteo, dejándonos arrastrar sin oponer demasiada resistencia.


prostitución, cine, excesos, porno y snuff movies


Si atendemos a determinados detalles de ambientación (en la novela se habla de películas en cartel como Sérpico), no cuesta imaginar que transcurre a principios de los 70. Coburn es un asesino cincuentón que se verá embarcado en una investigación detectivesca que le llevará a Los Ángeles. Prostitución, cine, excesos, porno y snuff movies. En el centro del cóctel está un siniestro productor custodiado por policías locales. Es difícil no acordarse de novelas como Un baile en el matadero, de Lawrence Block, o aquellas de Andrew Bergman y Stuart Kaminsky que ambientaban sus tramas criminales en el mundo del cine.

Pablo García Naranjo es consciente de que no inventa nada con su novela; al contrario, trata de reproducir de la manera más fiel posible —con una prosa eficaz y elegante— el trabajo ajeno sin ningún afán de reinterpretación o relectura. El resultado está tan bien conseguido que si nos dijeran que la escribió Mickey Spillane, difícilmente dudaríamos.

Tyrannosaurus Books, 2015
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David G. Panadero
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