La tienda de los suicidas. Jean Teulé

No se les dice «hasta luego». Se les dice «adiós» porque no van a venir nunca más

Llega un vástago a tan fúnebre grupo
Existe en algún lugar de Francia, una tienda ciertamente singular, donde todos aquellos que por razones variadas —tristeza, enfermedad, graves enfermedades— deciden que su vida no tiene mucho sentido, por lo que resuelven terminar con ella. En dicho establecimiento pueden encontrar todos aquellos artículos que precisen para poder llevar a cabo su eliminación con todas las garantías de éxito. Este fascinante establecimiento dispone de todos los materiales necesarios, como sogas para ahorcarse, venenos de toda índole, armas...) que atiende las más variadas y caprichosas expectativas de sus clientes.

Este establecimiento, que cubre la demanda de un importante segmento social, es regentado por la familia Tuvache, los padres Mishima y Lucrèce, y sus hijos Vincent y Marilyn, que se han mimetizado hasta tal punto con el espíritu del establecimiento, que tienen una visión de la vida y las relaciones realmente mórbidas y faltas de toda expectativa, serían unos auténticos cenizos que solo ven la botella medio vacía de la vida.


el buen funcionar de tan respetable negocio


Y a tan fúnebre grupo, llega un nuevo vástago de los Tuvache, Alan, un bebé sonriente y feliz que es la desesperación de sus padres y hermanos, pues trae una luz y una alegría de vivir que resulta inexplicable en un lugar tan serio y triste como La tienda de los suicidas.

El conflicto está propuesto por ese rapaz que rompe con todos los usos y modos de tan clásico establecimiento, y con sus usos trastorna el buen funcionar de tan respetable negocio.

De esa guisa aquí tenemos el correctivo que Lucrèce Tuvache espeta a su pequeño Alan..

No se les dice «hasta luego» a los clientes que salen de la tienda. Se les dice «adiós» porque no van a venir nunca más. ¿Lo entenderás algún día? 

El relato nos irá proponiendo las vicisitudes que implica en un negocio bien ordenado la presencia de alguien tan lleno de vida y luz.

Y todo esto contado con una prosa extraordinaria, empapada en un humor negro, negrísimo, casi mesetario, pero inteligente y lleno de ironía, con unas metáforas y situaciones desternillantes, y contadas con un detalle y mimo, que nos recuerdan a otra gran obra de su autor, Los caníbales, en que de forma esperpéntica y también con un humor negrísimo se nos relató, el hecho real, del asesinato de un pobre recluta por una multitud hambrienta en la Francia de la guerra de 1870.

Nos encontramos con un libro lleno de ironía, gracia y sorpresas, con una mirada muy lúcida sobre las actitudes más grises de la vida, y de cómo poder cambiarlas, aunque sea con un chocante epílogo. Una novela divertida y espeluznante.

Bruguera, 2008
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José María Sánchez Pardo



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